El papa Francisco, los curas villeros y el padre Carlos Mugica

El sacerdote que fundó la capilla Cristo Obrero en la Villa 31 de Retiro fue asesinado en 1974. El pasado jueves hubiera cumplido 91 años

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Carlos Mugica
Carlos Mugica

En este nuevo aniversario del nacimiento del Padre Carlos Mugica, el Equipo de Curas de Villas y Barrios Populares de Provincia y Ciudad de Buenos Aires, fieles intérpretes del pensamiento del Papa Francisco, emitieron un comunicado recordándolo y remarcando que “los dramas irresueltos de la vivienda y el trabajo representan hoy un grito estremecedor y creciente”.

El Padre Carlos

Si estuviera vivo el pasado jueves 7 de octubre habría cumplido 91 años el Padre Carlos Mugica, mártir católico fusilado por la Triple A en la noche del sábado 11 de mayo de 1974. Fue minutos después de celebrar misa junto a su pueblo en la parroquia San Francisco Solano de Villa Luro en esta capital. Este cronista estaba atizando la leña de la chimenea junto a un grupo de amigos preparados para pasar la noche del sábado en una quinta de Castelar y compartir un asado al día siguiente cuando cayó la brutal noticia. Murió el Padre Carlos Mugica, asesinado. Un enorme peso común y una unánime decisión de regresar a la capital.

Portador de un gran carisma, el joven sacerdote a quien apenas habíamos conocido en la Acción Católica recibió con entusiasmo las enseñanzas del memorable Concilio Vaticano II convocado por San Juan XXIII, reunido en el año 1959 y concluido durante el papado de San Pablo VI en el año 1965. El Concilio Vaticano y la Conferencia Episcopal de Medellín de 1968 produjeron una profunda renovación en la Iglesia católica mundial y en especial latinoamericana. Y Mugica, comprometido con el firme propósito de tomar ese camino, el camino de Jesucristo, hizo suya en la acción concreta y cotidiana la “opción preferencial por los pobres” que no consiste en una mera decisión racional sino entregarles el corazón. Y Mugica les entregó el corazón y la vida. Fundó en la Villa 31 de Retiro la parroquia Cristo Obrero e integró el Movimiento de sacerdotes para el Tercer Mundo y compartió los predicados de la Teología del Pueblo (Scannone, Methol Ferré, Galli, Gera, Bergoglio y otros). Tiempos de dictaduras en la Argentina cuando grupos de sacerdotes condenaban la opresión y los males que soportábamos los argentinos y no eran pocos seminaristas que abandonaban la vocación para integrarse a la militancia política. El regreso del General Juan Perón el 17 de noviembre de 1972 tras 17 años de exilio -a quien Mugica conoció en Europa- provocó su adhesión al peronismo y su relación con algunos jóvenes líderes de la JP a quienes más adelante criticó públicamente repudiando la violencia. Las circunstancias políticas particularmente conflictivas más su propia exposición y participación fiel y amorosa en la defensa de la comunidad de la Villa 31 fueron -a juicio de este cronista- determinantes de su cruel asesinato.

El influjo incuestionable de Carlos Mugica -más allá de cualquier discrepancia- se siente con mayor intensidad ahora cuando los barrios pobres se extienden como manchas de aceite en la periferia de casi todas las grandes urbes argentinas. Y muchos de sus pensamientos como el profundo sentido de la comunidad cristiana, el caminar junto al pueblo, la búsqueda de Dios en la piedad popular, el servicio y el amor mutuos entre los hermanos y con el extranjero, están plasmados más de cuarenta años después universalmente en las enseñanzas nucleares del Papa Francisco y encarnadas en centenares de curas de Villas y Barrios populares en Latinoamérica. Por lo que el Padre Carlos Mugica está más vivo que nunca.

La vivienda y el trabajo: asignaturas pendientes

Los curas en su comunicación a propósito del aniversario del Padre Mugica centraron su discurso en la realidad actual: la falta de viviendas y la falta de trabajo.

