
El Presidente Xi Jinping volvió a desplegar su oratoria en el Foro Económico Mundial haciendo un llamado a la cooperación y reclamando a los países desarrollados una mayor contribución para hacer frente al cambio climático. Con el respaldo de una tasa de crecimiento del PBI del 8,1%, un comercio exterior que superó los 6,05 billones y un saldo comercial favorable de 674.000 millones Xi celebró la entrada en vigencia del Acuerdo Integral de Asociación Económica (RCEP) y recordó la intención de incorporarse al Acuerdo de Asociación Transpacífico (CPTPP) y el Acuerdo de Asociación de Economía Digital (DEPA) para refirmar el compromiso con la globalización.
El Presidente Xi efectuó un cándido llamado a la coordinación de las políticas macroeconómicas de los grandes países para no desvirtuar el proceso de recuperación de la economía mundial. Xi sostuvo que cualquier decisión de frenar la expansión o efectuar un giro brusco en las políticas monetarias tendrá consecuencias negativas para la estabilidad financiera afectando principalmente a los países en desarrollo. Xi enfatizó la necesidad de explorar nuevas formas para facilitar el intercambio, mantener las cadenas de valor y asegurar el progreso económico.
Las palabras de Xi estuvieron dirigidas a Estados Unidos que ya anunció cambios en la política monetaria y tasas de interés para contener la inflación que provocarán una reducción en las tasas de crecimiento de los países en desarrollo incluyendo China. Si bien los datos de comercio exterior fueron bien recibido el aumento del superávit comercial se concentra en los Estados Unidos y Europa. El superávit con los Estados Unidos aumentó un 25% para alcanzar los 396.000 millones y con la UE fue de 208.400 millones. China se resiste a la revalorización del yuan como mecanismo para equilibrar su comercio exterior porque continúa representando el 36% del PBI a pesar de las promesas de impulsar una “economía dual” basada en el consumo interno y más importaciones. Se suma la infinita acumulación de reservas que superan los 3,2 billones que le permite comprar adhesiones por fuera de los organismos financieros internacionales. Esta situación recuerda con sus diferencias el conflicto que terminó con un realineamiento de las paridades cambiarias conocido como Acuerdos del Plaza en 1987.
El resto del discurso enfatiza la necesidad de abandonar la retórica de la guerra fría y trabajar para lograr una coexistencia pacífica sin ganadores ni perdedores. Xi explica la necesidad de avanzar hacia una mayor globalización recurriendo a la terminología maoísta sobre las contradicciones al afirmar que “necesitamos avanzar siguiendo la lógica del progreso histórico, y crecer cabalgando la marea de nuestro tiempo”.
Xi no cesa de recurrir a los aforismos para prometer reformas y aperturas. Los últimos párrafos están dedicados a resaltar la importancia del mercado para la asignación de los recursos; afirma “construiremos un sistema de mercado ordenado, abierto y competitivo donde todos los operadores tengan el mismo estatus ante la ley y las mismas oportunidades”.
El Presidente Xi recuerda que China necesita aún de un progreso substancial que permita el desarrollo de los individuos y la prosperidad común de toda la población que “no debe confundirse con igualitarismo”. En sus palabras, primero hay que “agrandar la torta” y recién entonces dividirla a través de razonables arreglos institucionales o definiendo la riqueza de un país como la abundancia de bienes a disposición de su gente.
El discurso de Xi Jinping en Davos retoma la retórica de la coexistencia y reitera promesas de reformas y apertura repetidas muchas veces desde su incorporación a la OMC. Mientras tanto continúa sin un horizonte el impulso de sus exportaciones y la acumulación de reservas que le permiten adherir a cualquier acuerdo. Quizás el llamado a la coordinación de las políticas macroeconómicas refleje el temor de que los tiempos requieran de acciones más decisivas para evitar que el mercado termine por imponer sus soluciones.
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