Esta es la historia de “El Perrillas”, alto sicario del Cártel de Tláhuac que fue adiestrado por guerrilleros peruanos

Más de tres detenciones sin una sola confesión, decenas de víctimas con firma forense propia y millones en ingresos semanales

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Más de tres detenciones sin una sola confesión, decenas de víctimas con firma forense propia y millones en ingresos semanales. Crédito: Especial
Más de tres detenciones sin una sola confesión, decenas de víctimas con firma forense propia y millones en ingresos semanales. Crédito: Especial

El Cártel de Tláhuac sigue operando tras la detención de su principal sicario, identificado con el alias “el Perrillas”, un asesino entrenado por instructores vinculados al grupo guerrillero peruano Sendero Luminoso y generaba ingresos de hasta cuatro millones de pesos a la semana.

La captura no desarticuló la organización. Según una fuente extraoficial cercana al cartel de Tláhuac consultada por INFOBAE, “alguien tomará el control de las operaciones del detenido en un plazo de dos a tres días”.

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El cártel mantiene activas sus fuentes de ingreso: extorsiones, cobros a distribuidores colombianos de préstamos “gota a gota”, despojo de propiedades y mensualidades de diversas plazas.

La detención ocurre en un momento de tregua interna entre las facciones que se repartieron el cártel tras la muerte de su fundador. La fuente advirtió que esa estabilidad puede romperse: la facción de Felipillo, la que controlaba el Perrillas, es la más propensa a quebrar acuerdos.

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Quién es “El Perrillas” y cual es su lugar en el cártel de Tláhuac

El Perrillas comenzó en los márgenes de la estructura como chofer y custodio personal de Felipillo, hijo del fundador de la organización, conocido como Felipe el “El Ojos”. Su función original era proteger a un joven que el propio Felipe consideraba un problema. Felipillo consumía solventes, pastillas y marihuana, robaba baterías y estéreos, y nunca recibió poder real dentro de la organización.

El Perrillas comenzó en los márgenes de la estructura como chofer y custodio personal de Felipillo, hijo del fundador de la organización. Crédito: Especial
El Perrillas comenzó en los márgenes de la estructura como chofer y custodio personal de Felipillo, hijo del fundador de la organización. Crédito: Especial

La instrucción de Felipe hacia el Perrillas era concreta. “Cuídame a mi chavo, que no le vayan a hacer algo”. Ese encargo lo mantuvo cerca del núcleo de la organización sin que tuviera mando propio.

“La lógica era directa, según la fuente: ‘Por una pendejada nos puede caer todo, toda la organización’.”

Su ascenso comenzó cuando una fuente externa al cártel lo reclutó para operaciones de robo a bancos y lo incorporó a su propia red, distinta a la de Felipe.

Trabajó como conductor en esas operaciones y demostró utilidad. Fue entonces cuando la fuente le planteó una condición para continuar: “Para seguir con nosotros, te tienes que capacitar”. El Perrillas aceptó y fue enviado a un entrenamiento que duró de entre ocho y doce meses en la sierra, en los límites de Michoacán y Jalisco.

El entrenamiento con Sendero Luminoso

El adiestramiento lo coordinaba un hombre identificado como Gary, vinculado al grupo guerrillero peruano Sendero Luminoso. Para las sesiones llegaban instructores directamente desde Perú. El lugar de entrenamiento estaba bajo la protección de lo que entonces era el Cártel de Guadalajara, al que la red pagaba una mensualidad.

“Las condiciones buscaban llevar al límite la tolerancia al dolor y al horror para garantizar que, ante un interrogatorio, el entrenado no cediera información,” según la fuente.

Cártel de Tláhuac homicidio
La fuente estimó que el Perrillas es responsable directo de entre 30 y 40 homicidios,Foto: Twitter/alzagareporter

La disciplina fuera del campo era igualmente rígida. Estaba prohibido consumir cualquier droga, discutir en la vía pública, agredir a la pareja o protagonizar cualquier incidente que pudiera llamar la atención. Si alguien infringía esas normas, se le retiraba el trabajo de forma silenciosa y progresiva.

Al regresar del entrenamiento, el Perrillas pasó otros seis meses aproximadamente trabajando con la red externa antes de reintegrarse al cártel. Al enterarse del nivel de preparación que había adquirido, Felipe “El Ojos” elevó su sueldo de los mil 500 pesos semanales que pagaba a sus operadores comunes a entre 40 y 50 mil pesos por semana.

El sicario más capacitado del cártel

Con ese respaldo, el Perrillas se convirtió en el ejecutor de confianza de “El Ojos”. Cuando un distribuidor, un policía o un rival no se alineaba a las condiciones del cártel, Felipe le enviaba una fotografía con los datos del objetivo, su ubicación y sus turnos. El Perrillas hacía la inteligencia previa, ejecutaba y regresaba con pruebas, las cuales primero eran fotografías y posteriormente se convirtieron en videos que confirmaban el trabajo.

