
El Gobierno está llamando a la oposición a un diálogo junto con la dirigencia empresarial y trabajadores. Esto mismo ocurrió en otra oportunidad en que gobernaba el kirchnerismo y no pasó de una foto intrascendente.
En concreto, el problema no pasa por sentarse a dialogar porque, en todo caso, el diálogo se da en el Congreso, para eso está el Legislativo. Pero, además, el diálogo tiene que darse sobre una propuesta concreta de política económica que el oficialismo no termina de presentar.
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Algunas personas preguntan si el Gobierno no puede encauzar la crítica situación económica convocando a algún economista de prestigio que ponga en orden la economía. Es típica esta ilusión que un economista puede sentarse en el sillón de Economía y retocando un poco el tipo de cambio, las tarifas de los servicios públicos y haciendo un acuerdo de precios y salarios se resuelven problemas estructurales.
Esto es no comprender el problema estructural de la economía argentina. Hay problemas económicos a resolver como la impagable deuda del BCRA, el fuerte atraso del tipo de cambio oficial, las artificiales tarifas de los servicios públicos, la desocupación, la ausencia de moneda, etc. Pero todos estos problemas son el emergente de un problema mucho más profundo. El problema más profundo es la irremontable falta de credibilidad que tiene el gobierno por acumular políticas populistas infinanciables. Más específicamente el Presidente, la vicepresidente y el kirchnerismo en general ya no tienen credibilidad para generar la confianza que evite desbordes en la economía.
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No pasa por la cabeza del kirchnerismo hacer una reforma del estado para bajar el gasto público y mejorar la calidad del mismo. Tampoco pasa por la cabeza del kirchnerismo una reforma impositiva que impulse la inversión. O llevar adelante una modernización de la legislación laboral.
Nadie va a hundir inversiones en un país en el que se considera un enemigo al que arriesga su capital invirtiendo y buscando obtener utilidades. Ya lo ha dicho el presidente: no cree en la meritocracia.
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Tampoco se trata de sentarse a dialogar con la oposición cómo tiene que ser el acuerdo con el FMI. Eso también se hace en el Congreso porque es el Congreso el que tiene que atender el tema de la deuda pública como lo marca la Constitución Nacional. Es el Gobierno el que tiene que presentar una propuesta de política económica, no la oposición, y también presentarla al FMI para que luego el Congreso lo apruebe o no.
El gran interrogante que se presenta hacia adelante es cómo hará el Gobierno para dominar la situación económica con las internas que tiene dentro de la alianza gobernante. Hasta las elecciones logró, con la lengua afuera, evitar que el blue se le disparara, pero habrá que ver si, ante la incertidumbre que se presenta hacia el futuro, más el plan platita que generó una gran expansión monetaria y está pasando la factura en una tasa de inflación que supera el 3,5% mensual. Incluso, si se miran los datos de ingresos fiscales de octubre y el financiamiento vía emisión monetaria que tuvo el tesoro, la principal fuente de financiamiento del tesoro fue la emisión con $352.712 millones y el segundo lugar lo tiene el IVA con 285.669 millones de pesos.
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Todo esto se puede traducir en un fuerte aumento de la brecha cambiaria por aumento del blue, corriendo el riesgo de problemas de corridas en el sistema financiero.
Cuánto más tarde el Gobierno en definir su propia interna, más incertidumbre y más riesgo de desborde cambiario y financiero.
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Si el Gobierno quisiera empezar a poner en línea las tarifas de los servicios públicos, el impacto sobre los bolsillos de la gente sería muy fuerte y tendría que compensar ese golpe con menor presión tributaria. Es decir, baja de impuestos. No se lo ve al gobierno con deseos de bajar la presión impositiva.
Tampoco se ve cómo hará la población para sobrellevar durante dos años más el desborde de este caos económico con inflación, desocupación, pobreza y ausencia de inversiones.
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En síntesis, el Gobierno queda debilitado políticamente con el resultado electoral, sin reservas en el BCRA, con un descontrol monetario, fuerte distorsión de precios relativos con el tipo de cambio atrasado y las tarifas de los servicios públicos y un nivel de gasto público que ya no puede financiarse.
En lo coyuntural es una gestión sin credibilidad para asumir el costo político de ordenar las variables económicas, pero sobre todo para generar confianza y revertir el rumbo de colisión que lleva la economía.
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