
Con el propósito de explorar respuestas a lo que el Papa Francisco ha llamado “la crisis de sentido” del mundo contemporáneo, se realizó en la Ciudad del Vaticano el primer Encuentro Internacional del Sentido, organizado por Scholas Ocurrentes y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), en el que participaron académicos y líderes sociales y culturales globales. En este contexto, la educación fue uno de los temas principales.
Hace ya un tiempo, el papa Francisco viene insistiendo en sus alocuciones sobre la ruptura del pacto educativo. En su mirada, esta ruptura se explica por la falta de una concurrencia social en la educación. Las familias, la escuela, las instituciones sociales, culturales, religiosas y los gobiernos no logran converger en una educación que brinde respuestas significativas a los estudiantes.
Ciertamente la evidencia que surge de estudios globales, regionales y nacionales parece avalar esta mirada. Por citar uno de ellos, el último índice de pobreza de aprendizajes, elaborado por una serie de organismos internacionales, proyecta que en Latinoamérica 8 de cada 10 chicos no están alcanzando competencias mínimas en lectura y escritura a los 10 años. En Argentina, ya conocemos la situación. Según el último estudio ERCE, de UNESCO, uno de cada dos estudiantes de tercer grado no entiende lo que lee.
A la hora de encontrar una solución, el abordaje integral de la educación fue un lugar común en los distintos espacios del encuentro. El cierre por parte del Papa también fue en este sentido. Planteó la invitación a trabajar con tres lenguajes, los de la mente, las manos y el corazón, proponiendo una unidad entre el pensar, el hacer y el sentir. Esta invitación, que a primera vista podría interpretarse como una reflexión espiritual, encierra una aproximación pedagógica bien práctica. De hecho, referentes globales de distintas disciplinas vienen recorriendo este camino.

Por poner un ejemplo, Marshall Ganz, profesor de la Universidad de Harvard experto en movimientos sociales, escribe y enseña sobre la necesidad de combinar los tres lenguajes. A través de la mente, entendemos “lo que las cosas son” y mapeamos el mundo cognitivamente para desarrollar estrategias. Con el corazón, accedemos al lenguaje de las emociones a través de las historias, descubriendo “lo que las cosas significan” según nuestros valores, encontrando la motivación para actuar. Y con las manos aprendemos las habilidades que son necesarias para aventurarnos en la acción.
En cualquier caso, esta aproximación integral no puede dejar de partir de los aprendizajes más fundamentales, hoy en riesgo para demasiados chicos. Sin una sólida alfabetización inicial, incluyendo la comprensión lectora y la producción de textos, incluso las posibilidades de desarrollar un lenguaje emocional se ven comprometidas. De ahí que con un grupo de colegas de la región nos hayamos animado a proponer al Papa impulsar un Movimiento por la Educación Latinoamericana que, sin dejar de lado de esta aproximación integral, priorice la alfabetización inicial como el punto de partida.
En educación, este no puede dejar de ser el sentido. Que los chicos puedan aprender. Que puedan entender lo que lean. Que puedan imaginar, crear y contar sus historias. Y que, a través de ellas, puedan movilizar a otras a actuar con sentido. Con la mente, las manos y el corazón.
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