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Más de 2 mil millones contra el sargazo, pero seguimos ignorando una parte del problema

Las estrategias ambientales siguen relegando acciones para reducir las emisiones del sistema alimentario y enfrentar las causas estructurales de la crisis climática

Jessica González Castro, Directora Ejecutiva de Generación Vegana
Jessica González Castro, Directora Ejecutiva de Generación Vegana
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Vivo en Quintana Roo desde hace casi 20 años, así que he visto cómo el sargazo pasó de ser algo ocasional a convertirse en parte de nuestra realidad.

He visto playas cambiar de un día para otro, toneladas de algas acumularse frente a hoteles y restaurantes y a gobiernos destinar cada vez más recursos, maquinaria y personal para intentar contener un fenómeno que parece crecer temporada tras temporada.

El problema es tan grande que el mes pasado llegó hasta aquí la presidenta Claudia Sheinbaum. Durante su visita a Playa del Carmen anunció un Plan Integral para atender el sargazo y, días después, el Gobierno federal informó una inversión de más de 2 mil millones de pesos para reforzar la estrategia en el Caribe mexicano.

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Pero hay algo que me sigue haciendo ruido: seguimos destinando enormes cantidades de dinero a recoger las consecuencias mientras mostramos mucho menos interés en algunas de las acciones que podrían ayudarnos a enfrentar las causas estructurales de la crisis ambiental.

Porque el sargazo no empieza en la playa

La ciencia lleva años advirtiendo que el problema es mucho más complejo que lo que vemos acumulado en la playa. Rosa Elisa Rodríguez Martínez, especialista del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, ha señalado que entre los factores detrás del aumento del sargazo están la contaminación del océano con nutrientes y el cambio climático, que está modificando las corrientes marinas y los vientos. A esto se suman las enormes cantidades de nutrientes que llegan al mar a través de aguas residuales sin tratar y fertilizantes agrícolas arrastrados por los ríos.

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Es decir, el sargazo que retiramos todos los días de nuestras playas no es un problema aislado: detrás de su proliferación hay cambios ambientales a una escala mucho mayor. Pero precisamente porque el cambio climático forma parte de esta conversación, resulta difícil entender por qué seguimos dejando prácticamente fuera uno de los sectores con mayor impacto climático: el sistema alimentario.

Los sistemas alimentarios son responsables de aproximadamente un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Y dentro de este enorme impacto hay un sector que resulta imposible ignorar: la ganadería.

La ganadería y sus cadenas de suministro han sido responsables de alrededor del 14.5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero causadas por actividades humanas, según una estimación ampliamente citada de la FAO.

La limpieza del sargazo en las playas atiende la emergencia inmediata, pero no sustituye las acciones dirigidas a enfrentar las causas estructurales de la crisis ambiental. Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial
La limpieza del sargazo en las playas atiende la emergencia inmediata, pero no sustituye las acciones dirigidas a enfrentar las causas estructurales de la crisis ambiental. Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial

A pesar de estas cifras, cuando gobiernos, empresas y destinos turísticos hablan de sostenibilidad, la alimentación sigue ocupando un lugar sorprendentemente pequeño. Hablamos de energías renovables, reducción de plásticos, ahorro de agua, movilidad y manejo de residuos, pero muy pocas veces de lo que ponemos en el plato.

Por eso recientemente presenté una propuesta para incorporar la reducción de emisiones del sistema alimentario dentro de las estrategias de sostenibilidad. La llevé tanto a la oficina de Turismo de Playa del Carmen como a la Subsecretaría de Desarrollo Sostenible y Economía Circular de México.

Sin embargo, hasta ahora no parece existir el mismo interés por explorar este tipo de soluciones que el que existe por las medidas de contención. Ahí está la contradicción que me parece importante señalar.

Podemos invertir más de 2 mil millones de pesos en recoger sargazo, instalar barreras y comprar embarcaciones, y probablemente sea necesario hacerlo. Pero mientras sigamos destinando mucho más esfuerzo a recoger las consecuencias que a transformar algunas de las actividades que contribuyen a la crisis climática, estaremos llegando siempre tarde. El sargazo se recoge en la playa, pero la crisis ambiental no se resuelve ahí.

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