Protagonizó ‘Rojo Amanecer’ tras estar en Tlatelolco cuando ocurrió la matanza: así escapó con la sangre de su pareja

El 2 de octubre de 1968 quedó marcado como una trágica fecha en la historia del país

maria rojo, rojo amanecer -México- 29 septiembre
(Instagram)
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María Rojo, actriz protagonista de Rojo Amanecer, recuerda el 2 de octubre de 1968 desde la Plaza de las Tres Culturas: los helicópteros sobre Tlatelolco, una luz verde en el cielo, los disparos, la sangre de su entonces pareja y el miedo que, dice, todavía le provocan los soldados cada vez que vuelve a pensar en aquella noche.

A unos días de una nueva conmemoración de la matanza de Tlatelolco, se revivió la entrevista que la actriz dio en 2025 a La Trinchera de José Luis Arévalo.

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Ahí contó que acudió al mitin junto con su hermana Carmela, quien usaba muletas, y el actor Juan Allende, padre de su único hijo.

Rojo dice que conserva la memoria de aquel día como una sucesión de imágenes rotas: el edificio Chihuahua, la gente que corría, las bengalas, los militares que rodeaban la plaza y la dificultad de escapar con su hermana entre el caos.

La actriz asegura que, durante décadas, ha cargado con esa noche. “Estuve el 68 y no me mataron porque no me tocó”, afirma durante la conversación.

maria rojo, rojo amanecer -México- 29 septiembre
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María Rojo relata lo que vivió en Tlatelolco

El 2 de octubre de 1968, María Rojo llegaba de Xalapa. Formaba parte de la Compañía de Teatro de la Universidad Veracruzana y participaba en la Olimpiada Cultural con la obra El triciclo, del dramaturgo español Fernando Arrabal.

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En ese montaje compartía escena con Juan Allende. Ella y el actor interpretaban a dos personajes marginados, con ropa descuidada y una apariencia que, según recuerda, llamó la atención de los soldados cuando llegó a la Plaza de las Tres Culturas.

Su hermana Carmela, estudiante de Filosofía y Letras, le pidió que asistiera al mitin. Rojo explica que conocía el movimiento estudiantil desde Xalapa, aunque su cercanía con las movilizaciones también venía de casa.

Tlatelolco 2 octubre tres culturas
Memorial en la plaza de las Tres Culturas en honor a los jóvenes asesinados el 02 de octubre de 1968. (INAH)

“Yo era de las abajo firmantes”, dice. Su madre, maestra y lectora de periódicos, simpatizaba con la izquierda y acostumbraba hablar con sus hijas sobre política, literatura, cine y los hechos que cruzaban al país.

Rojo llegó a Tlatelolco acompañada por Allende. En la plaza encontró a su hermana, a la actriz Margarita Isabel, a Ana Ofelia Murguía y a integrantes del medio teatral que se habían sumado a la concentración.

La actriz describe la plaza como un cuadrado cercado. Desde el edificio Chihuahua, integrantes del Consejo Nacional de Huelga hablaban a los asistentes. De pronto, recuerda, alguien pidió disolver el mitin porque los soldados ya rodeaban el lugar.

“Estábamos rodeados de soldados. Toda la plaza”, cuenta María Rojo. Asegura que, mientras una joven del Politécnico hablaba, aparecieron las señales que marcaron el inicio del ataque.

“Se vieron tres bengalas en el cielo”, dice. “Pasó un helicóptero. Estaban pasando los helicópteros, pero este helicóptero en especial sacó una luz verde”.

La actriz recuerda que muchas personas voltearon hacia arriba. Después llegaron los disparos.

“Todos nos quedamos viendo y empezaron a disparar”, relata. También recuerda la aparición de hombres con un guante o una venda blanca en una mano y armas en la otra.

Fotografía de archivo fechada el 2 de octubre de 2019 de la marcha para conmemorar el aniversario de la masacre de estudiantes en México. EFE/Mario Guzmán/Archivo
Fotografía de archivo fechada el 2 de octubre de 2019 de la marcha para conmemorar el aniversario de la masacre de estudiantes en México. EFE/Mario Guzmán/Archivo

Una hermana con muletas en medio de los disparos

Rojo dice que no pudo correr. Carmela usaba muletas por las secuelas de la poliomielitis y quedó atrapada entre la multitud que buscaba una salida.

Un soldado las obligó a tirarse al suelo. La actriz perdió sus lentes. Era miope y, sin ellos, intentaba entender qué ocurría mientras escuchaba los tiros alrededor.

“Yo le decía a Juan: ‘Han de ser balas de salva’”, recuerda. No entendía todavía la dimensión de lo que ocurría ni el nivel de violencia que se había desatado en la plaza.

Después, los llevaron detrás del edificio Chihuahua, cerca de una zona de instalaciones eléctricas. Ahí permaneció con su hermana y con un hombre herido, según su testimonio.

