
En 2020 se viralizó en redes sociales un video en donde se observaba cómo Mincho, un delfín nariz de botella (Tursiops aduncus), sufrió un lamentable accidente durante un espectáculo de entretenimiento: mientras realizaba una acrobacia, cayó fuera de la piscina y se golpeó fuertemente contra el piso de concreto. Un año después, se dio a conocer que Mincho murió por un cáncer que padecía, mientras permanecía todavía en cautiverio esperando su reubicación que le permitiría la libertad.
El indignante video generó movilizaciones que exigían justicia para Mincho y para todos los delfines en México que son víctimas de maltrato animal a causa de la industria del entretenimiento y el turismo, que permite la existencia de delfinarios donde estos mamíferos marinos —que regularmente nacen en cautiverio— son explotados para realizar espectáculos.
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Caso Mincho abrió una revisión sobre los delfinarios
Tras los hechos, activistas señalaron que Mincho padecía problemas oculares antes del accidente. Aun con esa condición, el delfín participaba en ejercicios acrobáticos frente a visitantes. El caso también expuso cuestionamientos sobre los controles médicos, la supervisión de las autoridades y la trazabilidad de los ejemplares en cautiverio.
La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) realizó inspecciones al lugar donde se detectaron irregularidades en el delfinario. Entre ellas se encontraban la realización de acrobacias sin autorización, la participación de delfines bajo tratamiento médico sin aval veterinario y el exceso de personas durante las interacciones con los animales.
La sanción determinada por la Profepa derivó en la clausura total y definitiva del establecimiento, además de una multa de 7 millones 500 mil pesos. Mincho fue trasladado después a Cancún, a un centro operado por la misma empresa, pero su libertad, fuera de las instalaciones de concreto, nunca se concretó.
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El caso impulsó una campaña ciudadana que tomó el nombre del delfín. La propuesta exigía frenar la reproducción de mamíferos marinos en cautiverio, impedir la apertura de nuevos delfinarios, limitar el contacto directo con personas y establecer mecanismos de identificación para evitar la sustitución de animales tras una muerte.

La Ley Mincho prohíbe espectáculos y reproducción en cautiverio
La reforma al artículo 60 Bis de la Ley General de Vida Silvestre entró en vigor en julio de 2025. La modificación prohíbe la reproducción de mamíferos marinos bajo cuidado humano y restringe los espectáculos que los utilizan como entretenimiento.
La legislación representa un cambio para una industria que durante décadas mantuvo delfines en albercas de concreto para realizar acrobacias, nadar con visitantes y participar en actividades turísticas. En México permanecen más de 300 mamíferos marinos en cautiverio, de acuerdo con estimaciones de organizaciones defensoras de los animales.
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La reforma, conocida públicamente como Ley Mincho, no resolvió de inmediato el destino de los animales que ya vivían en delfinarios. El reto pasó a ser la reubicación, la atención veterinaria y la creación de espacios que permitieran mejores condiciones para ejemplares que no pueden volver directamente al océano.
En el caso de Mincho, la espera se prolongó dentro de Dolphin Connection Cancún, ubicado en Ventura Park. El parque acuático permanecía cerrado desde 2025, pero el delfín continuaba en el lugar junto con otros ocho ejemplares: Solei, Oceanía, Diego, Squalo, Flex, Apolo, Solomon y Satu.

Mincho muere a los 37 años antes de ser trasladado
Durante 2026, organizaciones civiles alertaron que los nueve delfines del sitio padecían enfermedades crónicas. Los reportes señalaban problemas gastrointestinales, respiratorios, hematológicos, bucales, oculares, metabólicos y de la piel, además de lesiones dentales, tumores y conductas repetitivas asociadas con el encierro.
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Mincho tenía 37 años y padecía un carcinoma en la lengua. La enfermedad avanzó mientras permanecía bajo resguardo de la Profepa, a la espera de un plan que permitiera trasladarlo a instalaciones de atención especializada.
El delfín murió el 30 de octubre de 2026. La necropsia determinó que el carcinoma se había extendido a otros órganos, un proceso de metástasis que redujo su respuesta a los tratamientos médico-veterinarios.
Su muerte ocurrió antes de que pudiera ser llevado a un corral marino, una alternativa planteada para los animales que no son candidatos a una liberación en mar abierto. Estos espacios permiten que los delfines vivan en agua salada, con corrientes, mareas y estímulos distintos a los de un tanque cerrado.
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La discusión sobre Mincho no terminó con la reforma legal ni con la clausura del sitio donde sufrió el accidente. Su caso mantiene la atención sobre los ocho delfines que siguen en Dolphin Connection Cancún, donde esperan una reubicación y atención veterinaria fuera de las albercas de concreto.
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