Concluyó la fase de grupos para la Selección Mexicana y, sin duda, lo más rescatable es que, por primera vez en la historia, logró clasificarse con paso perfecto. De los tres partidos que disputó, ganó los tres, un logro que nunca antes había conseguido y que merece ser destacado.
En el futbol, ganar siempre es trascendental. Las victorias fortalecen al equipo, generan confianza y permiten afrontar con mayor seguridad los retos que vienen por delante, los mismos que, sin duda, serán mucho más exigentes y complejos.
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De forma paralela, también vale la pena resaltar que México mantuvo su portería en cero durante toda la fase de grupos, confirmando que la principal fortaleza del equipo dirigido por Javier Aguirre es, hoy por hoy, su solidez defensiva.
En el partido de hoy, Aguirre apostó por una alineación alterna. Prescindió de varios futbolistas que podrían considerarse titulares indiscutibles y optó por dosificar las cargas, entendiendo la alta exigencia física que demanda el futbol profesional y la importancia de llegar con el plantel lo más fresco posible a la fase definitiva.
Podemos estar o no de acuerdo con la decisión del técnico; sin embargo, entendiendo que el resultado es el que suele dictar si una decisión fue o no correcta, el resultado le terminó dando la razón a Javier Aguirre. México consiguió un triunfo más, cerró la fase de grupos con nueve puntos de nueve posibles y confirmó su liderato.
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Entrando de lleno al análisis de este tercer partido, y sin restarle mérito a la Selección Mexicana, también es importante poner el contexto sobre la mesa. Enfrente estuvo una República Checa muy endeble, inoperante en ataque, descoordinada en defensa y, sobre todo, muy mermada en el aspecto físico, una de las facetas más determinantes del futbol moderno. Conforme avanzó el encuentro, los checos evidenciaron un desgaste importante que terminó por hacerles imposible inquietar al conjunto mexicano.
México arrancó el partido de manera discreta. No mostró la intensidad con la que había iniciado frente a Corea y Sudáfrica y firmó un primer tiempo en el que le costó generar futbol y encontrar profundidad. Salvo por los momentos en los que el balón pasó por los pies de Gilberto Mora, el equipo lució espeso.
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El joven mediocampista volvió a demostrar que está listo para grandes escenarios. Sorprende la naturalidad con la que interpreta el juego, la madurez con la que toma decisiones y, especialmente, la calidad de sus controles orientados, que le permiten acelerar las jugadas y facilitar la progresión ofensiva de su equipo. Fue, sin duda, el futbolista más destacado sobre el terreno de juego.
La gran incógnita rumbo a los dieciseisavos de final será si Javier Aguirre mantendrá a Gilberto Mora dentro del once titular o si volverá a apostar por algunos de los futbolistas que hoy decidió guardar. En lo personal, considero que Mora debe ser titular sí o sí, independientemente del rival que enfrente México. Su rendimiento y su impacto en el funcionamiento colectivo justifican plenamente su presencia desde el inicio.
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Para la segunda mitad hubo una mejora evidente del conjunto nacional. México salió con mayor intensidad, fue más agresivo y encontró rápidamente la recompensa. A partir de una gran acción ofensiva de Mateo Chávez, combinada con una muy deficiente transición defensiva de los checos, llegó el 1-0.
Resulta difícil entender cómo, en un partido de vida o muerte, tres futbolistas checos no fueron capaces de despojar del balón a Luis Romo o, cuando menos, impedir que la jugada progresara. Era un tres contra uno evidente que terminó resolviendo favorablemente el mediocampista mexicano, quien asistió de gran manera a Mateo Chávez. El delantero cambió el ritmo, atacó el espacio y definió con enorme frialdad y categoría.
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Además, el gol tuvo un significado especial, ya que convirtió a Mateo Chávez en el futbolista mexicano más joven en marcar en la historia de las Copas del Mundo.
El tanto terminó por descomponer por completo a República Checa. El equipo europeo comenzó a partirse, dejó muchos espacios entre líneas y México aprovechó esa circunstancia. Gracias a otra brillante intervención de Gilberto Mora, que filtró un gran pase para Jorge Sánchez, nació la jugada del segundo gol, el mismo que Julián Quiñones terminó empujando tras un par de rebotes.
Con la ventaja de dos goles, México administró el partido con inteligencia. Bajó las revoluciones, cuidó el resultado y nunca se sintió verdaderamente amenazado por un conjunto checo que, insisto, ofreció muy poco en ataque y prácticamente nunca puso en aprietos a la defensa mexicana.
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Más adelante, con un Estadio Ciudad de México completamente lleno y entregado a la Selección, Javier Aguirre decidió rendir homenaje a Guillermo Ochoa. Todo apunta a que este pudo haber sido el último partido como profesional del histórico guardameta mexicano. Vaya reconocimiento para uno de los futbolistas más importantes en la historia de la Selección Nacional, protagonista de una carrera extraordinaria y referente de varias generaciones.
Ahora bien, México debe tener plena conciencia de que lo conseguido en la fase de grupos, aunque muy meritorio, no garantiza absolutamente nada en la fase de eliminación directa. Lo que viene será completamente distinto.
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Aún no se conoce al rival de los dieciseisavos de final, pero cualquiera que sea representará una exigencia mayor a la que ofrecieron República Checa y Sudáfrica, dos selecciones que dejaron mucho que desear en esta Copa del Mundo. Corea fue, probablemente, el rival que más exigió al equipo mexicano y ahí los dirigidos por Javier Aguirre mostraron personalidad, orden y fortaleza defensiva.

México sigue siendo un equipo al que le cuesta generar un volumen importante de oportunidades de gol. Sin embargo, también continúa siendo un conjunto extremadamente sólido, muy bien trabajado en defensa y fiel al estilo que históricamente ha caracterizado a Javier Aguirre: un equipo al que resulta muy complicado lastimar.
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Ya habrá tiempo para analizar con mayor profundidad al próximo rival cuando quede definido. Hoy la afición tiene todo el derecho de celebrar. México cerró una fase de grupos histórica con paso perfecto y razones de sobra para ilusionarse.
No obstante, desde el análisis y la objetividad, también corresponde señalar que, si bien la Selección obtuvo con justicia tres victorias consecutivas, deberá elevar considerablemente su nivel si realmente aspira a hacer historia y trascender en esta Copa del Mundo. Lo mejor está por venir, pero también será donde comenzará el verdadero examen para este equipo.
Así es el balance del partido y lo que se espera a partir de la victoria. (Infobae)
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