“Por componerle corridos a Lucio Cabañas”: la frase que marcó la desaparición forzada de Rosendo Radilla Pacheco durante la Guerra Sucia

A 52 años de su desaparición, la Suprema Corte reabrió el caso del líder campesino guerrerense que se convirtió en la primera víctima de desaparición forzada reconocida contra México

A más de cinco décadas de su desaparición, la SCJN analiza si las omisiones del Estado impidieron esclarecer el paradero del compositor que le cantaba a la guerrilla de Lucio Cabañas. FOTO: DANIEL YÁÑEZ/CUARTOSCURO.COM
A más de cinco décadas de su desaparición, la SCJN analiza si las omisiones del Estado impidieron esclarecer el paradero del compositor que le cantaba a la guerrilla de Lucio Cabañas. FOTO: DANIEL YÁÑEZ/CUARTOSCURO.COM
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Un retén militar detuvo a Rosendo Radilla Pacheco el 25 de agosto de 1974 en Atoyac de Álvarez, Guerrero, por componer corridos dedicados a Lucio Cabañas, líder guerrillero que combatía al Ejército durante la llamada Guerra Sucia.

Cincuenta y dos años después, y tras la condena que la Corte Interamericana de Derechos Humanos impuso al Estado mexicano en 2009, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) reabrió el caso el 21 de septiembre de 2026 para determinar si las omisiones en su búsqueda vulneraron los derechos de sus familiares a la verdad y la justicia.

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Radilla Pacheco tenía 60 años cuando desapareció. Era compositor, cafetalero, ganadero y una figura pública en la región desde los años cincuenta: presidió el Consejo Municipal de Atoyac de Álvarez entre 1955 y 1956, fue secretario general del Comité Regional Campesino y, en 1965, participó en la fundación de la Liga Agraria del Sur “Emiliano Zapata”.

El Pleno analizará si faltas de distintas instituciones lesionaron las garantías de las víctimas y sus familias a localizarlo
Crédito: Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos

Sus corridos no se limitaban a Cabañas: narraban hechos ocurridos en Atoyac y las luchas sociales de la región, según el disco compacto que sus representantes aportaron como prueba ante la Corte Interamericana. Su hija Andrea Radilla Martínez reconstruyó esa trayectoria en el libro Voces Acalladas (Vidas truncadas).

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El retén de la Colonia Cuauhtémoc y la frase que selló su detención

El día de su desaparición, Radilla Pacheco viajaba en autobús desde Atoyac de Álvarez hacia Chilpancingo junto a uno de sus hijos, de 11 años. El vehículo fue detenido en un primer retén, donde los militares revisaron a los pasajeros y les permitieron continuar. Poco después llegó un segundo retén, ubicado entre las localidades de Cacalutla y Alcholca, a la entrada de la Colonia Cuauhtémoc.

Ahí los soldados volvieron a hacer descender a todos los pasajeros. Cuando terminó la revisión, indicaron a la gente que subiera de nuevo al autobús, salvo a Radilla Pacheco, a quien retuvieron porque “componía corridos”. Él respondió que eso no era ningún delito. Un agente militar le contestó: “mientras, ya te chingaste”.

Lucio Cabañas, amigo de 'Chito' Cano
Lucio Cabañas, guerrillero. (Infobae)

Antes de que se lo llevaran, pidió que dejaran ir a su hijo por ser menor de edad y le encargó avisar a la familia que el Ejército lo había detenido. Quedó a disposición de la Zona Militar de Guerrero. Fue la última vez que sus parientes tuvieron contacto directo con él.

Dos testigos dijeron haberlo escuchado cantar dentro del cuartel militar

El expediente del caso ante la Corte Interamericana recoge el testimonio de Maximiliano Nava Martínez, quien declaró que a los cuatro días de su propia detención en el Cuartel Militar de Atoyac de Álvarez llevaron ahí a Radilla Pacheco.

Otro detenido comentó que “ese señor compuso un corrido de la masacre del 18 de mayo”, en referencia a la matanza de 1967 en la que la policía estatal abrió fuego contra un mitin escolar en Atoyac y mató al menos a cinco personas, el episodio que empujó a Lucio Cabañas, entonces maestro rural, a huir a la sierra y tomar las armas. El comentario llamó la atención de los militares y motivó que separaran a Radilla del resto del grupo.

Nava Martínez relató ante la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado que escuchó “a una persona del sexo masculino que cantó un corrido, con una guitarra cantaba fuerte”, a una distancia de unos diez metros. Dijo haber alcanzado a levantar parcialmente su venda para confirmar que se trataba de un hombre con bigote que tocaba la guitarra sin los ojos cubiertos.

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Crédito: Facebook/Museo de las Constituciones UNAM

Un segundo testigo, Enrique Hernández Girón, declaró que compartió cautiverio con Radilla Pacheco y que alcanzó a platicar con él la primera noche, antes de que ambos fueran sacados a golpes. Según su relato, a los detenidos los sacaban de noche uno por uno mientras los captores anunciaban que “los pesados se iban a dar un banquete”. Hernández Girón salió libre poco más de un mes después. Radilla Pacheco seguía adentro.

