La reforma de la Ley de Glaciares introduce criterios científicos para dimensionar de qué se trata

El análisis de cada “glaciar de escombros” permitirá definir su real impacto sobre las cuencas y evaluar el uso alternativo de los recursos. Minería y cuidado del ambiente deben respaldarse en datos y observación científica. A cuántas canillas abiertas equivale el aporte de un glaciar de escombros y cuántos “consume” el AMBA cada año

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Excavadora trabaja en un camino de acceso al campamento Batidero, del proyecto de cobre, plata y oro Vicuña, en Iglesia, provincia de San Juan, Argentina, el 2 de febrero de 2026. Foto de archivo. REUTERS/Agustin Marcarian
Excavadora trabaja en un camino de acceso al campamento Batidero, del proyecto de cobre, plata y oro Vicuña, en Iglesia, provincia de San Juan, Argentina, el 2 de febrero de 2026. Foto de archivo. REUTERS/Agustin Marcarian

Se discute actualmente sobre la reforma de la Ley de Glaciares. Esta reforma, que sostiene los presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglacial con el objeto de preservarlos como reservas estratégicas de recursos hídricos, podría ser un avance para evaluar realmente la función de reserva hídrica que puede tener un glaciar bajo un riguroso criterio científico.

Cuando se menciona que hay en Argentina más de 16.000 glaciares y se muestran mapas de las cuencas a las que los glaciares aportan y que son la reserva de agua, no se explica cómo, ni en cuánto tiempo ni en que condiciones se podría aprovechar esa reserva. No se cuantifica lo que eventualmente puede suministrar, ni se compara con los caudales que anualmente generan las precipitaciones en cada cuenca. Si se presenta un mapa de una cuenca y se menciona que en sus cabeceras hay glaciares sin dimensionar su aporte, se lleva a pensar que el agua de toda la cuenca depende de los glaciares. Algo que no es cierto.

Hoy, buena parte de la discusión se centra en las áreas periglaciares y los Glaciares de Escombros (GdE). Se citan cifras grandilocuentes, como los 16.000 glaciares o los 7 millones de habitantes en cuencas que puedan tener glaciares en su cabecera, pero esos números no ilustran realmente la relevancia que puedan tener como recurso hídrico aprovechable.

Si se presenta un mapa de una cuenca y se menciona que en sus cabeceras hay glaciares y no se dimensiona su aporte, podría pensarse que el agua de toda la cuenca depende de los glaciares

Para aportar a esa discusión, se ponen a consideración aquí algunas estimaciones para dar órdenes de magnitud.

Pongamos números sobre la mesa.

Glaciares y aporte a la cuenca

Consideremos una cuenca hídrica, comparemos caudales, pongamos algunos números e incorporemos supuestos.

Tomemos la cuenca del río San Juan. Su superficie es de 38.462 km² y el río tiene un caudal medio de 56.000 litros por segundo (l/s). Esto es, derrama 1.766 hm³ por año. Según datos del geofísico Silvio Pastore, en esta cuenca hay 3.227 Glaciares de Escombros, que cubren un área de 264 km², el 0,69% de la cuenca. El volumen estimado de agua equivalente de los 3.227 GdE es de 2.191 hm³.

¿Cómo el agua contenida en esos 3.227 GdE podría pasar de ser reserva potencial a ser utilizable? Una muy buena parte del GdE es un permafrost (hielo permanente). Para que eso suceda, el planeta debería calentarse; de otro modo, esos cuerpos de roca y hielo no entregan agua. Supongamos entonces un escenario de calentamiento global promedio tal que, en 75 años, todos estos GdE entreguen toda su reserva de agua (esto es 1,33 % anual).

El resultado sería que en promedio estarían entregando 29 hm³ al año (suponiendo que no hubiera sublimación ni evaporación). Esto es el 1,65 % del caudal del río San Juan. Es interesante ver que para una persona que no está habituada a manejar estos temas, si se le presentan números de que en la cuenca hay 3.227 glaciares y se le dice que el agua depende de ellos, se asuste ante la posibilidad de tocar esa fuente y esté de acuerdo con la prohibición lisa y llana.

