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¿Quién tomaría las decisiones por ti si mañana tú no pudieras hacerlo?

La verdadera planeación patrimonial no solo consiste en acumular riqueza, sino en preparar a quienes deberán tomar decisiones y darle continuidad

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Durante una conversación sobre planeación patrimonial, hace unos días, le pregunté a una persona:

—Si mañana usted no pudiera tomar ninguna decisión durante seis meses, ¿quién podría hacerse cargo de sus finanzas?

Él respondió de inmediato:

—Mi esposa.

Entonces hice una segunda pregunta:

—¿Ella sabe dónde está todo?

Después de ese cuestionamiento hubo silencio.

El silencio que revela una vulnerabilidad

Ese silencio me hizo pensar en algo que encuentro con más frecuencia de lo que imaginamos: familias que han trabajado durante décadas para construir un patrimonio, pero que nunca se han detenido a pensar cómo funcionaría si la persona que toma todas las decisiones no pudiera hacerlo.

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No estamos hablando necesariamente de una tragedia. Puede tratarse de una enfermedad, un accidente, una hospitalización prolongada o, simplemente, una etapa de la vida en la que nuestras capacidades cambien.

La vida puede obligarnos a delegar decisiones mucho antes de lo que imaginamos. Entonces aparecen preguntas para las que muchas familias no tienen respuesta: ¿dónde están las inversiones?, ¿quién conoce las obligaciones financieras?, ¿quién sabe cómo funciona el negocio?, ¿quién tiene contacto con el contador, el abogado o las instituciones financieras?, ¿qué decisiones puede tomar la pareja?, ¿qué información conocen los hijos?, ¿existe documentación que permita entender cómo está organizado el patrimonio?

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Cuando todo depende de una sola persona

Durante años nos han enseñado que construir patrimonio significa ahorrar, invertir, comprar propiedades o hacer crecer un negocio. Sí, todo eso es importante, pero existe una parte de la planeación patrimonial de la que hablamos mucho menos: la continuidad.

Un patrimonio que depende por completo de una sola persona puede ser mucho más vulnerable de lo que aparenta.

He conocido familias en las que una sola persona concentra toda la información: sabe cuánto hay, dónde está, quién administra cada cosa y qué decisiones deben tomarse. Mientras esa persona está bien, el sistema funciona. El problema aparece cuando ya no puede estar al frente.

Entonces, la familia no solo enfrenta una situación personal difícil; también tiene que descifrar, en medio de la incertidumbre, cómo funciona su propio patrimonio. Ahí es donde una conversación que parecía incómoda se vuelve indispensable.

Planear también significa ordenar y hablar

No se trata de compartir cada detalle financiero con todo el mundo. Se trata de que las personas correctas tengan la información necesaria para actuar cuando llegue el momento.

La planeación patrimonial también consiste en ordenar: ordenar documentos, responsabilidades e información; definir quién debe conocer qué y, sobre todo, hablar.

Debemos hablar con la pareja, con los hijos cuando sea oportuno y con quienes forman parte de la estructura patrimonial o empresarial.

Muchas familias pasan años construyendo riqueza, pero dejan toda la estrategia en la cabeza de una sola persona. Eso no es una estrategia: es una dependencia.

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Preparar a quienes darán continuidad

Tal vez por eso una de las preguntas más importantes que podemos hacernos no es cuánto patrimonio hemos acumulado, sino esta: ¿nuestro patrimonio podría seguir funcionando si mañana nosotros no pudiéramos tomar decisiones?

Construir patrimonio requiere trabajo; protegerlo requiere estrategia, y darle continuidad requiere conversación. Un patrimonio verdaderamente sólido no depende de una sola persona para sobrevivir.

Quizá la mejor manera de cuidar a quienes amamos no sea solamente dejarles bienes, sino prepararlos para saber qué hacer con ellos.

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