El secuestro de un gobernador que desató la represión militar en Guerrero

La detención de Radilla Pacheco ocurrió semanas después de que la guerrilla de Lucio Cabañas secuestrara, el 6 de junio de 1974, al entonces gobernador electo de Guerrero, Rubén Figueroa. El Informe Histórico a la Sociedad Mexicana, elaborado años después por la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, documenta que la respuesta del Ejército fue “brutal” contra las comunidades campesinas consideradas bases de la guerrilla.

Para 1971, el Ejército ya tenía concentrados en Guerrero 24,000 soldados, una tercera parte de todos sus efectivos en el país. El mismo informe registra que solo entre noviembre de 1973 y noviembre de 1974, la Secretaría de la Defensa Nacional reportó 207 detenciones ilegales identificadas internamente como “paquetes”: personas torturadas, obligadas a delatar y jamás puestas a disposición de una autoridad civil.

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Crédito: Wikimedia Commons

Los métodos documentados por la Fiscalía Especial incluían quemaduras de tercer grado, fractura de huesos, descargas eléctricas y asfixia con agua, aplicados en centros de detención clandestinos del Ejército.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos concluyó que es “muy probable” que Radilla Pacheco fuera sometido a las mismas prácticas antes de su desaparición definitiva.

Dos excavaciones en Atoyac y un solo proceso penal que terminó sin condena

En 2001, una diligencia ministerial en un predio de Tres Pasos del Río, en Atoyac de Álvarez, localizó fragmentos óseos que, tras el análisis correspondiente, resultaron no humanos. Los representantes de la familia denunciaron que la excavación se realizó de noche, sin avisarles y sin peritos de su confianza presentes.

Entre 2007 y 2008 se hicieron nuevas diligencias de escaneo y excavación en lo que fue el Cuartel Militar de Atoyac, hoy conocido como “Ciudad de los Servicios”, con base en información aportada por Tita Radilla Martínez, la quinta de los doce hijos de Rosendo Radilla Pacheco. Tampoco se encontraron restos humanos.

La única persona consignada ante un juez por este caso fue el general Francisco Quiroz Hermosillo, en agosto de 2005, pero por el delito de privación ilegal de la libertad y no por desaparición forzada. El proceso se llevó ante un juzgado militar y se sobreseyó en noviembre de 2006 tras la muerte del imputado. Los representantes de la familia denunciaron además que Zacarías Barrientos, testigo clave que había declarado ante la Fiscalía Especial sobre las detenciones de esos años, fue asesinado en 2003.

CHILPANCINGO, GUERRERO, 28MARZO2017.- En el auditorio de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Guerrero se llevó acabo el “ Foro Internacional de Derechos”, con la asistencia de padres de familia de los 43 estudiantes desparecidos y de Tita Radilla Martinez, hija del extinto luchador social Rosendo Radilla Pacheco, también asistieron otros comités de personas de desaparecidos.
FOTO: JOSÉ I. HERNÁNDEZ /CUARTOSCURO.COM
CHILPANCINGO, GUERRERO, 28MARZO2017.- En el auditorio de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Guerrero se llevó acabo el “ Foro Internacional de Derechos”, con la asistencia de padres de familia de los 43 estudiantes desparecidos y de Tita Radilla Martinez, hija del extinto luchador social Rosendo Radilla Pacheco, también asistieron otros comités de personas de desaparecidos. FOTO: JOSÉ I. HERNÁNDEZ /CUARTOSCURO.COM

El caso de Radilla forma parte hoy de 122 averiguaciones previas acumuladas que investigan la desaparición de 137 personas entre julio y noviembre de 1974 en la Sierra Madre del Sur de Guerrero.

Durante ese proceso, Tita Radilla Martínez declaró ante la Corte Interamericana que un agente del Ministerio Público llegó a preguntarle a otra familiar “si no sería más fácil buscarse otro marido” en lugar de seguir buscando al desaparecido; a otros parientes de víctimas se les cuestionó directamente si sus familiares habían simpatizado con el movimiento armado.

Una condena histórica en 2009 que la Suprema Corte revisa de nuevo en 2026

La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado mexicano el 23 de noviembre de 2009 por la desaparición forzada de Radilla Pacheco, en la primera sentencia que responsabilizó a un gobierno como autor intelectual y material de este delito. La demanda llegó al tribunal gracias a la organización de sus familiares y de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos en México.

Diecisiete años después de esa condena, no existen personas detenidas ni indicios sobre su paradero, según el Archivo General de la Nación. El fallo sí impulsó reformas legislativas, entre ellas la tipificación del delito de desaparición forzada en el Código Penal Federal.

La Suprema Corte determinará ahora si las omisiones de las autoridades encargadas de buscarlo e investigar su caso vulneraron los derechos de sus familiares, y qué facultades tienen los jueces de amparo para ordenar planes de búsqueda y diligencias de investigación más eficaces, más de medio siglo después de que un corrido sobre Lucio Cabañas le costara la libertad.

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