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Masculinidad frágil, la razón del rechazo a las mujeres en el deporte: activista pide sancionar dichos misóginos contra futbolistas

Mauro Vargas señaló que el argumento económico para justificar las declaraciones deriva del pacto patriarcal

El activista Mauro Vargas dijo que el argumento económico es parte del pacto patriarcal. | Jovany Pérez
El activista Mauro Vargas dijo que el argumento económico es parte del pacto patriarcal. | Jovany Pérez
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En medio de la polémica por comentarios misóginos vertidos en un pódcast sobre las jugadoras del Cruz Azul Femenil, el activista Mauro Vargas Urías, sociólogo y fundador de la consultoría Umbrales, advierte que estas expresiones no son bromas, sino síntomas de una masculinidad frágil que se resiste a la presencia y éxito de las mujeres en el deporte profesional.

En entrevista con Infobae México, Vargas subrayó que este tipo de discursos no solo perpetúan la desigualdad, sino que representan un riesgo real para las nuevas generaciones.

“Este tipo de reacciones, pues son un, un síntoma muy clásico, muy común, digamos, de lo que se puede llamar esa masculinidad frágil. Esta idea de que existe un cierto sector de hombres que se siente amenazado porque las mujeres están ocupando espacios de prestigio social o de protagonismo, como lo es el fútbol profesional, en áreas que se consideraban muy masculinas, ¿no?”, sostuvo.

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Sancionar el discurso misógino y la responsabilidad institucional

Vargas consideró que los comentarios vertidos en el pódcast no pueden minimizarse ni tratarse como travesuras.

Señaló que quienes los emiten son generadores de opinión con alcance masivo, conscientes de la influencia que ejercen sobre adolescentes varones y otros públicos.

Por ello, exigió sanciones claras y efectivas tanto a nivel legal como institucional, y demanda que las autoridades y clubes dejen de lado los comunicados ambiguos.

“Para mí sí son, eh, acreedores a una sanción, eh, efectiva. Las mujeres o estas jo-jóvenas, digamos, deportistas, no tienen por qué aguantar esto como parte del deporte, digamos, ¿no? Sino yo creo que tanto el club, eh, en este caso el Cruz Azul como Juvenil, DMX, este, tienen la obligación de actuar y proceder Legal o penalmente, ¿no? No, no solo con un comunicado tibio, sino con acciones concretas y contundentes”, comentó.

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Vargas propone que los “influencers” y generadores de este tipo de contenido sean vetados de las instalaciones del club.

Además, sugiere que se impulsen campañas de educación y reeducación dirigidas tanto a jugadores como a aficionados, con el objetivo de transformar las lógicas machistas que aún predominan en el entorno futbolístico.

“Denuncias penales por violencia digital, en este caso, que se les vete el acceso a estos, entre comillas, influencers, a sus instalaciones y también, pues campañas que contrarresten, ¿no? Campañas de educación o de reeducación para los jugadores, para las, para los fans, los fanáticos del fútbol, para que eventualmente puedan transitar hacia ser al, hacia ser aliados y no solo cómplices silenciosos, pues, ¿no?”, señaló.

Masculinidad frágil: raíz de la resistencia y la ridiculización

El activista explicó que la hostilidad contra las mujeres en el deporte surge de una psicología masculina ligada al poder, el control y la dominación.

Para muchos, la llegada de las mujeres al fútbol profesional se percibe como una afrenta personal, lo que motiva la ridiculización y la sexualización de las deportistas como mecanismo de defensa.

Esta reacción, advirtió, está profundamente enraizada en la socialización de género y no es exclusiva del ámbito deportivo.

“Su autoestima con ma-masculina está como muy atada a las nociones de dominación, de control, de dominio, de poder y no soportan ver que una mujer, eh, esté cumpliendo con ese tipo de roles. Por, por eso necesitan rebajarla a, a roles de objeto sexual o de ama de casa, por ejemplo, ¿no?”, señaló.

Recalcó que este fenómeno se reproduce y amplifica cuando figuras públicas, lejos de cuestionarse, legitiman los modelos tradicionales de masculinidad y enseñan a los jóvenes que ser hombre implica despreciar y ridiculizar a las mujeres.

