La primera vez que México vio la cara de “El Chapo” Guzmán: así lo reveló Jacobo Zabludovsky

El documental 'Operación Cisne Negro' recupera el archivo de 1993 en que el noticiero 24 Horas difundió por primera vez el rostro del narcotraficante sinaloense, junto a una recompensa de cinco millones de dólares

Antes del 24 de mayo de 1993, El Chapo Guzmán operaba desde las sombras. (Infobae)
Antes del 24 de mayo de 1993, El Chapo Guzmán operaba desde las sombras. (Infobae)
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En 1993, el rostro de Joaquín “El Chapo” Guzmán era prácticamente desconocido para México. Un cardenal muerto a tiros en el aeropuerto de Guadalajara cambió eso: aquella tarde del 24 de mayo, Jacobo Zabludovsky presentó en el noticiero 24 Horas el primer retrato hablado del narcotraficante sinaloense, junto con una recompensa de cinco millones de dólares.

El documental Operación Cisne Negro, estrenado el 27 de octubre de 2026 en la plataforma Vix, recupera ese fragmento de archivo como el instante en que el fantasma se volvió rostro.

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Antes de ese día, Guzmán Loera operaba desde las sombras. No había fotografías suyas en circulación pública ni su nombre estaba aún en los noticieros nocturnos. Era un pistolero del Cártel de Guadalajara que había ascendido en silencio, primero como operador de Miguel Ángel Félix Gallardo y luego como socio de Ismael “El Mayo” Zambada en Sinaloa.

El asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo le arrebató su invisibilidad de golpe.

El cardenal, el Grand Marquis blanco y la confusión que costó 38 disparos

Muerte de Posadas Ocampo habría sido un crimen de estado
Muerte de Posadas Ocampo habría sido un crimen de estado (Infobae)

El 24 de mayo de 1993, a las 15:45, el cardenal y arzobispo de Guadalajara llegó al aeropuerto Miguel Hidalgo para recoger al representante de la Santa Sede en México, Girolamo Prigione. Iba en un Grand Marquis blanco, el mismo modelo y color que usaba El Chapo Guzmán ese día.

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Sicarios del Cártel de los Arellano Félix llevaban cinco días en Guadalajara buscando a Guzmán Loera sin encontrarlo. Los habían enviado desde Tijuana con una sola instrucción: matar al jefe del Cártel de Sinaloa, su principal rival en la disputa por las rutas del narcotráfico hacia Estados Unidos.

Juan Jesús Posadas Ocampo (Foto: Twitter@TelevisaGDL)
Juan Jesús Posadas Ocampo (Foto: Twitter@TelevisaGDL)

Ese día ya habían comprado boletos de regreso en el vuelo 110 de Aeroméxico a las 16:00, convencidos de que la misión había fracasado. Cuando vieron el Grand Marquis, creyeron haber localizado a su objetivo. Dos gatilleros —apodados El Negro y El Güero Jaibo— rodearon el vehículo y abrieron fuego con rifles AR-15 y AK-47, disparando en ráfaga desde menos de un metro de distancia. Posadas Ocampo recibió 38 disparos, 14 en su cuerpo. Su chofer, Pedro Pérez Hernández, también murió.

El Chapo estaba cerca. Según reconstrucciones del caso, al escuchar los disparos se tiró al piso y, “rodando y a gatas”, se metió al edificio del aeropuerto y huyó. Los sicarios de los Arellano Félix no llegaron a verlo.

El procurador general Jorge Carpizo salió ante los medios esa misma tarde. La versión oficial fue una confusión de vehículos. Fuera verdad o no, la consecuencia fue inmediata: el Estado mexicano tenía que dar una respuesta visible, y esa respuesta comenzó con nombres y rostros.

“Estos son sus retratos hablados”

Retrato hablado del narcotraficante. (YouTube: NMás/Captura de pantalla)
Retrato hablado del narcotraficante. (YouTube: NMás/Captura de pantalla)

Esa noche, Jacobo Zabludovsky tomó el micrófono en 24 Horas, el noticiero más visto de México. Lo que dijo quedó grabado en archivo: el Gobierno ofrecía quince millones de nuevos pesos —cinco millones de dólares— por información que condujera a la captura de cuatro narcotraficantes. Luego vinieron las imágenes.

“Estos son sus retratos hablados. Estos son sus rostros”, anunció Zabludovsky.

En pantalla aparecieron dibujos de fisionomía policial. Uno correspondía a Joaquín Guzmán Loera, con bigote oscuro y cabello peinado hacia los lados. Junto a él, Héctor “El Güero” Palma también aparecía. La locución pedía a la ciudadanía comunicarse a la Procuraduría General de la República al teléfono 626-40-00 y prometía respetar el anonimato del denunciante.

Retrato hablado del narcotraficante. (YouTube: NMás/Captura de pantalla)
Retrato hablado del narcotraficante. (YouTube: NMás/Captura de pantalla)

Era la primera vez que millones de mexicanos tenían una imagen —aunque fuera dibujada— del hombre que controlaba una de las rutas de cocaína más lucrativas del continente.

CNN documentó después que esa exposición pública obligó a Guzmán a huir a Guatemala, donde según reportes periodísticos pagó 1.2 millones de dólares al ejército guatemalteco para que lo protegiera. No sirvió de mucho: fue capturado en junio de 1993 y trasladado a México, donde quedó recluido en el penal de máxima seguridad de Almoloya, en el Estado de México, y luego transferido a Puente Grande, en Jalisco.

La fuga que selló la sociedad criminal con El Mayo Zambada

Lo que siguió a esa captura es, según el testimonio de Reynaldo Zambada García —hermano de El Mayo— ante una corte federal en Estados Unidos, una historia de lealtad entre compadres.

Ocho años después de la captura, a mediados de enero de 2001, El Mayo mandó a llamar a su hermano. “Tenemos que irnos porque mi compa Chapo va a salir de la cárcel”, le dijo, según relató Rey Zambada en el juicio federal contra Guzmán Loera en Brooklyn. Cuando le preguntó cuándo saldría, la respuesta fue directa: “Se va a fugar”. Este episodio también ha sido retomado recientemente en la docuserie La Caída de El Mayo, en Netflix.

La ruta de 'El Chapo' Guzmán antes de ser detenido en Guatemala
La ruta de 'El Chapo' Guzmán antes de ser detenido en Guatemala (Infobae)

El 19 de enero de 2001, un día después de que la Suprema Corte de Justicia aprobara las extradiciones a Estados Unidos —el mayor miedo de Guzmán Loera— El Chapo desapareció de Puente Grande en un carro de lavandería, con la complicidad de Dámaso López, entonces subdirector de seguridad del penal.

Rey Zambada recibió la instrucción de encontrar un lugar seguro donde pudiera aterrizar un helicóptero. “A las siete de la mañana apareció el helicóptero y el Chapo viene”, relató ante la corte. “Mi hermano estaba feliz”.

El encuentro entre El Mayo y El Chapo no fue solo un reencuentro entre compadres. Fue una negociación. Guzmán reconoció que en ese momento no le estaba yendo bien económicamente; El Mayo, que durante los ocho años de encarcelamiento de su socio había consolidado el control del Cártel de Sinaloa, tenía el poder y el dinero. La oferta fue concreta: “De cada kilo de cocaína que reciba de Colombia, te voy a dar la mitad”.

Ese acuerdo, sellado en algún punto de la sierra sinaloense en los primeros días de 2001, fue el origen de la sociedad criminal que durante más de dos décadas controló la mayor parte del tráfico de cocaína, heroína y fentanilo hacia Estados Unidos.

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