
El presidente Alberto Fernández aseguró que “lo que nos hace evolucionar o crecer no es el mérito”. Todo lo contrario a lo que planificaron para el desarrollo y el crecimiento de nuestra patria Juan Bautista Alberdi y Domingo Sarmiento. Son las ideas de estos dos próceres de nuestra Argentina las que hicieron grandes a los países desarrollados y más avanzados del mundo.
La clave del país es hacer que prevalezca la meritocracia. En las cátedras universitarias, en la justicia, en la administración pública y en la política.
¿Qué es lo contrario a la meritocracia? El acomodo, el privilegio, los cortesanos. Los protegidos del poder.
Acá hay dos concepciones que se enfrentan después de los dichos del Presidente: la degradación cortesana frente a la meritocracia republicana.
La clave es que pongamos a los mejores y a los más esforzados, los más valiosos, los más sanos, los más honestos. Es el criterio de la Constitución, la idoneidad.
En la Rusia comunista los beneficiados son los secretarios del partido, sus hijos y sus familias. Por eso en los regímenes comunistas, como Corea del Norte o Cuba, la movilidad social está vinculada a la consanguinidad.
En el marco de la libertad se evitan los manejos opacos, oscuros y fruto del privilegio. Esa fue la gran conquista del mundo de las constituciones de la libertad. Un mundo de transparencia, mérito y esfuerzo es lo que permite la movilidad social y el progreso de todos los ciudadanos, sin importar su origen, su lugar de nacimiento, su color de piel o sus creencias religiosas. Es la movilidad sarmientina y alberdiana.
Ese es el espíritu de nuestra Constitución: republicana, representativa y federal.
Lamentablemente, en la Argentina de Alberto y Cristina, no se premia el esfuerzo, el mérito, la capacidad, la honorabilidad, la preparación. En la Argentina del populismo, todos estos atributos se censuran.
Nadie se imagina al presidente Emmanuel Macron en Francia, o a Luis Lacalle Pou en Uruguay, realizando un discurso que censure el mérito, el esfuerzo, la inteligencia y el saber científico.
Con todas mis ganas, voy a dar este debate cultural. Porque es el corazón de lo que hay cambiar en la sociedad argentina.
El autor es economista y dirigente político de Encuentro Republicano
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