“Sus discursos no solo reflejan una mentalidad, pues retrógrada, sino que también amplifican y, y legitiman, eh, ante su audiencia, eh, sobre todo es-- adolescentes varones, estas lógicas de modelo de masculinidad tradicional, hegemónica o machista. Y entonces, pues bueno, a raíz de todo esto, están enseñando a estas nuevas generaciones que ser hombre implica, entre otras cosas, ridiculizar y despreciar a las mujeres.”

La banalización de la misoginia y el impacto en redes sociales

Vargas alertó sobre el peligro de disfrazar la misoginia como humor o simple chiste, ya que esta estrategia oculta el daño real que provocan los mensajes machistas.

La legitimación de estos discursos a través de plataformas digitales y pódcast multiplica su alcance y normaliza la violencia simbólica en la vida cotidiana.

“Creo que lo complejo es que este mensaje tiene consecuencias y que esto afecta. Y que hay una responsabilidad en quienes tienen el uso de un micrófono, ¿no?... cuando transgrede ciertas lógicas, pues afrontar también las consecuencias”.

El activista señaló que no basta con afirmar que solo “tres personas” escuchan estos programas, ya que nunca se sabe el verdadero alcance y el eco que pueden tener entre quienes buscan justificar actitudes discriminatorias.

“Ellos dicen como de: ‘Pero ni al caso, si a mí me ven como tres personas’. Y es como de: sí, pero pues nunca sabes quién te va a ver, ¿no?... siguen dando estas opiniones sin, sin creer en lo que realmente afecta.”

El pacto patriarcal y las justificaciones económicas

El discurso que intenta excusar la discriminación bajo argumentos de falta de consumo, menor audiencia o escaso patrocinio para el fútbol femenil, es, según Vargas, una trampa discursiva vinculada al pacto patriarcal.

Esta narrativa, que se propaga incluso entre jóvenes influencers, refuerza la idea de que el espacio deportivo es propiedad de los hombres y cualquier avance femenino es visto como una amenaza.

“Yo creo que históricamente a los hombres se nos ha enseñado que ser hombre es no ser mujer, por ejemplo, ¿no? Y desde ahí cualquier logro de las, de, de las mujeres en un, en el terreno masculino se vive como una afrenta personal. Y estas personas, estos jóvenes influencers, pues reproducen el mandato de que la hombría se demuestra humillando a lo femenino.”

Vargas insiste en que la verdadera masculinidad no se construye sobre la humillación de las mujeres, sino en el reconocimiento y celebración de su talento. Invita a los hombres a asumir una postura activa contra la misoginia, no solo absteniéndose de comentarios ofensivos, sino confrontando a quienes los propagan.

“Ser un hombre seguro de sí mismo, pues no, no requiere rebajar a nadie, ¿no? Al contrario, la verdadera masculinidad saludable o empática o positiva es aquella que celebra el talento ajeno, el talento de las mujeres, sin sentirse disminuido.”

Educación de género y la complicidad silenciosa

El problema, señala Vargas, no se soluciona solo en el ámbito doméstico. Aunque el ejemplo en casa es fundamental, los niños y jóvenes absorben modelos de conducta en la escuela, el trabajo y los medios de comunicación. Por ello, aboga por campañas educativas constantes y diversas que alcancen a toda la sociedad.

“Yo, yo, yo no me quedaría solamente también con lo que se puede hacer en la casa, que es importante... porque un papá que modela este tipo de actitudes, pues está dejando semillas de machismo en sus hijos, ¿no?... Pero luego también si encuentran... lo contrario en la escuela o en el ámbito público o con sus cares, pues también estos educan de alguna forma, ¿no? Entonces, las campañas y las acciones deben ser constantes y, y diversas también, pues, ¿no?”

Vargas hace hincapié en que el silencio de los hombres que se consideran “buenos” o “progresistas” fortalece la impunidad de quienes ejercen violencia. Sostiene que la complicidad pasiva es uno de los principales obstáculos para el cambio.

“El silencio de los hombres buenos, entre comillas, es el mejor aliado de esos hombres violentos, ¿no? Ese hombre que dice: ‘No, pues yo, yo no me meto’, pero, pero tampoco le pones un límite a nadie, ¿no?”