La firma del crimen

La fuente estimó que el Perrillas es responsable directo de entre 30 y 40 homicidios, aunque reconocio que hay casos que desconoce. “Hay muchos que yo no sé”, admitió, antes de agregar que identificaba su autoría por el método empleado.

En las ejecuciones rápidas utilizaba un solo disparo o una sola cuchillada. Cuando la orden incluía tortura, el instrumento era un bisturí. Los cortes seguían una lógica anatómica precisa: el cuello a la altura de la yugular, la entrepierna, los genitales y los dedos. La profundidad del corte y su posición determinaban cuánto tardaba en morir la víctima.

“Nadie de ese combo estaba capacitado para hacer eso”, mencionó la fuente.

Su historial de detenciones, que según la fuente va entre más de tres y menos de seis, confirmó que el entrenamiento funcionó. En cada ocasión resistió sin entregar información. Esa capacidad es, para quienes lo conocen, el atributo que lo mantuvo en la cima de la estructura operativa durante años.

Felipe también lo envió a Colombia junto a otro operador para aprender a producir crack, con finalidad de aumentar la línea de negocio en su estructura.

La fragmentación del cártel tras la muerte de “el Ojos”

Felipe “El Ojos”, fundador de la organización, murió dejando una estructura sin sucesor claro. La disputa estalló entre su hijo Luis Felipe Pérez Flores, alias “El Felipillo”, y su medio hermano Miguel Ángel Pérez Ramírez, alias “El MK” o “El Mickey”, siendo este último con el que la familia se alineó dejando a “El Felipillo” prácticamente solo.

Felipe “El Ojos”, fundador de la organización, murió dejando una estructura sin sucesor claro. (Infobae)
Felipe “El Ojos”, fundador de la organización, murió dejando una estructura sin sucesor claro. (Infobae)

Para sostenerse, “El Felipillo” se apoyó en dos figuras: el Perrillas y Carlos Alejandro Mendoza Sandoval, “El Cyndi”, yerno de “El Ojos”. La fuente describe a Felipillo como un hombre impredecible y violento: consumía drogas, ordenaba ejecuciones por motivos mínimos y era considerado el elemento más traicionero de toda la estructura. Él por cinco pesos hace lo que sea. Y drogado, más, resumió la fuente.

La guerra entre facciones se detuvo porque se andaban matando entre ellos, según la fuente. “El Mickey” cedió a Felipillo una porción de territorio y algunas plazas que había controlado Felipe.

El Cyndi terminó por abandonar la estructura y pasó a operar bajo las órdenes de Hugo Bello, desvinculándose del Cártel de Tláhuac. Con Felipillo recluido en el Reclusorio Preventivo Varonil Sur, ubicado en la Ciudad de México, el Perrillas quedó como el operador de mayor rango en esa fracción, con control sobre extorsiones, cobros a distribuidores de préstamos “gota a gota”, despojo de propiedades y mensualidades en su zona de influencia.

Sus ingresos semanales no bajaban de tres millones de pesos. “Y eso es barato”, acotó la fuente.

Felipillo intentó además negociar una alianza con La Familia Michoacana para ceder parte de su territorio a cambio de respaldo, y el Perrillas sería el encargado de realizar las negociaciones.

Los cargos que buscan imputarle

La fuente reconoció que las autoridades trabajan para consolidar al menos tres casos contra el Perrillas. El primero involucra el homicidio de un vendedor de carnitas en Av. de las Torres y Av. Tláhuac. El segundo es el asesinato del abogado de “El Ojos”, ejecutado frente a una taquería y el tercero es la muerte del excomandante Felipe Carmona.

El obstáculo central sigue siendo la escasez de testigos dispuestos a declarar. Está muy entrenado y la verdad no hay mucho testigo, reconoció la fuente.

Los nexos que construyó el cártel con autoridades

En su etapa de mayor expansión, la organización de Felipe “El Ojos” mantuvo pagos regulares a elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) y de la Policía de Investigación (PDI). Esos pagos cubrían la operación cotidiana, pero no llegaban a las “cabezas grandes”, como los describió la fuente.

Entre esas figuras de mayor rango, la fuente menciona a Hugo de Anda como una presencia de esa época. El caso de mayor peso es el de Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública federal, actualmente procesado en Estados Unidos.

La fuente afirmó haberlos visto juntos: Felipe y García Luna compartían mesa en un restaurante de barbacoa en Toluca.

Según el relato, fue García Luna quien le pidió a Felipe que moderara sus operaciones tras una serie de homicidios ocurridos dentro del campus de la Ciudad Universitaria, en los que murieron dos personas.

La instrucción fue directa: que identificara a los responsables, que no tomara represalias por su cuenta y que no generara más escándalo.

El control territorial del cártel se extendió a Toluca tras la presentación que hizo un jefe local de la Policía de Investigación. Desde esa base, la organización fue absorbiendo a los distribuidores colombianos que operaban en la zona. El Perrillas era el encargado de alinearlos: convencer o eliminar a quienes se resistían a operar bajo las condiciones del cártel, concluyó la fuente. .

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