La región boscosa del caldenal, que abarca las provincias de La Pampa, Buenos Aires y San Luis podría estar amenazada. Una especie exótica, conocida también como invasora, se las han arreglado para fortalecerse a través de las nativas. Un estudio reveló la forma en que las plantas invasoras vencen la resistencia de las nativas con la ayuda del ganado y del árbol dominante del ecosistema, el caldén.

María Eugenia Estanga Mollica, investigadora de la Facultad de Agronomía de la UBA,  analizó cómo la acción del ganado, junto con la presencia del caldén —árbol que da nombre al ecosistema— propicia el establecimiento, crecimiento y persistencia de la hierba invasora exótica Chenopodium album, o quínoa blanca, en zonas rurales boscosas cercanas a la ciudad de Santa Rosa, en la provincia de La Pampa.

Las especies exóticas no sólo afectan a esta región, en el mundo son un gran problema. Como para darse una idea de la magnitud, el daño total por especies exóticas invasoras es de aproximadamente USD 1,4 trillones anuales, lo que equivale al 5% del producto bruto mundial. Y, en la Argentina, se calcula que llega casi a los USD 3400 millones de dólares, el 0,63% del PBI. Estas cifras se conocieron la semana pasada durante un taller que se realizó en Buenos Aires.

Aunque el estudio en el caldenal no calcula el impacto en términos económicos, la investigadora le indicó a Infobae que la situación empeora el panorama general: "Es necesario conservar el bosque y si bien existe una ley, se está degradando mucho, por el uso de la ganadería intensiva, por el avance de la frontera agrícola".

Este ecosistema es muy rico e incluye gatos monteses, los pumas, las vizcachas y las maras. En áreas abiertas también se pueden encontrar ñandúes y guanacos, y sus prácticas productivas incluyen ganado vacuno, equino y ovino.

"Nuestros resultados sugieren que los pastos nativos son la principal resistencia a la hierba invasora. Sin embargo, la quínoa blanca encuentra la forma de establecerse y prosperar bajo los caldenes. Esto sucede ya que las vacas del bosque buscan la sombra del árbol y dañan las gramíneas nativas con su pisoteo. Así, la quínoa blanca sacaría ventaja de las condiciones ambientales favorables que genera el caldén", explicó.

Las semillas de esta planta exótica llegaron a fines del siglo XIX, se cree que como muchas otras especies con semillas de interés económico, como la alfalfa, por ejemplo. "Ya se sabe que provienen de Europa, por su tamaño pueden haber mezclado con otras en forma accidental y luego haber sido sembradas, por eso los problemas se relacionan con las pasturas", apuntó la investigadora.

"Observamos que el suelo bajo los árboles es más rico en materia orgánica, agua y nutrientes. Además, vimos que la sombra de los caldenes amortigua la temperatura y la radiación. Estas condiciones ambientales son favorables para la invasora. Para invadir la quínoa blanca necesita espacios libres de vegetación herbácea o, al menos, niveles bajos de abundancia de gramíneas nativas", señaló.

Diego Moreno, secretario de Política Ambiental en Recursos Naturales de la cartera nacional de Ambiente, indicó la semana pasada durante un taller con representantes provinciales la preocupación por la temática: "Es fundamental trabajar en forma más integrada la temática porque lo que necesitamos es instalar el tema como un problema en la sociedad; y también comunicar mejor iniciativas que se proponen, sobre todo cuando hay acciones de control o erradicación que se deben abordar anticipadamente desde la comunicación".

Casos concretos

Durante el taller, se introdujo a los participantes en la problemática tanto biológica como social de las especies exóticas invasoras, que en Argentina han sido detectadas como amenazas importantes para la conservación de la biodiversidad. Se trata de unas 716 especies registradas de plantas, animales algas y hongos con potencial invasor y capaces de generar impactos negativos.

Considerando casos concretos, se estima que el Estado pierde más de USD 66 millones al año por el impacto del castor en los ecosistemas fueguinos; los daños generados por el jabalí en la producción alcanzan los USD 1.380 millones anuales; la pérdida económica asociada al mosquito es de USD 23,633 millones por año; y la proyección del impacto del estornino sobre la producción frutícola supera los USD 130 millones anuales.

"Es una temática transversal que podemos trabajar a nivel federal porque nos involucra a todos en los distintos ámbitos en los que tenemos que actuar", afirmó Moreno y agregó: la cartera de Ambiente nacional trabaja en una estrategia nacional de estas especies para promover la generación de políticas públicas que minimicen el impacto de las invasiones biológicas sobre la biodiversidad, la cultura, la economía y la salud.