Por una inteligencia artificial “brocheriana”

El nuevo paradigma tecnocrático busca generar en la IA una nueva religión y un nuevo Dios. Cómo utilizar esta herramienta para promover el bienestar de la población

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Un altar del cura Brochero,
Un altar del cura Brochero, en Córdoba

Piedras y átomos. Robots y personas. Computadoras y estrellas. Cerros y algoritmos. Máquinas y alma. En las últimas 48 horas, viví todas estas experiencias en Córdoba, en ocasión de participar del Foro de la Cultura Democrática, que convocó a un conjunto de expertos multidisciplinarios para debatir el gran tema de nuestro tiempo: “¿Puede la inteligencia artificial beneficiar a la humanidad?”.

Fueron 2 horas y media de diálogo profundo y escucha creativa en el transcurso del cual analizamos, entre otros temas: la emergencia de la inteligencia organoide como frontera peligrosa del transhumanismo; la relación con la astronomía plagada cada vez más de datos para analizar el cosmos; la importancia de no caer en discusiones ideológicas y buscar maneras de aplicar la IA para promocionar las capacidades de los más vulnerables; el riesgo de manejos monopólicos de la industria bélica digital; la necesidad de unir la agenda tecnológica con la agenda de cuidado de la naturaleza; lo esencial de un diálogo inter-religioso que piense en valores antes que en ganancias y codicia; la sabiduría para tener siempre al ser humano al timón de las últimas decisiones; la física y la computación cuántica como aceleración exponencial; el veneno del juego on-line y la adicción compulsiva potenciada por la IA; las oportunidades de las innovaciones educativas tecnológicas siempre y cuando se construya confianza entre alumnos y docentes; la reconversión productiva empresaria para buscar maneras de agregar valor y trabajo sin que la IA signifique despidos masivos.

Y la paz, siempre la paz como común denominador para que la IA constituya el comienzo de una mejor era civilizatoria, en lugar de la extinción de nuestra humanidad.

El encuentro fue esperanzador. Aún en medio de sesgos programados y de un sistema operativo diseñado para la colisión y la adicción que comprobamos de modo cotidiano, en Córdoba se generó el germen de un núcleo de especialistas de todas las disciplinas (filósofos, expertos en redes neuronales, astrónomos, rabinos y sacerdotes, periodistas y abogados, físicos y desarrolladores de software, militantes comunitarios, entre otros) para poder aterrizar la aplicación de la IA en misiones concretísimas que sirvan para promover el bienestar y el bien-ser de las personas. Porque la IA es algo demasiado importante como para dejarla en manos exclusivas de los tecnólogos. O los gigantes tech.

Cuando el encuentro terminaba, pedí la palabra para citar una frase y parafrasearla. “Dios es como los piojos, está en todos lados, pero prefiere a los más pobres”, dijo alguna vez José Gabriel del Rosario Brochero, el santo cura gaucho cordobés que este lunes 16 de marzo cumpliría 186 años. Me permití agregar: “La IA es como los piojos, hoy ya está en todos lados… pero tenemos que diseñarla para que beneficie a los más pobres”.

El autor, en las sierras
El autor, en las sierras de Córdoba

A la mañana siguiente, cuando visité los estudios de Radio María en la capital cordobesa, para continuar hablando de inteligencia artificial, me quedé conmovido en su capilla frente a un conjunto de reliquias de siervos, santos y venerables que hay en su altar: Ceferino Namuncurá, Monseñor Angelelli, Wenceslao Pedernera y el cura Brochero, entre otros. Y por la bellísima imagen de la Virgen del Corazón Transparente. Todas figuras que nos dicen tanto en este momento de la Argentina y del mundo, con una presencia silenciosa que es a la vez un grito atronador. Nos interpelan en esencia frente a un paradigma tecnocrático que busca generar en la IA una nueva religión y un nuevo Dios.

Al salir de la radio, los campos de la fe y la tecnología y la ciencia chocaron con la realidad: en la puerta del viejo archivo histórico de Córdoba, una de las tantas personas sintecho y vulneradas y abandonadas dormía un sueño de injusticia. Postal dura, frente a la cual pasaban decenas de personas con la mirada puesta en su teléfono celular, leyendo o posteando el último like o retrucando o scrolleando el último tweet o tik-tok. Unos metros más adelante pasé por una de las librerías de usados de la zona y de casualidad encontré un libro cuyo título tal vez explique mucho de nuestra decadencia: “Para una antología del odio argentino”, de Gustavo Gabriel Levene.

