
Una y otra vez se escucha y se lee la frase expuesta por diversos especialistas que Argentina es uno de los países con mayor potencial energético en el mundo, y por más cierta que sea esta aseveración algo que necesitamos para que ese potencial pueda desarrollarse y ser una verdadera potencia, es una mayor infraestructura energética.
El futuro que vislumbramos es alentador, se sentaron las bases para un porvenir promisorio donde están dadas las condiciones para seguir desarrollándonos como país. Para que esto suceda se debe mantener una planificación a largo plazo que dé certezas y previsibilidad para poder lograr que el país continúe por esta misma senda.
Concretar proyectos de generación, ya en desarrollo o adjudicados, que aprovechan los diferentes recursos de las regiones, y además sumar nuevos, permitirá garantizar el abastecimiento de forma segura y continua al sistema.
Dentro de las actividades que necesitan indispensablemente el uso de energía está la minería y el país cuenta con los minerales claves que requiere el mundo. Esta industria cuenta con la mayoría de los yacimientos en lugares alejados de las zonas urbanas, y necesitan abastecimiento de electricidad para el normal desarrollo de sus operaciones.
A través de la minería se generan recursos para otras industrias, a la vez que impulsa económicamente todas las zonas aledañas. Provincias como Catamarca, Salta y Jujuy ya están dando muestras de este poderío con la puesta en marcha de los proyectos generando fuentes de empleo y crecimiento en las localidades.
Resulta indispensable encarar inversiones en obras de transporte de energía eléctrica, para que proyectos de generación renovable (eólicos, solares e hidroeléctricos) del país puedan acceder a atender la demanda, sumando además en esta carrera al hidrógeno verde.

Las dimensiones con las que cuenta el país obligan a utilizar estrategias para conectar las distintas zonas del mapa nacional, apuntando a mejorar la transmisión confiable de esta producción, teniendo en cuenta que usualmente esa generación tiene lugar en zonas alejadas de los grandes centros de consumo, como es principalmente el Gran Buenos Aires. Este enfoque federal es crucial para poder cumplir los objetivos.
Actualmente, en Argentina las energías renovables representan 12% de la matriz energética, y según la Ley de Energías Renovables, promulgada en 2015, el objetivo es que alcance 20% para el 2025, según el Plan Energético presentado por el Gobierno.
El Gasoducto Néstor Kirchner, como el Plan Federal de Transporte Eléctrico, que busca construir cerca de 5.000 kilómetros de líneas de alta tensión para fortalecer el sistema de transporte eléctrico, sumado a un contexto futuro sin sequías, son factores plausibles para prever un 2024 que tendrá un balance energético positivo de entre 8 y 12 mil millones de dólares.
En el contexto mundial, en base a los recursos geológicos a explotar, el país es número dos en shale gas y número cuatro en shale oil. También está en el cuarto puesto en energía eólica y solar en la región, según la organización estadounidense Global Energy Monitor, con una potencia instalada de 5.188 MW y con capacidad de seguir creciendo.
A todo esto, se suma el gran potencial de generación hidroeléctrica. Recursos como éstos son indispensables para lograr una matriz de generación limpia, que ayude a cumplir con los compromisos mundiales de reducción de emisión de gases de efecto invernadero hacia el año 2030.
Argentina tiene todas las posibilidades para asumir el liderazgo en la transición energética regional a partir del desarrollo de sus recursos y la expansión de su infraestructura.
El autor es presidente de Eling Energía
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