
Los formatos clásicos para demostrar amor, como regalar una flor o un poema, parecen demodés. En su lugar, un emoji, un like, un posteo o una historia de Instagram muestran ser más efectivos, pero también efímeros y vacíos. No es solo el instrumento, sino la despersonalización y la pérdida de amorosidad que emergen con fuerza.
El arte de conocer gente cara a cara parece olvidado, sumado a temores y mensajes bien intencionados que podrían interpretarse como acoso. Apps de citas como Tinder o Bumble y redes sociales como Facebook, Instagram o WhatsApp son las herramientas del amor actual.
Jorge Luis Borges dijo: “No hay otra cosa que el amor, es la única razón del universo”. El genial escritor establece que el amor es el motor de la existencia. A diferencia del amor, la amistad no necesita frecuencia. El amor sí, pero la amistad no. ¿La misma frecuencia que damos a la conectividad? ¿A redes sociales? ¿A notificaciones y posteos de nuestro influencer favorito?
La forma de conectar cambió para siempre.
POV: la abstinencia sexual crece entre los jóvenes
Profundos cambios en cómo las personas se relacionan tienen raíces en las relaciones virtuales y en los cambios de los modelos tradicionales de pareja, modificando la manera en que surge el amor y, como consecuencia, sus interacciones íntimas y la conformación de la “familia”, base de nuestra sociedad.
La CDC en Estados Unidos reportó un drástico aumento en la abstinencia sexual en jóvenes. Ahora intercambian “IG´s” como primer contacto, donde el seteo inicial es digital: irreal, superficial, uniforme y cuasi mediocre a través de dispositivos móviles.
Estos son los cimientos de relaciones basadas en cuerpos idealizados y una comunicación deficiente. Sí, dramático pero real. En la era de la conectividad, las personas no se comunican; ficcionan creando contenido pobre y homogéneo. Todos dicen, hacen y postean lo mismo.
Diría Borges: “El amor es un estado de locura que nos lleva a la creación”. Nunca tan lejos de la realidad actual. Borges sugiere que el amor inspira creatividad, pero también nos sumerge en la vulnerabilidad total.
Factores como la situación económica, el estrés y las nuevas formas de sexualidad influyen en mantenerse soltero y hasta evitar el sexo. La Generación Z muestra pragmatismo con respecto al amor y el sexo, priorizando estabilidad emocional y profesional.
Sin duda, la tecnología digital ofrece una adictiva oferta de entretenimiento, ¡dopamina pura en continuo y “gratis”! Construye relaciones instantáneas, superficiales y ficticias, generando “amigos” íntimos de “la Play” a quienes nunca veremos, solo a su avatar.
La virtualidad ha reducido las interacciones cara a cara y, con ello, la probabilidad de encontrar el amor verdadero. Cuanta más pantalla, menos relaciones reales.
Asimismo, el acceso fácil a pornografía desde los 9 años explica el cambio de época y una preocupante proyección negativa en la tasa de natalidad mundial, que podría derivar en un fenómeno sin antecedentes: la subpoblación.
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