Desde la pandemia hasta la actualidad, la política monetaria de la Reserva Federal vivió una de las etapas más intensas de su historia reciente. Con el doble mandato como guía, la premisa parecía sencilla: bajar la tasa cuando el riesgo se asociaba al empleo y elevarla cuando la amenaza emanaba de la inflación.
Tras el shock del Covid-19, la Fed redujo la tasa de referencia a 0% anual y, posteriormente, aplicó el ciclo de subas más agresivo en cuatro décadas: entre marzo de 2022 y julio de 2023, elevó la Fed Funds rate más de 500 puntos básicos hasta un rango de 5,25%–5,50% anual.
Ese endurecimiento revirtió la dinámica de precios. La inflación PCE, favorita del organismo, había escalado hasta 7% interanual a mediados de 2022, pero retrocedió de manera sostenida hasta cerrar diciembre de 2024 en 2,6%, muy cerca del objetivo de 2%. En ese periodo, la Fed concretó un último recorte “jumbo” de 50 puntos básicos en diciembre de 2024. Desde entonces, en 2025, mantuvo la tasa sin cambios.
La inflación volvió a evidenciar cierta resistencia: el PCE núcleo de julio se aceleró levemente a 2,9% interanual, tras tocar un piso de 2,6% en el cierre del año anterior
Sin embargo, la inflación volvió a evidenciar cierta resistencia: el PCE núcleo de julio se aceleró levemente a 2,9% interanual, tras tocar un piso de 2,6% en el cierre del año anterior.
Con ese marco, el escenario parecía conducir a un soft landing: desinflación sin recesión. Si bien el objetivo del 2% no se había alcanzado, el proceso era gradual y ordenado. La ecuación cambió con el regreso de las políticas comerciales de Donald Trump. La nueva ola de aranceles volvió a meter presión sobre los precios.

Los manuales indican que ese efecto debería resultar transitorio y así lo considera la Fed como escenario base, aunque persiste el riesgo, aunque remoto, de efectos de segunda ronda. Por eso, la estrategia fue optar por la cautela.
El punto de quiebre lo marcó el último reporte laboral de julio. Las nóminas no agrícolas fueron ajustadas a la baja en 258.000 puestos en los dos meses previos. Ese dato fue suficiente para que Trump decidiera despedir a la comisionada de la BLS.
Con un mercado laboral debilitado, Jerome Powell varió el discurso en Jackson Hole y dio señales de que podría concretarse una baja en septiembre. Así, los futuros de renta fija ya descuentan con casi 90% de probabilidad ese recorte y el movimiento empieza a impactar en toda la curva de los Treasuries.
Con un mercado laboral debilitado, Jerome Powell varió el discurso en Jackson Hole y dio señales de que podría concretarse una baja en septiembre
A la presión de los datos se sumó la presión política. Donald Trump reclama recortes más rápidos y la Fed quedó en el centro de la escena. Christopher Waller, uno de los gobernadores y posible candidato a suceder a Powell cuando venza su mandato en mayo de 2026, resultó clave en este cambio de rumbo.
En junio, mientras la mayoría del Board optaba por dejar la tasa sin cambios, él votó por un recorte de 25 puntos básicos. Ahora redobló su postura: adelantó que apoyará la baja en septiembre y anticipó que podrían darse más recortes en los próximos tres a seis meses.
El debate en torno a Lisa Cook, la gobernadora que Trump intentó desplazar bajo acusaciones de fraude hipotecario, alimenta la discusión central: la independencia de la Fed. Si el organismo deja de rendir cuentas al Congreso y pasa a responder al Ejecutivo, la prioridad de contener la inflación podría quedar relegada frente a los incentivos de estimular la actividad económica. Ese escenario encendería alertas en los mercados.
Sostener bonos del Tesoro a largo plazo pierde sentido si la credibilidad del banco central más influyente del mundo se pone en cuestión.
En este contexto, el dato de inflación PCE de julio estuvo en línea con las previsiones. La medición general subió 0,2% mensual, repitiendo el valor de junio. Interanualmente, se mantuvo en 2,6%. El núcleo avanzó 0,3% mensual, sin cambios frente al mes anterior y acorde al consenso.
Sostener bonos del Tesoro a largo plazo pierde sentido si la credibilidad del banco central más influyente del mundo se pone en cuestión
En la comparación anual, sin embargo, se aceleró de 2,8% a 2,9%. En el plano real, los ingresos personales aumentaron 0,4%, superando el registro anterior de 0,3%, mientras que el gasto personal se expandió 0,5% y el consumo real avanzó 0,3% tras el 0,1% de junio.
Más allá de las polémicas y las tensiones institucionales, la señal es contundente. Powell suavizó la retórica, Waller pide más recortes y los datos acompañan el movimiento. La Fed se prepara para bajar la tasa en septiembre. La verdadera incógnita reside ahora en la velocidad y la profundidad del ciclo que está por comenzar.
El autor es Analista de PPI (Portfolio Personal Inversiones)
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