Pero si se le aclara que esos 3.227 glaciares podrían aportar en condiciones extremas un máximo del 1,65 % del caudal de la cuenca, tal vez tenga una mirada más amplia y acepte la posibilidad de evaluar científicamente el rol de cada glaciar como reserva estratégica.

Además, cabe una pregunta, ¿las potenciales actividades mineras, afectarían a todo los 3.227 GdEs de la cuenca?

Definitivamente, no. La minería podría afectar a los glaciares que estén en el área de un proyecto, o no, porque en el área de un proyecto pueden haber, por citar ejemplos: cero, 2, 4, 12, GdEs, pero no todos ellos necesariamente deberían ser afectados, ya que dentro de lo posible, las instalaciones, operaciones, infraestructura, construcciones, se ubicarán de modo que no afecten a los GdEs. Solo si fuera estrictamente necesari se evaluaría su rol como reserva estratégica y eventualmente, se removería. Por eso es importante el análisis individual.

¿Cuál sería el aporte de agua de un glaciar de escombros?

Hagamos el planteo de un modelo simplificado. Consideremos un GdE de 10 ha de superficie (500 m x 200 m), con 20 m de espesor y 60 % de su volumen de hielo y agua, porque es un glaciar de escombros (el otro 40 % es roca y sedimentos). Contendría entonces 1,2 hm³ de reserva hídrica.

Bajo los supuestos planteados, entrega en 75 años, entonces el GdE aportaría de su reserva anualmente 16.000 m³/a (0,51 l/s o 30 litros por minuto). Esto es el 0,0009 % del caudal del río San Juan. Tomemos nota de la diferencia, todos los glaciares de la cuenca potencialmente aportarían el 1,6 % del caudal, un solo glaciar aportaría 0,0009 % (son 9 partes por millón).

¿Cómo podemos dimensionar ese caudal para interpretar qué significa en términos cotidianos? Por caso, una canilla estándar de 1/2 pulgada entrega de 9 a 18 litros por minuto, dependiendo de la presión de agua. Por lo tanto, en términos de caudal total lo que aportaría el GdE (30 litros por minuto) es lo que aportarían 2 canillas domésticas abiertas.

Si hacemos un parangón con una pileta de lona familiar, en la que el volumen anual que derrama el río equivaliera al volumen de la pileta de 4.500 litros, lo que estaría entregando el GdE a la cuenca equivale a agregar un pocillo de café (40 cc) a esa pileta.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
(Imagen Ilustrativa Infobae)

Otra comparación para dimensionar. En los conglomerados urbanos se desperdicia mucha agua actualmente. Si tomamos como deseable para el cuidado del agua un uso de 100 litros por habitante por día, entonces en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se desperdician cada año a lo que suministrarían 82.125 glaciares como el analizado, en la ciudad de Córdoba se derrochan lo que suministrarían 8.555, en Comodoro Rivadavia lo que estarían suministrando 1.605 glaciares y en Santa Rosa de La Pampa el equivalente que entregarían 794 glaciares. Todo esto es derroche actual, no es uso racional del agua .

Las alternativas de uso de recursos

Agua y cobre son recursos naturales alternativos o complementarios. Pensar en el mejor uso de ambos es importante. Para ello podríamos hacer una comparación. De nuevo supuestos.

Supongamos que un glaciar como el modelo descrito, debiera removerse para habilitar el espacio para operaciones mineras. Hablamos de una reserva que libera 30 litros por minuto (2 canillas).

Pensemos en utilizar ese recurso hídrico para un uso habitual en esa cuenca, por ejemplo, se podrían regar 2 hectáreas de vides. Esto generaría unos 3 puestos de trabajo y un valor bruto de producción de 15.000 dólares/año.

Como alternativa, pensemos que una mina requiere remover ese GdE. Y acá un punto importante, el agua contenida tampoco se pierde, sino que va a parar a la cuenca en un año, en lugar de hacerlo en 75 años en un escenario de calentamiento global. ése sería el costo, pero eso habilitaría utilizar otro recurso, el cobre. Para dimensionar lo que habilitaría la remoción del glaciar, usemos un modelo.

