La posibilidad de una instancia de negociación entre Ucrania y Rusia

El máximo jefe militar de Estados Unidos, Mark Milley, planteó que ambos países deben reconocer que “la victoria en el sentido estricto de la palabra, probablemente no se pueda lograr por medios militares”

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El Jefe del Estado Mayor
El Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas estadounidenses, el general Mark Milley

El Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas estadounidenses, el general Mark Milley, máxima autoridad militar de su país y de la OTAN, no es un improvisado.

Más allá de sus méritos profesionales, a mediados de 2020 acompañó, vestido con uniforme de combate, al entonces Presidente Donald Trump cuando frente a los disturbios raciales que se habían precipitado en Washington por la muerte de un afroamericano a manos de la policía, salió con su equipo para defender con una biblia en la mano, a una iglesia evangélica que era atacada a metros de la Casa Blanca.

Esta situación generó malestar en las Fuerzas Armadas. Pocas semanas después, corrigiendo su actitud, en una ceremonia de graduación militar dijo: “El único libro que defendemos es la Constitución”. No fue un hecho intrascendente.

Cuando el 6 de enero de 2021 los partidarios de Donald Trump tomaron, con medios violentos, el Congreso estadounidense, quedó planteada la pregunta de cuál sería la actitud de las Fuerzas Armadas ante el escenario caótico que se abría. Dos días después, encabezados por Milley, los ocho jefes más importantes de las Fuerzas Armadas en actividad se pronunciaron públicamente frente a este hecho excepcional, con una breve declaración: “Como desde hace más de 200 años, nuestro compromiso es y será la defensa de la Constitución”. El mensaje fue claro: ya obedecían al Presidente electo, Joe Biden.

Milley siguió en su cargo con el nuevo gobierno, no por una preferencia o simpatía política, sino porque en los Estados Unidos deliberadamente los Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, son designados cada tres años sin coincidir con el cambio de gobierno, para así acentuar su neutralidad política.

En 2021, Milley dio respuesta pública frente a un hecho estratégico-militar relevante: el lanzamiento del misil hipersónico chino. Dijo entonces que esta nueva arma había sorprendido a Estados Unidos, tanto como en 1957 lo hizo el primer viaje espacial de la URSS. Señaló que entonces la respuesta estadounidense tardó doce años en concretarse, con la llegada del primer astronauta a la Luna, lo que implicó la victoria estadounidense en este ámbito.

La guerra de Ucrania, que se desata con la invasión rusa, dio a Milley un rol importante en cuanto a la organización y la conducción militar, y varias veces hizo declaraciones públicas de carácter informativo.

Pero el 10 de noviembre de 2022 realizó su expresión pública más trascendente desde el 24 de febrero, cuando comenzó la invasión. Sostuvo que tanto Rusia como Ucrania habían perdido 100.000 soldados cada una -entre muertos y heridos- en los ocho meses de guerra. Reclamó la necesidad de “un reconocimiento mutuo de que la victoria en el sentido estricto de la palabra, probablemente no se pueda lograr por medios militares, por lo que hay que buscar otros métodos”.

Agregó que “surge una ventana de oportunidad para la negociación”, la cual podría empezar a explorarse en la Cumbre del G20 que se inicia el 14 de noviembre en la isla de Bali, en Indonesia. No estará Putin, pero sí su canciller, Sergei Lavrov. Por otro lado, tendrá lugar un encuentro Biden-Xi, en un momento de tensión entre ambas potencias.

Hay quienes han visto imprecisos gestos en la misma dirección. Mencionan la negativa de Washington a entregar a Kiev drones avanzados Grey Eagle MQ-1C, como venía reclamando Volodimir Zelensky. Por otro lado, frente a la retirada rusa de Jerson, hay quienes la han interpretado como el primer paso para permitir una mesa de conversaciones.

Pero la declaración del jefe militar estadounidense es clara, concreta y no deja dudas. El general Milley ha dicho lo que, al menos todavía, el Pentágono y la Secretaría de Estado no dicen.

Pero que esta definición haya sido asumida públicamente es quizás el indicio de que puede abrirse una instancia de negociación, en momentos en que el mundo parece haber asumido con fatalismo el empantanamiento de una guerra crónica.

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