La fachada del Archivo Histórico
La fachada del Archivo Histórico de Córdoba

A la mañana siguiente, tenía pensado visitar el santuario del cura Brochero -al cual peregrinan miles de fieles a pie y a caballo en su aniversario-, y quedarme unos días a escribir allí unos papers sobre tecnología que tengo pendientes. Pero cuando iba en auto para el pueblito, me encontré en un parador de la ruta con dos peregrinos del Hogar de Cristo, en medio del trayecto que yo estaba haciendo confortablemente. Y me nació la duda.

A la mañana siguiente, abandoné la idea de la escritura y me decidí a hacer el recorrido a pie, transitando por las sierras cordobesas los 28 kilómetros del Camino de Brochero, que hoy está hermanado con el Camino de Santiago de Compostela como experiencia espiritual. Es el mismo sendero montañoso que el santo gaucho inauguró a lomo de mula hace más de 140 años, cuando comenzó su labor en los perdidos poblados de Traslasierra.

Cuando comencé a caminar, nuevamente la convergencia de varios mundos me vino a la mente frente a ese paisaje bellísimo. Fue la fe y la voluntad de ese hombre extraordinario la que abrió caminos donde sólo había rocas y precipicios. Fue la acción en lugar de la crítica la que pudo literalmente “mover” montañas. Puso piedra sobre piedra con sus paisanos y amigos para construir puentes y acueductos. Con paciencia imbatible y esperanza imbatible. Promovió el diálogo entre las autoridades de turno para impulsar más de 200 obras para la zona. Habló con ricos y pobres, con leprosos e impolutos, con mendigos y presos, con radicales y conservadores, con presidentes y peones. Los invitó a meditar en sus famosos ejercicios espirituales en medio de vientos, nieve, inclemencias y atrasos del camino. Los movilizó, en lugar de secuestrarles la atención en el statu quo. Sin importarle el qué dirán, su imagen personal, su prestigio.

Era mal hablado -de lo que muchas veces se arrepentía pidiendo disculpas por sus modales-, porque interiormente estaba seguro de que transmitía la fe con su vida, su oración y sus obras. Y con palabras simples que el pueblo entendía, porque las sentía amigas.

Valle de Traslasierra
Valle de Traslasierra

Y además Brochero era un promotor de la tecnología: hacía permanentes pedidos para que el telégrafo y el ferrocarril -la frontera tecnológica de aquel tiempo- llegara a esos pueblos perdidos; era consciente de que la educación y el avance científico podían contribuir al desarrollo humano integral de las periferias irredentas. No se contentaba con sentarse en una silla de su parroquia; salía en búsqueda de los más lejanos. No enfrentaba a la tecnología con la idea de justicia social; buscaba popularizarla, uniendo esos avances a través de sueños grandes.

En el silencio de esta travesía por las serranías también estaba la inteligencia artificial en mi mente: depende de la naturaleza, de piedras raras, del agua, de los cálculos matemáticos, del ingenio humano que busca volar como esos cóndores y águilas que ahora merodean en mi trayecto. Todo eso se puso en valor aquí para construir diques, caminos, escuelas y parroquias y desarrollar los avances de conocimiento más importantes de la época. Pero todo eso es una simple abstracción, si no tiene personas con sensibilidad y corazón transparente, dispuestas a dar la vida.

Mientras el sol quema y las piernas duelen al cabo de los muchos kilómetros, promediando el trayecto por las sierras, termino de pensar todo esto y procuro quedarme en silencio. Que hablen estos cielos, este viento, estas aves, estas quebradas, esta inmensidad donde el ser humano se siente tan ínfimo y bendecido a la vez. Y que hable la prédica de Francisco, que justo ahora, el día que estoy peregrinando, fue elegido Papa un 13 de marzo de 2013: “La inteligencia artificial debe ser un instrumento al servicio de la humanidad y no un fin en sí mismo… El futuro de la humanidad depende de cómo usemos la inteligencia artificial”.