
La Embajada de los Estados Unidos habrá tenido una semana agitada tratando de explicar las idas y vueltas provocadas por las declaraciones del ministro Felipe Solá sobre el contenido de la conversación entre el Presidente Fernández y el Presidente electo de los Estados Unidos, John Biden.
Los dichos desataron una catarata de trascendidos originados todos en la Casa de Gobierno para desmentir el contenido, y en especial, las referencias al Director del FMI Mark Rosen. El Presidente Fernández utilizó uno de sus múltiples diálogos con la prensa para calificar los dichos de “muy imprudentes”. La intensidad de la arremetida y la decisión de hacer público el enojo le otorgaron una inusitada gravedad que no condecía con la substancia de la entrevista.
Las manifestaciones contra el FMI y el Gobierno de Trump fueron siempre parte del discurso del Frente de Todos desde el momento de la firma del Acuerdo en mayo de 2018. El argumento podía justificarse durante la campaña electoral pero también continuó utilizándose con el mismo entusiasmo una vez asumida la responsabilidad de gobierno como una supuesta presión sobre el organismo pero también para marcar los límites. La vicepresidente Cristina Kirchner ya en el mes de febrero solicitó una reducción de la deuda y ante la respuesta afirmó: “Sin comentarios. Los argentinos y las argentinas sabemos leer muy bien”. Los senadores también terciaron en la disputa con una carta donde se formula una severa crítica pidiendo la reducción de intereses, postergación de los pagos y extensión de los plazos que recibió el respaldo del Presidente Fernández. Solo faltó quizás por olvido la solicitud de condonación de la deuda.
La crítica del ministro Solá a Mark Rosen sólo sumó una ficha más a la política desplegada por cada uno de los sectores del Frente de Todos para presentarse como un férreo opositor a negociar con el FMI aún sabiendo que en algún momento será necesario cerrar un nuevo acuerdo que demandará la aprobación legislativa. La carismática directora Georgieva Kristalina y el cambio de liderazgo en los Estados Unidos brindan una oportunidad para mostrar un escenario simpático a un arreglo que deberá contener un horizonte para alcanzar el equilibrio macroeconómico.
La excepcional reacción contra el ministro Solá solo puede entenderse en la confusión sobre el manejo de las relaciones con los Estados Unidos donde todos tratan de aparecer como intermediarios e influyentes sin perder de vista las críticas. El desorden comenzó muy temprano al designar un Embajador al cual se le asignó tareas que le requieren pasar más tiempo arriba del avión que dedicado a su función específica de vincularse con la estructura de poder para lo cual hubo que contratar al lobista Thomas Shannon para suplir ese déficit. En la lista también está el Secretario de Asuntos Estratégicos Gustavo Beliz por el solo hecho de haber residido en Washington cuando era funcionario del BID o Sergio Massa por su relación con Rudolph Giuliani, el abogado de Trump para sabotear el resultado de las elecciones, en temas de seguridad.
La experiencia indica que los Estados Unidos tienen instituciones que responden a un organigrama. El Ministro de Economía constituye el único interlocutor reconocido por el Secretario del Tesoro de los EE.UU. o los organismos financieros para el tratamiento de los temas específicos. A pesar de los esfuerzos de otras áreas para inmiscuirse en lo que quizás pueda ser en esta coyuntura el tema más importante entre los dos países, el Ministro de Economía -que cuenta con sus propios representantes- es quien coordina el diálogo con las autoridades pertinentes.
Las relaciones con los Estados Unidos constituyen un problema por la falta de definición política. Mucho está dicho en las publicaciones de la Casa de Gobierno como “El futuro después del COVID-19” o en los libros de política exterior del Instituto Patria. En ninguno de los casos el panorama es auspicioso a pesar del esfuerzo del Presidente Fernández de invocar como intermediario al Papa Francisco o proponerse como líder en la cruzada contra la desigualdad en el Continente. En la medida en que no haya una efectiva coordinación y continúen los reparos o los velados cuestionamientos será muy difícil encarar una relación constructiva más allá de quien conduzca los destinos del país del norte.
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