
En Argentina, el costo de la logística es un factor determinante que va a definir la competitividad del país, tanto en el ámbito local como internacional. La logística, que abarca el transporte, almacenamiento y distribución de productos, enfrenta diversos desafíos que incrementan significativamente su costo.
Factores como la infraestructura deficiente, el elevado precio de los combustibles, la alta carga tributaria y las complejas normativas aduaneras influyen directamente en los costos operativos. Además, la volatilidad económica, caracterizada por la inflación y la devaluación del peso, suma un nivel de incertidumbre que complica aún más la planificación de las empresas logísticas.
Claves: red vial y contexto previsible
Uno de los pilares fundamentales de la logística es sin duda la infraestructura, esto incluye tanto la infraestructura física, como carreteras, puertos, aeropuertos, depósitos, centros de distribución, y también la infraestructura tecnológica, que facilita la gestión y el seguimiento de los productos.
Una infraestructura bien planificada y de calidad puede reducir costos, mejorar tiempos de entrega y optimizar el servicio al cliente, lo cual es crucial para mantener la competitividad en el mercado. Ahora, ¿qué pasa si el Estado falla?
La Federación de Empresas del Autotransporte de Cargas (FADEEAC), una voz protagonista del sector, detectó que el 46,6% de las rutas argentinas está en mal estado, causando retrasos en las entregas, aumentando costos y llevándonos a la irremediable pérdida de competitividad.
Por otro lado, el panorama económico es otro aspecto que influye en las operaciones logísticas. Factores como la inflación y la variabilidad de los precios del combustible alteran los costos de transporte constantemente.
Esto afecta tanto a proveedores de logística como a quienes dependen de sus servicios. Mientras que los bienes ajustan sus precios según la inflación, los costos logísticos están sujetos a otros factores, siempre muy por arriba de esos índices (ruedas, lubricantes, lonas, partes de motor, etc.), lo que genera un desbalance que requiere soluciones constantes.
Costos logísticos “ocultos”
En regiones como el sur del país, donde la zona productiva abarca grandes extensiones, la logística enfrenta retos adicionales. Uno de estos retos tiene que ver con el alto costo del combustible debido a las condiciones climáticas extremas, ya que cuando un camión se enfrenta a un viento fuerte, ya sea de frente (viento en contra) o lateral (viento cruzado), aumenta la resistencia aerodinámica. Esto significa que el motor debe trabajar más para mantener la velocidad, lo que consume más combustible. Si el viento sopla en contra, el camión tendrá que hacer más esfuerzo para avanzar, lo que eleva el consumo de combustible como también puede causar inestabilidad en el camión, especialmente en vehículos de gran tamaño y con remolques.

Otro costo a tener en cuenta son las cadenas para nieve. Este tipo de insumos son esenciales en condiciones extremas, ya que mejoran la tracción de las ruedas y ayudan a evitar deslizamientos, aumentando la seguridad en carreteras resbaladizas.
Las interrupciones en las rutas, causadas por el mal tiempo o las inclemencias del clima, pueden afectar no solo a las empresas locales, sino también a las cadenas de suministro internacionales. Los retrasos en la entrega de productos esenciales pueden generar un efecto dominó que impacte a varios sectores de la economía.
El rol del Estado
Ante estas complejidades, el Estado debe invertir en logística mejorando la infraestructura (carreteras, puertos, aeropuertos), invirtiendo en tecnología, dando formación, y sostenibilidad, así como optimizando la cadena de suministro. Esto reduce costos, mejora la eficiencia y fortalece la competitividad.
En resumen, un país sin una red de logística fuerte, sin sus recursos humanos capacitados y sin la intervención del Estado mejorando sus rutas va a experimentar mayores costos, menor competitividad, ineficiencia en la distribución de productos y un freno al desarrollo económico.
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