
Nosotros tiempo después. Casi un año sin vernos, porque a mi regreso del último viaje a Roma, me sorprendió un cáncer en la mamá derecha. Me acompañó como un pastor en todo momento. Rezando. La sanación es un milagro. Francisco es un hombre que sana. En el peor momento del tránsito de mi estado dijo: “Ella lo va a matar al cáncer. Este no sabe con quién se metió”.
Sumergida en la oración a San José, Santa Teresita, las devociones que él me enseñó y a Don Zatti, el enfermero de Viedma que santificó, me invadió una paz que no era mía, sino la del Espíritu Santo. El reencuentro fue milagroso, nos abrazamos húmedos de emoción. La risa, siempre la risa entre los dos es una persona más. Cada mensaje que le mandaba firmaba: “Tuya Alicia ( la peladita)”. Eso primero que dijo cuando me vio fue: “No vino la peladita. Me di cuenta cuando te vi en el programa de Mirta Legrand que te había crecido el pelito”.
Bergoglio está impecable. Más delgado, con una lucidez envidiable. Se puso de pie para que lo viera bien en cuerpo y forma. Tiene su silla de ruedas, un bastón con tres apoyos de goma y varias veces en el día anda suelto. Sin nada. Camina solo como Manolo, tal cual reza el refrán español. No se operó la rodilla, porque la anestesia le dejó malos recuerdos y pasó malos momentos. Va a cumplir 88 años. No tiene edad biológica: su lenguaje y estilo muy actual lo muestran joven. Sin tiempo.
En estos días del sínodo comienza con las primeras audiencias a las seis de la mañana, así sin parar, hasta las 18, que termina la jornada. Ama lo que hace. El humor no lo pierde en ningún momento. Por ahí debe pasar el secreto de la juventud divino tesoro.

Habla con Isabel Martínez de Perón, quien está con las neuronas activas. Le alegró y alargó la vida la reparación histórica de su busto de bronce en la Casa de gobierno. Por aquí anduvo, dando una vuelta y otra vuelta toda entera, la vicepresidente Victoria Villarruel. Se conocen desde que era cardenal. Recibe y lo hará con todos aquellos que quieran verlo. Tiene la agenda abierta y no puso ninguna condición para visitar Argentina. Esas son intrigas de los lobistas.
Acá se ve el poder real. Francisco es el Jefe de Estado del Vaticano, poderoso si lo hay, y el primer líder espiritual del mundo. Es el Papa. Hace lo que quiere. No pide permiso.
No puedo anticipar que venga porque, para él, por más libre que tenga de viajes en su futuro, la idea de la vuelta está, pero la realidad es superior a la idea. Uno de esos temas que Dios no sabe es qué piensa un jesuita. Avanti, sempre avanti.
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