La apertura de sesiones en la historia

Esta ceremonia testimonia la vigencia del marco constitucional, a la vez que refleja cómo prácticas e instituciones se ajustan a los vaivenes históricos y a las demandas de legitimidad democrática

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El presidente hace uso de
El presidente hace uso de la potestad constitucional para inaugurar la nueva etapa legislativa ante la Asamblea Legislativa según el artículo 99 inciso 8.. (Photo by LUIS ROBAYO / AFP)

Esta noche, a las 21, el Presidente de la Nación, en ejercicio de la potestad constitucional que le confiere el Art. 99 Inc. 8 de la Constitución Nacional, realizará la centésima cuadragésima cuarta (144) apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación.

Así será si se tienen en cuenta las aperturas de sesiones ordinarias realizadas en el Congreso de la Nación desde el año 1862, cuando dicho órgano de gobierno se instaló definitivamente en la ciudad de Buenos Aires, y en el que asumió la presidencia el Gral. Bartolomé Mitre, quien desde el mes de noviembre del año anterior, había quedado a cargo de la conducción del país a raíz de la acefalía provocada por el entonces presidente Santiago Derqui y su vicepresidente Juan Esteban Pedernera.

Sin embargo, si se consideraran las seis aperturas de sesiones ordinarias del Congreso Nacional efectuadas por Justo José de Urquiza en los años en los que ejerció la presidencia entre el 5 de marzo de 1854 y el mismo día de 1860, y las dos de Santiago Derqui durante su gestión en los años 1860 y 1861, la que se hará esta noche sería la centésima quincuagésima segunda (152) apertura.

Ocurre que, en esos años, la provincia de Buenos Aires estaba separada del resto del país, y por lo tanto Urquiza y Derqui fueron presidentes de la Confederación sin su principal provincia incluida, motivo por el cual Urquiza, al asumir la presidencia en 1854, debió instalar la sede de las autoridades nacionales –incluyendo al Congreso– en la ciudad de ParanáEntre Ríos–. Ello no obstante, tanto Urquiza como Derqui fueron los dos primeros presidentes constitucionales que tuvo la Argentina, y el Congreso de la Nación funcionó también en dichas presidencias, motivo por el cual, las aperturas legislativas realizadas entre 1854 y 1861, deben ser tenidas en cuenta.

Pues más allá de esta consideración histórica, la primera apertura de sesiones ordinarias del Congreso Nacional, instalado en Buenos Aires, fue realizada por el presidente Bartolomé Mitre. Por entonces, el edificio en el que estaba instalado el Poder Legislativo era el de la Sala de Representantes o Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, en la actual calle Perú 272, que está dentro de la conocida Manzana de las Luces.

El Congreso Nacional fue inaugurado
El Congreso Nacional fue inaugurado en su actual edificio en 1906, obra del arquitecto Vittorio Meano, bajo la presidencia de José Figueroa Alcorta. (Photo by LUIS ROBAYO / AFP)

De inmediato, el entonces presidente hizo construir otro edificio para que allí funcionara el Congreso Nacional, en las actuales calles Balcarce e Yrigoyen (esquina en la que hoy está la Academia Nacional de Historia). El arquitecto fue Jonás Larguía y la inauguración se llevó a cabo el 12 de mayo de 1864. En ese lugar funcionó el Parlamento argentino hasta 1906 y allí se realizaron treinta y cuatro aperturas de sesiones ordinarias.

El actual Congreso fue obra de Vittorio Meano, y se inauguró en el año 1906, siendo presidente de la Nación José Figueroa Alcorta; pero el presidente que más cantidad de veces hizo la apertura de las sesiones ordinarias fue Julio Argentino Roca: lo hizo en doce ocasiones. No debe perderse de vista que el tucumano ha sido el presidente que ejerció por más años en la Argentina (doce años en dos períodos separados: octubre de 1880 a octubre de 1886, y octubre de 1898 a octubre de 1904).

Juan Domingo Perón hizo once aperturas de sesiones ordinarias; Carlos Saúl Menem diez e Hipólito Yrigoyen y Cristina Fernández ocho cada uno. Lo notable es que el presidente radical siempre hizo las aperturas enviando un discurso, sin asistir personalmente al Congreso. Tampoco asistieron a hacer la apertura de las sesiones ordinarias Bartolomé Mitre en 1866, Roque Sáenz Peña en 1914, Marcelino Ortiz en 1939 ni Santiago Castillo en 1941 y 1942.

En este sentido debe tenerse en cuenta que la Constitución Nacional dispone que el primer mandatario “hace la apertura de las sesiones ordinarias”, pero no establece de qué manera debe hacerlo.

Por otra parte, hubo presidentes que solo hicieron una apertura de sesiones ordinarias: fueron Manuel Quintana en 1905 y Héctor José Cámpora en 1973; y hubo presidentes que jamás tuvieron la oportunidad de abrir sesiones ordinarias por el poco tiempo que estuvieron en sus cargos: Raúl Lastiri y Adolfo Rodríguez Saá.

Hasta el año 1869, cuando Domingo Faustino Sarmiento hizo su primera apertura de sesiones ordinarias e inauguró la costumbre presidencial de leer un discurso, los mandatarios se limitaban a decir unas breves palabras, dejando la lectura completa del discurso al vicepresidente; pero en el caso del sanjuanino, además tenía la costumbre de “clausurar” las sesiones ordinarias, lo cual no es una obligación constitucional del presidente. Vale la pena recordar que hasta 1994 se extendían entre el 1 de mayo y el 30 de septiembre de cada año.

Además, entre 1854 (primera apertura por Urquiza) y 2020, hubo veintiún años en los que no hubo apertura de sesiones ordinarias: 1908, 1930, 1931, 1944, 1945, 1956, 1957, 1962, 1967, 1968, 1969, 1970, 1971, 1972, 1976, 1977, 1978, 1979, 1980, 1981, 1982. Y en los veinte años transcurridos entre 1962 y 1982 hubo solamente ocho aperturas de sesiones ordinarias en el Congreso.

Asimismo, más allá de la tradición institucional según la cual el primer mandatario hace la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, tal como lo prevé la Constitución Nacional, si el presidente decidiera no realizarla por algún motivo, el Congreso tendría la potestad de autoconvocarse para dar inicio a su anual labor legislativa. De hecho, la Ley Suprema establece, en su artículo 63, que ambas cámaras se reúnen “por sí mismas”, todos los años, entre el 1.º de marzo y el 30 de noviembre.

Por último, para escuchar el discurso presidencial de apertura, el Congreso se reúne en lo que se denomina “Asamblea Legislativa”. Se denomina de ese modo al mismo Congreso de la Nación que, en determinadas circunstancias, une sus cámaras con un fin determinado. Esas circunstancias son, por ejemplo, la apertura de las sesiones ordinarias, pero también el acto en el que el presidente y vicepresidente prestan juramento al asumir sus cargos, o la convocatoria al Congreso para designar a un presidente en caso de acefalía definitiva de presidente y vice, o para aceptar las renuncias de ambos.

Pues independientemente de estas consideraciones históricas, la que se vivirá esta noche será, una vez más, el reflejo de un sistema institucional funcionando. Ello debe ser entendido y valorado, porque con todos sus defectos, el Congreso de la Nación es una institución relevante para la vigencia del sistema republicano.