¿Cómo se aprende a crear experiencias con aromas? El viaje autodidacta de un perfumista mexicano

Sin más guía que su instinto y la persistencia, Aldo Ravin se aventuró a construir mundos olfativos

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Escritorio de madera con frascos, aceites, pipetas, manzana partida, vela encendida, brújula y cuaderno abierto con fórmulas manuscritas. Luz cálida.
Un escritorio artesanal con frascos, aceites, pipetas y un cuaderno abierto con fórmulas y anotaciones se ilumina por la suave luz del atardecer, evocando un ambiente de creación. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la perfumería de nicho mexicana, los materiales y los acordes poco usuales no son sólo una extravagancia: sino que resultan un complemento para crear una experiencia olfativa fuera de lo común.

Así, en un mundo donde no hay fórmulas heredadas, ni recetas fáciles, el perfumista Aldo Ravin, pintor de formación y autodidacta en el arte de los aromas, platica a Infobae México el impulso que lo llevó a experimentar.

“Siempre he tenido sensibilidad olfativa, desde niño. Para mí los aromas son como memorias más fuertes que cualquier otra”, dice para este medio.

Un perfume de autor no se mide únicamente por lo que promete en el papel, sino por la intensidad con que desafía los límites del gusto y la costumbre.

“Me llamaba mucho la atención crear experiencias, no solo olores para salir a la disco”, relata Ravin.

Mesa de madera con frascos de perfume en cajas negras, cuadernos abiertos con notas, especias (anís, canela), flores secas (rosas, lavanda) y pequeños botes de aceites.
Frascos de perfume junto a cuadernos de notas e ingredientes naturales como lavanda, canela y anís estrellado, ilustrando el meticuloso proceso de creación artesanal de fragancias. (Imagen Ilustrativa Infobae/cortesía Aldo Ravin)

El confinamiento de la pandemia por Covid-19 fue el catalizador: aprendió en foros, probó moléculas, materiales y, a fuerza de error, descubrió qué ingredientes podían ser el corazón de su obra.

La perfumería y los materiales inusuales

En la historia de la perfumería, las sustancias de origen animal han dado de qué hablar.

“El castóreo huele horrible, igual la civeta, la civeta huele a meados. Pero cuando los diluyes, pueden transformarse en acordes de cuero o dar ese carácter vintage a las flores pesadas”, explica Ravin, mientras describe el proceso de crear fragancias.

El interés por estos materiales tiene raíces profundas en la cultura.

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Plano detalle de unas manos mezclando delicadamente esencias naturales en pequeños frascos de vidrio para elaborar un perfume único y artesanal. - (Imagen Ilustrativa Infobae)

De acuerdo con el estudio La Cultura de los olores de Cristina Larrea Killinger, las sociedades han clasificado los olores según criterios morales y sociales, atribuyendo el “buen olor” a la limpieza, la pureza y la superioridad de clase, y relegando los olores fuertes o animales a lo bajo, lo peligroso, lo marginal.

Según estudios antropológicos, el mal olor ha servido históricamente para excluir a grupos o reforzar jerarquías, mientras que la desodorización se asoció con la “civilización” y la domesticación de los cuerpos.

Pero la perfumería de nicho,tanto en México y a nivel mundial, rebasa esa frontera.

“Hay un perfume que huele a sudor y a cola, Pero pues no sé, yo digo: ‘No te lo vas a estar poniendo, ¿no?’ O sea, ¿quién quiere oler a cola? (...) Pero creo que está padre que la gente haga ese tipo de cosas, porque realmente es difícil de hacer. Entonces, yo de verdad respeto mucho eso", señala.

En este sentido, el propio Aldo ha trabajado con elementos poco conocidos.

Primer plano de una mano sosteniendo un gotero con líquido dorado, vertiendo una gota en la abertura de un pequeño frasco de vidrio.
Un perfumista con precisión artesanal vierte una esencia dorada gota a gota en un frasco, mostrando la dedicación en la creación de fragancias únicas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Tengo un material que se llama cade, que parece chapopote, o sea, es negro, pesadísimo y huele a madera quemada, huele a leña, así, literal. Huele a humo, a madera quemada. Y es un material natural. Entonces busca la onda de, de hacer como un bosque, eh, que se sienta húmedo, frío con las coníferas”.

El aprendizaje solitario y la creación

La ruta hacia los acordes puede ser solitaria. Ravin cuenta que, en sus inicios no había muchos perfumistas de nicho en México, ni acceso fácil a los materiales.

“Empecé con aceites de limón, naranja, bergamota, pachulí, cedro. Después busqué proveedores internacionales y me obsesioné con conocer cada material a fondo”.

La experimentación llevó al error, a la frustración y, en ocasiones, a resultados insólitos.

Toma cenital de una mesa de madera con un cuaderno abierto, tiras olfativas, botellas de vidrio con líquidos, un mortero, y flores frescas y secas.
Una vista aérea de una mesa de perfumista autodidacta, donde un cuaderno de notas, tiras olfativas usadas, botellas abiertas y flores frescas y secas están artísticamente dispuestas para la creación de fragancias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El proceso es artesanal y empírico. Ravin platica con quienes buscan un perfume personalizado, indaga en sus recuerdos y preferencias, y traduce deseos abstractos en fórmulas secretas.

“Mi idea es tratar de empatizar con la persona y saber qué le gusta, por qué le laten esos aromas. Si quieren algo oscuro o floral, yo tengo que apegarme a su sentimiento”, resume.

El resultado puede ser un perfume que funciona como una obra de arte efímera y que invita a explorar el lado menos domesticado del olfato.