Nitazenos, la nueva amenaza letal: ONU advierte sobre opioides sintéticos más potentes que el fentanilo

Durante la presentación del Informe Mundial sobre las Drogas 2026, expertos de la ONU revelaron que estos compuestos, creados originalmente como analgésicos en los años 50, son sumamente potentes, incluso más que el fentanilo

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Los nitazenos suelen ser comprimidos en pastillas falsificadas que imitan medicamentos legítimos como el Xanax o la oxicodona, engañando a los consumidores. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Los nitazenos suelen ser comprimidos en pastillas falsificadas que imitan medicamentos legítimos como el Xanax o la oxicodona, engañando a los consumidores. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La aparición y rápida propagación de los nitazenos, una familia de opioides sintéticos de una potencia extraordinaria, ha puesto en alerta máxima a las autoridades sanitarias, laboratorios forenses y servicios de urgencias de todo el mundo. La gravedad de esta nueva amenaza fue mencionada durante la reciente presentación regional del Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Bryce Pardo, destacado investigador de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), fue categórico al señalar que los nitazenos son sustancias más potentes que el fentanilo.

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El origen: un experimento farmacéutico descartado por su letalidad

Para comprender la magnitud de la amenaza, es necesario revisar qué son los nitazenos. Se trata de una clase de opioides sintéticos que pertenecen a la compleja familia química de los benzimidazoles. A diferencia de los opioides tradicionales o naturales, que se extraen y refinan a partir de la planta de la amapola (opio), los nitazenos son creados en su totalidad en laboratorios clandestinos mediante procesos químicos sumamente sofisticados.

Paradójicamente, su historia no es reciente, sino que se remonta a la década de 1950. Fueron desarrollados originalmente por la compañía farmacéutica suiza CIBA (empresa que hoy forma parte del conglomerado Novartis), se acuerdo con el sitio guadalsalus. El objetivo de aquella investigación era encontrar nuevos y eficaces analgésicos potentes que pudieran sustituir a la morfina en el ámbito médico.

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Sin embargo, los ensayos clínicos arrojaron resultados alarmantes debido a su extrema potencia y a un margen de seguridad casi inexistente. La diferencia biológica entre una dosis con fines terapéuticos y una dosis mortal era mínima, por lo que nunca recibieron la aprobación de las autoridades sanitarias para su uso clínico en seres humanos ni en animales veterinarios. Durante más de medio siglo, estas sustancias quedaron relegadas al olvido, existiendo únicamente en la literatura científica. Hoy, los cárteles han rescatado esas fórmulas para inundar el mercado negro.

Droga - Nitazenos 1920
La extrema potencia de los nitazenos exige que los laboratorios forenses y servicios de urgencias actualicen constantemente sus protocolos de detección. (Gettyimages)

Una potencia que eclipsa al fentanilo

La preocupación expuesta por Bryce Pardo se centra en la letalidad de la sustancia. Para ponerlo en perspectiva clínica: el fentanilo es aproximadamente 50 veces más potente que la heroína y hasta 100 veces más fuerte que la morfina. Sin embargo, algunos compuestos específicos de la familia de los nitazenos, como el isotonitazeno o el etonitazeno, superan con creces estos parámetros, siendo más potentes que el propio fentanilo.

En términos prácticos, esto significa que una cantidad de polvo equivalente a unos pocos granos de sal de mesa es suficiente para provocar una depresión respiratoria mortal en un adulto, especialmente en aquellos individuos sin una tolerancia previa al consumo de opioides. Esta potencia extrema hace que la dosificación en el mercado ilícito, donde operan sin controles de calidad ni medidas de bioseguridad, sea una ruleta rusa, derivando inevitablemente en un aumento exponencial de muertes accidentales.

El engaño criminal: adulteración y pastillas falsificadas

El peligro de los nitazenos se multiplica por la forma en que se distribuyen. Estas sustancias rara vez se venden bajo su propio nombre en las calles. En la gran mayoría de los casos documentados, las redes criminales los utilizan como adulterantes baratos para reforzar los efectos de otras drogas.

Los informes forenses han detectado nitazenos mezclados con heroína, pero la verdadera alarma suena al encontrarlos en sustancias no opioides como la cocaína, la metanfetamina o la MDMA (éxtasis). Aún más preocupante es su proliferación en el mercado de pastillas falsificadas. Los traficantes utilizan prensas industriales para crear comprimidos que imitan a la perfección fármacos legítimos como la oxicodona, el alprazolam (Xanax) o el diazepam. Una persona que cree estar consumiendo un ansiolítico para calmar la ansiedad puede, en realidad, estar ingiriendo una dosis fulminante de nitazeno, eliminando cualquier posibilidad de tomar decisiones informadas sobre su propio consumo.

Efectos biológicos y el reto del diagnóstico médico

Cuando una persona ingiere, inhala o se inyecta un nitazeno, la sustancia actúa uniéndose violentamente a los receptores opioides mu en el cerebro y el sistema nervioso central. Esto produce una analgesia extrema y una euforia intensa, seguida de una sedación profunda y miosis (contracción severa de las pupilas, conocidas como pupilas puntiformes).

Los nitazenos suelen ser más potentes que los fentanilos. (FOTO: Senado)
Los nitazenos suelen ser más potentes que los fentanilos. (FOTO: Senado)

No obstante, el riesgo físico es inmediato. La complicación más crítica de una sobredosis es la depresión respiratoria: el cerebro simplemente deja de enviar la señal para que los pulmones respiren. Esto genera hipoxia (falta de oxígeno en la sangre), bradicardia (ritmo cardíaco peligrosamente lento) e hipotensión. Si no se administra naloxona de manera urgente, el cuadro desemboca en daño cerebral permanente, coma y la muerte.

A este cuadro clínico se suma la dificultad diagnóstica. En los primeros estadios de su propagación global, muchos nitazenos no aparecían en los análisis de orina rápidos realizados en las urgencias hospitalarias. Aunque la tecnología diagnóstica avanza, la rapidez con la que los laboratorios clandestinos alteran la química para crear nuevos derivados (análogos) obliga a los sistemas de salud a vivir en una constante carrera contrarreloj para actualizar sus protocolos de detección y salvar vidas.

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