Millennial, la generación de la terapia

Los millennials normalizaron hablar de salud mental, pero la precariedad laboral, la incertidumbre económica y la hiperconectividad mantienen a esta generación bajo una presión constante

El Dr. Salvador Guerrero Chiprés es el Coordinador General del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano.
El Dr. Salvador Guerrero Chiprés es el Coordinador General del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano.
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Los millennials avanzaron en la ruptura del tabú sobre la salud mental. Normalizaron ir a terapia, hablar de ansiedad e identificar traumas, pero esa apertura convive con un entorno que los mantiene al límite. El burnout, la precariedad laboral, las dificultades para acceder a una vivienda y la hiperconectividad han convertido el estrés en una constante para buena parte de esta generación.

En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado cada 10 de octubre, esta paradoja encuentra una expresión concreta en los registros del C5 de la Ciudad de México. Una cuarta parte de las más de 47 mil llamadas a la línea de emergencias 9-1-1 relacionadas con la salud mental corresponde a la generación millennial. Entre los motivos reportados figuran crisis emocionales vinculadas con violencia familiar, tentativas suicidas y alteraciones nerviosas.

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La frecuencia con la que este grupo recurre a los servicios de emergencia pone sobre la mesa la fragilidad de su entorno. Cuando las preocupaciones financieras, la incertidumbre laboral y la sobrecarga de responsabilidades se acumulan, el desgaste emocional puede trasladarse a la convivencia cotidiana. En esos casos, el hogar, que debería ser un espacio de descanso y seguridad, también puede convertirse en escenario de tensiones y conflictos.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han ofrece una perspectiva para comprender esta dinámica con su concepto de la sociedad del cansancio. En su análisis, el sujeto contemporáneo se somete a una exigencia constante de rendimiento y autorrealización, hasta convertirse en su propio explotador.

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Bajo el imperativo de la productividad, la búsqueda de éxito deja de ser una aspiración personal para transformarse en una obligación permanente, con consecuencias para el bienestar físico y emocional.

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A esta presión se suma la incertidumbre descrita por el sociólogo Zygmunt Bauman mediante el concepto de modernidad líquida. La inestabilidad de los vínculos, la fragilidad de las certezas y la transformación constante de los mercados laborales dificultan la construcción de proyectos de vida duraderos.

Para los millennials, estas condiciones pueden traducirse en una sensación persistente de inseguridad y en la necesidad de resolver individualmente problemas que también tienen raíces sociales y estructurales.

En este contexto, reconocer la importancia de la salud mental es un avance, pero no basta con hablar de ansiedad o normalizar la terapia. También es necesario que existan servicios accesibles, atención oportuna y mecanismos de prevención capaces de responder a las necesidades de la población antes de que una crisis se convierta en una emergencia.

Por ello, las políticas públicas orientadas al bienestar emocional adquieren relevancia. En la Ciudad de México, el programa “Vida Plena, Corazón Contento”, impulsado por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, busca ampliar la atención en salud mental y fortalecer las acciones de prevención. Su alcance y sus resultados deberán valorarse a partir de la cobertura, la accesibilidad y la capacidad de ofrecer acompañamiento oportuno a quienes lo necesitan.

Los millennials cambiaron la conversación sobre la salud mental y contribuyeron a que pedir ayuda dejara de ser motivo de vergüenza para muchas personas. Sin embargo, el siguiente paso consiste en convertir esa apertura en respuestas concretas: atención cercana, servicios disponibles y condiciones de vida que no condenen al agotamiento permanente.

Porque hablar de salud mental también implica reconocer que el malestar no siempre puede resolverse mediante la voluntad individual. La estabilidad económica, las condiciones laborales, la seguridad en el hogar y la posibilidad de construir un proyecto de vida influyen en el bienestar emocional.

Saber dónde pedir ayuda también forma parte del cuidado. En la Ciudad de México, las líneas de atención operadas por el C5 incluyen el 9-1-1 para emergencias, el 765 SOS Mujeres para situaciones de violencia contra las mujeres, el 089 para denuncias anónimas y el 55 5036 3301 para reportar casos de extorsión y fraude. De acuerdo con la información proporcionada, estos servicios están disponibles las 24 horas, los siete días de la semana.

Romper el silencio fue un primer paso. El desafío ahora es evitar que una generación que aprendió a hablar de lo que siente tenga que llegar al límite para recibir ayuda.

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