
La presencia del presidente ucraniano, Volodimir Zelenski en la ceremonia de investidura del presidente Javier Milei es un hecho diplomático destacable por las circunstancias alarmantes que enfrenta Ucrania y por el sensible contexto geopolítico global. También simboliza un cambio de estilo en prácticas diplomáticas con un énfasis desideologizado y pone de relieve una revisión y reajuste en la política exterior buscando restablecer un mayor equilibrio en la inserción y en las alianzas internacionales de la Argentina.
La confluencia del diálogo entre Buenos Aires y Kiev con motivo de la visita presidencial puede contribuir a una mejor vinculación de Ucrania con Latinoamérica frente a la agresión militar de Rusia y la anexión de territorios ucranianos. La Argentina ha expresado la disposición de apoyar a Ucrania en todos los foros multilaterales pertinentes y en particular en el G 20 y en las Naciones Unidas.
El interés argentino se basa, entre otros motivos, en la defensa del principio de integridad territorial reconocido en la Carta de las Naciones Unidas. Por lo tanto, desde ese punto de vista, todo intento de quebrantar parcial o totalmente la integridad territorial de Ucrania es incompatible con el derecho internacional. Tampoco considera a derecho los referéndums celebrados en los territorios ocupados. Esa posición diplomática es concordante con el mismo principio de derecho internacional que sostiene la Argentina con relación a las Islas Malvinas, Sándwich del Sur y Georgias del Sur.
En este marco, es razonable que la canciller Diana Mondino haya señalado la intención de mantener consultas diplomáticas para organizar una Cumbre de Paz en Buenos Aires con la participación de países latinoamericanos, que contaría con el beneplácito de Kiev. La iniciativa reviste atención diplomática frente a los rechazos del presidente Zelenski a los intentos de mediación de China, Brasil y de países de África, entre otros.
El primer viaje del presidente de Ucrania a América Latina desde que comenzó la guerra tiene significación tras 30 años de relaciones bilaterales y a 126 años desde la primera migración ucraniana a la Argentina. El mayor número de ciudadanos de ese país emigró durante el período entre las dos guerras mundiales. La última ola tuvo lugar tras la desintegración de la Unión Soviética, en 1991. Uno de los mayores asentamientos de ucranianos se encuentra en la provincia de Misiones.
Pese a la guerra y a una tradición comercial bilateral de cierta competencia en materia agropecuaria, es hora de que la diplomacia argentina se esfuerce en desarrollar y explorar con Kiev fórmulas de complementariedad comercial en beneficio mutuo. Es de esperar que las afinidades entre ambos mandatarios estimulen la relación bilateral y promuevan la paz y la seguridad internacional.
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