¿Por qué la pobreza enferma más a las mujeres mexicanas? Así afecta la desigualdad de ingresos al acceso a la salud

El 52.1% de la población son mujeres, quienes asumen la mayor parte de las tareas de cuidado

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Paciente consulta a médico, señalando su abdomen, con una tableta mostrando un diagrama anatómico del hígado sobre la mesa.
Una mujer consulta a su médico sobre el hígado graso y sus síntomas, mientras visualizan un diagrama del órgano en una tableta. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La desigualdad en el acceso a la salud en México tiene un rostro femenino, marcado por la pobreza y la distribución desigual de los ingresos. De acuerdo con el informe Obstáculos que afrontan las mujeres mexicanas en los servicios de salud, en los hogares con menores recursos, la carga de enfermedad recae de forma desproporcionada sobre las mujeres.

Según la misma información, la combinación de bajos ingresos, mayor prevalencia de enfermedades crónicas y la responsabilidad de cuidados profundiza la precariedad y limita el acceso a servicios médicos.

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Entre 2016 y 2024, la población de 65 años y más en México creció 21.3%. El 72.1% de los adultos mayores vive con al menos una enfermedad no transmisible, como hipertensión, diabetes o cáncer, y las mujeres presentan las tasas de prevalencia más altas en estos padecimientos.

En entidades como Durango, Guerrero y Veracruz, la hipertensión afecta a más del 43% de las mujeres de edad avanzada.

La brecha de ingresos agrava este escenario: el decil más bajo sobrevive con 5 mil 598.4 pesos mensuales, mientras que el más alto concentra el 30.3% de la riqueza nacional, con ingresos de 78 mil 697.3 pesos.

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En el 85% del territorio, las mujeres ganan menos que el promedio nacional, lo que limita su capacidad para enfrentar emergencias médicas.

La Organización Mundial de la Salud define la equidad en salud como la ausencia de diferencias injustas entre grupos sociales.

En México, el ingreso promedio del decil más alto es 14 veces superior al del más bajo. La ENIGH 2024 revela que las mujeres ganan 34.2% menos que los hombres, y el gasto en salud representa hasta 21.5% del ingreso en hogares pobres de Oaxaca.

En contraste, en los deciles altos, esta proporción apenas llega al 1.4%. En Oaxaca y Zacatecas, la diferencia de gasto sanitario entre mujeres y hombres supera el 4 por ciento.

“El gasto de bolsillo en salud golpea de manera desproporcionada a las familias de menores recursos y, de forma sumamente cruda, a las mujeres”, indicó la doctora Mariana Medina Morales, autora del informe.

El 52.1% de la población son mujeres, quienes asumen la mayor parte de las tareas de cuidado. En hogares encabezados por mujeres y con adultos mayores, la carga aumenta. Las cuidadoras dedican en promedio 36.1 horas semanales a estas tareas, frente a 22.3 horas en los hombres.

Si se suman labores domésticas y de cuidado, las mujeres emplean 54 horas a la semana; los hombres, 38.4. La brecha salarial se amplía con el número de hijos: una mujer sin hijos gana 21.6% menos que un hombre; con cuatro o más hijos, la diferencia llega a 52.7%.

El acceso desigual a los servicios médicos profundiza la vulnerabilidad. Cuatro de cada diez mexicanas carecen de acceso a instituciones públicas de salud y deben recurrir a servicios privados, generando gastos catastróficos.

Solo el 11.9% de las mujeres adultas mayores tienen Afore o SAR, frente al 20.5% de los hombres. Cuando surge una enfermedad crónica o un accidente, la falta de seguridad social incrementa la precariedad.

El informe documenta que el 37.86% del gasto en salud se destina a medicamentos, el 35.25% a atención ambulatoria y el 26.88% a servicios hospitalarios. En la Ciudad de México, el gasto de bolsillo es 1.51 veces superior al promedio nacional.

El análisis cualitativo, basado en grupos focales, muestra que las mujeres reorganizan su vida tras un diagnóstico de enfermedad crónica, asumiendo el cuidado de otros y sacrificando su bienestar físico y emocional.

El temor a perder el empleo o abandonar la escuela por una enfermedad es constante. La discriminación en el trabajo, la escuela y el sistema de salud es frecuente.

Yahaira Ochoa Ortiz, de la Red de Mujeres por la Salud, urgió a las instituciones a reconocer de forma legal y social el trabajo de las cuidadoras y a fomentar la corresponsabilidad masculina.

Señaló la importancia de reducir los tiempos de diagnóstico y de integrar la atención psicológica para pacientes y cuidadoras, además de reconocer los padecimientos crónicos no visibles para garantizar un trato digno.

El documento propone reconocer formalmente a las cuidadoras dentro del sistema de salud, promover la participación equitativa en el cuidado de pacientes con enfermedades crónicas, garantizar el trato digno en las instituciones públicas y gestionar redes de apoyo comunitario.

La visibilización de la desigualdad de ingresos y la sobrecarga sobre las mujeres es indispensable para avanzar hacia la equidad en salud.

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