Crítica a la impunidad y a la respuesta institucional

Respecto al marco legal, Vargas reconoció que México cuenta con leyes suficientes para sancionar estas conductas, pero el problema, afirma, está en la falta de aplicación efectiva.

Denunció que las instituciones frecuentemente detienen los procesos de denuncia y que la impunidad se convierte en un obstáculo para la justicia.

“Yo creo que somos un país con un, un muy buen andamiaje legal o, o en el marco legal para proteger y procurar justicia, eh, en esta materia. El tema es que no siempre se ejerce de, de forma expedita ni adecuada... luego no ocurre de forma ni pronta ni, ni efectiva, ¿no? Entonces, por eso te hablaba hace rato de, de que hay en muchos varones indolencia, pero también impunidad.”

El activista sostuvo que, aunque la sanción es necesaria en casos graves, la vía más efectiva para erradicar la misoginia sigue siendo la educación, la sensibilización y la intervención proactiva.

“Yo soy de las personas que opta más que por la sanción, por mecanismos de educación, de reeducación, de sensibilización, de información, etcétera.

“Porque si podemos llegar a más hombres, con quienes podamos tocar fibras sensibles, pues a lo mejor por ahí está una veta de cambio más efectiva a que te sancionen por ser un hijo sano del patriarcado, como decimos, ¿no?”

La violencia simbólica en el fútbol: disciplinamiento y amenazas veladas

Vargas indicó que las burlas y ataques hacia las jugadoras no son solo expresiones de libertad de opinión, sino formas de disciplinamiento social que buscan desalentar su presencia y éxito en el fútbol.

Estas amenazas implícitas, afirmó, pretenden devolver a las mujeres a los roles tradicionales y reforzar la idea de que el fútbol es un “refugio” masculino, un “man cave” exclusivo.

“Yo creo que este tipo de expresiones que, que manifestaron, pues son amenazas encubiertas y una forma de disciplinamiento social dirigido a ellas, ¿no? Lo que ellos colocan está, está diciendo en el fondo que ustedes como mujeres transgreden un espacio que, que consideramos nuestro, el fútbol.”

Para Vargas, reducir a las mujeres a objetos sexuales o ridiculizarlas por errores en el campo es un acto de violencia simbólica que debe ser combatido, pues sus efectos trascienden la esfera deportiva y contribuyen a la crisis de violencia de género en el país.

“Lo que hacen es humillarlas y reducirlas a su valor, eh, sexual, pero de una forma estigmatizada, ¿no? Y eso, pues para mí no es libertad de expresión, sino más bien un llamado a la violencia que en un país como en-- como México, donde el feminicidio es, pues ya es una crisis, pues también tiene consecuencias reales.”

“Cada partido que juegan es un gol contra el machismo”

El activista insistió en que la igualdad sustantiva implica el acceso pleno de mujeres y hombres a los mismos derechos y oportunidades.

Hizo un llamado a que las jugadoras y niñas a no dejarse desalentar por los discursos violentos y a seguir ocupando los espacios deportivos, pues cada partido jugado representa una victoria simbólica contra el machismo.

“Esa, esa igualdad que, que digamos, nos-- que implica en un país democrático que todas, todos, todes podamos vivir nuestros derechos, ejercerlos, pero también acceder a todo tipo de oportunidades sin menoscabo de nada.

“Entonces, yo sí diría a las jóvenes jugadoras de cualquier disciplina, a las niñas que sueñan con ser futbolistas o atletas en cualquier orden, que no permitan que estos discursos las desalienten, ¿no?, ni las silencien.”

El deporte como espacio de transformación social

Por último, Vargas subrayó el potencial del deporte como agente de cambio, siempre que se incorporen valores de igualdad, empatía y diversidad.

Adviertió que la cultura de la competencia a toda costa y la exclusión de las mujeres perpetúan dinámicas regresivas, pero que una transformación en la educación y los valores puede convertir al fútbol en un campo de inclusión genuina.

“El deporte creo que puede ser un, un factor de cambio muy importante si logramos colocar valores genuinos de, de igualdad, de empo-- de empatía, de diversidad, etcétera, ¿no?”, concluyó.

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