Tlatelolco multifamiliar portada
(vivirentlatelolco.blogspot)

Rojo afirma que el hombre llevaba un arma reglamentaria y un guante blanco. También recuerda que cantaba “La vida no vale nada” mientras permanecía en un charco de sangre.

La noche se prolongó. La actriz habla de personas con las manos en alto, de detenidos, de gritos y de jóvenes golpeados. Cuando intentó intervenir por Juan Allende, los soldados le respondieron que se fuera o también la subirían al tercer piso.

A Allende lo confundieron con Luis González de Alba. El actor llevaba barba, era alto y estaba caracterizado para la obra de Arrabal. Rojo asegura que les mostró su credencial e insistió en que no era la persona que buscaban.

No logró evitar que lo detuvieran. “Yo traía toda la sangre de Juan, de lo que lo habían golpeado”, cuenta.

La actriz dice que a su hermana le indignaba ver cómo golpeaban a los jóvenes. “Ay, pero si son unos niños, cómo los golpean”, recuerda que decía Carmela, mientras ella le pedía que guardara silencio.

La salida de la plaza y la búsqueda de Juan Allende

Rojo afirma que la zona permaneció cerrada durante horas. No encontraba la forma de sacar a su hermana con muletas y tampoco conseguía un taxi para alejarse de Tlatelolco.

Para lograr que Carmela abordara una ambulancia de la Cruz Roja, tuvo que decir que estaba herida. Esa fue la salida que encontró después de permanecer atrapada hasta cerca de la una de la mañana.

La actriz recuerda escenas que han permanecido en su memoria: una emergencia, un tinaco roto por las balas, personas que pedían detener los disparos y la presencia de mandos militares cuyos nombres todavía prefiere no mencionar.

Juan Allende fue trasladado al Campo Militar Número 1. Rojo salió de la plaza con la ropa manchada de sangre y comenzó una búsqueda que describe como “una tragedia griega”.

Su madre la vio por televisión mientras ayudaba a Carmela. Cuando finalmente llegó a casa, en la colonia Roma, aún no sabía qué había ocurrido con Allende ni cuánto tiempo permanecería detenido.

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Foto: tw/@tavojeda5

“Yo no había podido correr”, repite. Ese detalle atraviesa su relato: la imposibilidad de huir, el peso de las muletas de su hermana, la incertidumbre sobre Juan y el ruido de los disparos.

El miedo a los soldados permanece desde 1968

Durante la entrevista, José Luis Arévalo le pregunta cuál es su mayor miedo después de una vida dedicada al cine, al teatro, la televisión y la política. Rojo responde sin rodeos: “Yo sí le tengo miedo a los soldados”.

No habla de una figura abstracta. Habla de lo que vio en Tlatelolco, de los jóvenes golpeados, de las detenciones y de Juan Allende cubierto de sangre antes de que se lo llevaran.

“A un sistema militar del país sí me da miedo”, sostiene. “Es una cosa… además, mi mamá, que era una gente totalmente muy culta y que leía todo y que sabía de política, también”.

Rojo insiste en que quienes estuvieron aquella noche conocieron una presencia militar que no puede borrar de su memoria. “A esos soldados que hoy no hacen nada según esto, no existen según esto, yo sí los viví”, afirma.

Su relato sobre Tlatelolco aparece entre recuerdos de su infancia, su paso por Xalapa, su entrada al cine y una carrera que comenzó cuando tenía ocho años. Pero el 2 de octubre ocupa un sitio distinto.

La actriz pasó de ser “la niña del cuento” de la televisión a trabajar con directores como Felipe Cazals, Jaime Humberto Hermosillo y Arturo Ripstein. Participó en películas como El apando, María de mi corazón, La tarea y Rojo amanecer.

Cuando habla de Rojo amanecer, película dirigida por Jorge Fons sobre la matanza de Tlatelolco, no la coloca por encima de otros trabajos que marcaron su trayectoria. Su vínculo con el 68 no se explica desde un personaje, sino desde la plaza.

Marcha 2 octubre
Crédito: Cuartoscuro

Rojo señala que nunca dejó de mirar la política, aunque reconoce que su lugar estaba en la actuación. Fue diputada y senadora por el PRD, pero afirma que se alejó de la vida partidista porque no se sentía hecha para la disciplina de una militancia.

“Lo que no entiendo, me voy”, dice sobre su decisión de dejar la política. De esa etapa rescata su trabajo en materia cultural y la defensa de iniciativas para el cine, el libro y la Compañía Nacional de Teatro.

A sus 92 años, la actriz dice que ha tenido reconocimiento, afecto y trabajo. Habla del Ariel de Oro, de sus 14 premios internacionales y de la felicidad de haber encontrado desde niña el oficio que quería ejercer.

Pero cuando vuelve a Tlatelolco, su voz se instala en otra parte. Regresa a la luz verde de un helicóptero, a los disparos, a las muletas de Carmela y a la sangre de Juan Allende sobre su ropa.

“Estuve el 68 y no me mataron porque no me tocó”, dice María Rojo.

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