Argentina atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. Las tensiones y las discusiones políticas son inevitables cuando se busca corregir décadas de desorden acumulado. No hay salida fácil: lo sabemos todos.
En este escenario, resulta fundamental no perder de vista la dirección. El gobierno se ha propuesto encarar reformas profundas, atacar problemas estructurales y poner orden en cuentas que parecían condenadas a la improvisación eterna. Ese rumbo genera incomodidades, pero también abre una ventana única para cambiar la realidad de fondo. El mundo lo sabe y observa.
Nuestro país casi nunca logró que sus cuentas públicas estuvieran equilibradas. Durante un siglo, solo en contadas ocasiones el Estado gastó menos de lo que recaudó, y en el último tiempo el gobierno de Javier Milei volvió a mostrar que eso es posible, encadenando superávits que marcan un cambio de rumbo después de décadas de desorden fiscal. Como dijo el presidente en su discurso ante la ONU, sin ahorro no hay libertad.
En el plano internacional, el gobierno sumó respaldos cruciales. El Banco Mundial acelerará un paquete de USD 4.000 millones en financiamiento público y privado para los próximos meses. Por su parte, EE.UU. negocia una línea de swap por USD 20.000 millones para apoyar la estabilidad financiera argentina.
Estos datos no sólo refuerzan la justificación de las reformas: también demuestran que el gobierno está comenzando a consolidar un cambio de modelo. Orden fiscal, menor inflación, credibilidad internacional. Todo lo que el país necesita para reencontrarse con la estabilidad.
Los atajos ya los probamos: emisión descontrolada, gasto sin respaldo, deuda infinita. El resultado siempre fue el mismo: inflación, pobreza y una clase política sin credibilidad. La Argentina no aguanta más parches. Necesitamos perseverar en las reformas y dar tiempo a que los resultados se vean.
En este contexto, las próximas elecciones serán decisivas. No se trata solo de votar candidatos, sino de ratificar un proyecto de cambio profundo frente a quienes quieren volver al pasado. Cada voto contará para consolidar este rumbo y demostrar que los argentinos elegimos mirar hacia adelante. Pero, insisto una vez más, necesitamos perseverancia
El kirchnerismo la tuvo: durante años supo insistir, avanzar y sostener su modelo, aun cuando el costo para la sociedad era evidente. Esa misma perseverancia, hoy, debemos ponerla al servicio de un proyecto distinto: uno que no se base en el clientelismo ni en el relato, sino en la libertad, el esfuerzo y la responsabilidad individual. Solo con esa convicción lograremos que las reformas no queden a mitad de camino y que la Argentina, de una vez por todas, pueda salir adelante. Boicotear el modelo de Milei es condenar a millones de argentinos a la pobreza.
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