Modelo utilizado: Mina de cobre. Inversión 6.000 millones USD, 3 años de construcción, 25 de operación. Impuestos según esquema RIGI. Producción promedio 435.000 t cobre anual, precio 4,5 USD/lb.

¿Qué impacto económico tendría?

Durante 28 años en promedio, cada año, la utilización de ese recurso mineral generaría 1.782 millones de dólares para los argentinos (pagos a proveedores nacionales y empleados nacionales por 1.251 M USD/año); Recaudación directa provincial Regalías e Ingresos Brutos por 125 M USD/año. En empleo, generaría 24.000 puestos de trabajo. El Estado Nacional recibiría 406 millones de dólares anuales de impuestos. Con esa recaudación tributaria anual se podrían cubrir alternativamente: alrededor de 2 presupuestos de hospitales como el Garrahan; o 100.000 jubilaciones mínimas; o casi 1 presupuesto del CONICET.

Consideraciones finales

La reforma de la ley sostiene el objeto de preservar los glaciares como reservas estratégicas de recursos hídricos y como proveedores de agua para la recarga de cuencas hidrográficas. Pero incorpora la evaluación de cada caso, que deberá ser realizada a partir de estudios técnicos-científicos, para determinar la magnitud de una reserva estratégica. Esto es más investigación y ciencia aplicada.

Argentina tiene proyectos mineros en zonas donde hay GdEs y otros cuerpos de hielo. Las minas se pueden construir donde están los yacimientos y éstos son muy escasos. No es correcto decir: no pretendemos prohibir la minería, solo pedimos que se haga en otras zonas. Es como decir prohibamos la agricultura en la pampa húmeda, porque se desarrolla sobre una reserva de agua estratégica (el agua subterránea), entonces, hagan agricultura en otras regiones.

Dimensionar es importante, sobre todo en el contexto de influencia. Los números grandilocuentes pueden llevar a interpretaciones erróneas. No es cierto que 7 millones de personas dependan del agua de los glaciares. Dependen fundamentalmente de las precipitaciones, el aporte de los glaciares de escombros a las cuencas es ínfimo y puede ser nulo, si el planeta se enfría.

Si en la cordillera de los Andes hay 16.078 cuerpos de hielo relevados y, tal vez, una, dos o cuatro decenas de ellos pudieran estar en conflicto de uso con proyectos mineros, ¿no parece lógico cuantificar el aporte potencial de cada uno de ellos a su respectiva cuenca? Y a partir de una evaluación científica, decidir ¿cuál es el mejor uso que se le pudiera dar?

Si el aporte posible de un glaciar de escombros fuera el equivalente a 2 canillas abiertas, pero eso estuviera bloqueando la posibilidad de generar trabajo para 28.000 personas y generar 1.700 millones de dólares anuales para los argentinos, principalmente en las provincias, ¿no parece correcto evaluar el impacto real de cada proyecto en el recurso hídrico y decidir si remover o no ese glaciar y permitir o no la minería en cada caso puntual, en lugar de una prohibición general? Si se habilitara la remoción de ese glaciar, parte de los fondos para el Estado que se generarían por la actividad minera permitirían hacer más investigación, más inversiones para cuidar el agua y tener efectos positivos en su aprovechamiento. Con los fondos generados, los organismos de gobierno y de investigación podrán fortalecerse en capacidades de control y supervisión, federalizando el conocimiento.

Las poblaciones que estarán mejor preparadas para afrontar el cambio climático, de aquí a 75 años, serán aquellas con economías más fuertes, mejor infraestructura, más recursos, más conocimiento. ¿Queremos un flaco desarrollo viendo a nuestros nietos aprovechar un hilo de agua de un glaciar que se derrite? o pensar que trabajamos para dejarles un país más desarrollado, con mayores capacidades para cuidar su agua y enfrentar el futuro de manera resiliente.

Los desafíos deben abordarse mediante la aplicación rigurosa del método científico, basado en la observación, la formulación de hipótesis, la investigación, la medición, la experimentación y el análisis de evidencia, en lugar de recurrir a prohibiciones generalizadas carentes de sustento empírico, propias de enfoques dogmáticos.

El autor es geólogo, contador público y profesor de grado UNLAR y Posgrado UBA. Ex Director Nacional del Promoción Minera