
Flamingos: La vida después del meteorito llega a su cuarta semana en salas mexicanas tras un proceso de realización que abarcó más de diez años.
En el documental, dirigido por Lorenzo Hagerman y narrado por Julieta Venegas, se combinan en un proyecto que explora la supervivencia colectiva de los flamencos caribeños en los humedales del norte de Yucatán.
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Hagerman observa desde su escondite. “Fue amor a primera vista”, dice sobre ese primer encuentro cuando, invitado por la Universidad de Cornell, llegó a registrar la vida de los flamencos.
El plan inicial era alimentar el archivo más grande de aves del mundo, pero la realidad lo arrastró más lejos. El resultado: una película sobre la vida, la fragilidad y la resistencia.
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Los flamencos atrapan la lente de Hagerman
Durante la filmación, Hagerman y su equipo pasaron jornadas de hasta 14 horas escondidos, inmóviles entre la sal y el lodo, para no alterar el ciclo de los flamencos: “No te puedes comunicar con el sujeto, tienes que estar plantado en un escondite, sin poderte mover”.
El documental registra una de las mayores colonias de flamencos vistas en la región, más de 40 mil en pantalla: “Esto es una película sobre la vida”, sostiene Hagerman.
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En cuanto al tiempo de realización: “diez años de trabajo, dos de investigación, dos y medio de rodaje y dos de edición, más los imprevistos de la pandemia y la distribución“.
De esta manera, la urgencia por capturar la temporada de reproducción, cortejo y el nacimiento de las aves convirtió la observación en un ejercicio de paciencia y asombro.
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Pero... ¿por qué “Flamingos”?
El primer contacto fue determinante. Lorenzo Hagerman contó que la idea nació cuando fue invitado por Claudia Madrazo, productora de La Vaca Independiente, y por John Bauman, del laboratorio de Cornell, a documentar la vida de los flamencos en Yucatán.
El director explicó que el título, Flamingos: La vida después del meteorito, se eligió porque el público mexicano suele emplear tanto “flamenco” como “flamingo”, y el objetivo era evitar confusiones con el baile español. Por ello, destacó, la narrativa se encarga de dejar bien en claro la forma correcta en español.
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Por otro lado, el meteorito al que se alude no es cualquier coincidencia: es el mismo que, hace 66 millones de años, marcó el fin de los dinosaurios y dio origen al cráter de Chicxulub, justo en la península de Yucatán.
De esta manera, la pieza recoge esa huella prehistórica para recordar que, de alguna poética forma, los flamencos son descendientes de aquellas aves que lograron sobrevivir a la extinción.
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La magia visual y sonora en Flamingos: una construcción de diez años
La película se sustenta en la colaboración con especialistas internacionales. El diseño sonoro recurrió tanto a grabaciones directas como a archivos de Cornell y estudios en Bristol, Inglaterra: “El reto es que no puedes, como en un rodaje normal, poner el micrófono sobre lo que quieres escuchar”.
Además, la música de Bryce Dessner y la edición de audio en Guadalajara cierran la experiencia: “La combinación de imagen y sonido es lo que te mete al mundo del flamenco”.
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De igual manera, el trabajo de edición y postproducción fue clave para reescribir la historia y ajustar la narración junto al texto de Ajo y la voz de Venegas.
¿Cómo suena la vida de los flamencos a través de la voz de Julieta Venegas?
Desde el inicio, Hagerman tuvo algo claro: no quería la voz grandilocuente y pedagógica típica del documental de naturaleza, buscaba “alguien que lo contara como cuando te reúnes con un amigo a contar un viaje”.
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En este sentido, Julieta Venegas cumplía ese perfil, y su participación otorgó al documental un tono cálido y cercano. Así, la narración de la artista, en colaboración con Ajo, se convirtió en uno de los sellos del proyecto. El director reconoce: “Los flamencos hicieron una buena labor para convencerla”.
¿A quién le habla Flamingos: La vida después del meteorito?
El director fue enfático al señalar que no pensó en un público específico al realizar el filme, pero confesó su cometido de entregar un relato comprensible para cualquier espectador: “No tienes que ser académico, ni ir a la universidad para identificarte con una película así”.

El resultado es un documental que invita a mirar a la supervivencia y a la naturaleza desde un ángulo distinto, así como a descubrir en los flamencos una historia de resiliencia y belleza que también pertenece a quienes se detienen por un momento a observar.
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