Sostienen que “cada día los alquileres tienen requisitos inalcanzables para más gente. Comprar un terreno o una vivienda representa una empresa absolutamente desproporcionada para el sueldo promedio de un obrero, y estamos hablando de alguien que tiene un trabajo formal, pero se cuentan de a millones las argentinas y argentinos que no lo tienen”.

Y agregan: “Hace pocos días un desalojo en la villa 31 mostró al país una escena cruel: una nena llorando porque le rompieron el inodoro. Lo concreto de ese llanto permitió al país entrever algo del dramatismo de la vida de los pobres”.

Y remarcan: “Es lamentable que no haya más fallos que obliguen a cumplir el derecho a la vivienda digna consignado en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, en lugar de fallos judiciales que sigan ordenando desalojos.”

En opinión de este cronista ese magistrado representa la indiferencia ante el caído, la imagen del moderno fariseo que cree que siguiendo la regla “dura lex sed lex” -propia del individualismo y ajena al amor interhumano- se hace justicia, en especial, cuando se trata de aplicarla condenando civil o penalmente a los más pobres.

Como afirman los religiosos en su comunicado “la economía liberal y el progresismo cultural no le hacen justicia al deseo de vivir bien que tienen los más pobres y pequeños de nuestro país”.

Dice en Laudato si’ el Papa Francisco que el tema de la vivienda y en especial de las viviendas de barrios precarios, y el de la reconstrucción o construcción de viviendas es el tema del espacio, “del espacio donde transcurre la existencia de las personas” y afirma: “En nuestra habitación, en nuestra casa, en nuestro lugar de trabajo y en nuestro barrio usamos el ambiente para expresar nuestra identidad”, es decir, para ser. (“Ecología de la vida cotidiana”, LS párr. 147 a 155).

La falta de trabajo -digo- es sufrir hambre, desalojos, embargos y ser despojado del respeto y la dignidad que todo ser humano merece, es ser reducido a la nada. El trabajo junto al derecho a un lote de tierra y un techo son derechos humanos, sagrados e inalienables de todos los habitantes a cuyo acceso el Estado debe garantizar.

“La Biblia nos recuerda -dice el Santo Padre Francisco -que Dios escucha el clamor de su pueblo y quisiera yo también -prosigue diciendo el Papa -volver a unir mi voz a la de ustedes: las famosas ‘tres T’: tierra, techo y trabajo, para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la Tierra” (del disc. Papa Francisco, II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, jueves 9 de julio de 2015).

¡Hipócritas! (Mateo 23-15)

Pensadores liberales y periodistas repetidores van a decir que difundir la queja de la niña es un “golpe bajo” del “pobrismo”. Cómo si advertir a la comunidad sobre las enfermedades fuera hacer “enfermismo” e “ignorantismo” denunciar la falta de educación. Acaso no son estas otras modalidades del “populismo” que el ideólogo liberal Loris Zanatta todavía no descubrió en su afán de “tapar” la realidad de la exclusión, la enfermedad y la ignorancia. ¡Liberales y neoliberales hipócritas!

Se pregunta este cronista: ¿Y qué se puede decir de los que se dicen cristianos o justicialistas para llegar al poder y enriquecerse desde el Estado causando más pobreza? ¿Por qué liberales y peronistas neoliberales no abandonan patrióticamente los conflictos? (que solo apuntan a determinar quién se queda con la torta para aumentar las obscenas colecciones de propiedades y cuentas of shore), y debaten ¿cómo superar el proceso de pobreza estructural que arrastramos ininterrumpidamente durante los últimos 66 años de nuestra historia?

Afirman con razón los Curas que “nuestro país ha entrado hace décadas en una espiral de empobrecimiento cada vez mayor, al tiempo que es cada vez mayor la concentración de la riqueza y la desigualdad social”.

Firman la carta que comentamos del Equipo de Curas de Villas y Barrios Populares de Provincia y Capital, el obispo Gustavo Carrara, los sacerdotes Andrés Benítez, Guillermo Torre, Agustín López Solari, Lorenzo De Vedia, Juan Isasmendi, Lucas Walton, Tano Angelotti, José María Di Paola y otros referentes de asentamientos de la Capital Federal y el conurbano.

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