
En México, las mujeres enfrentan pensiones más bajas y menor ahorro en la vejez, a pesar de que su esperanza de vida supera a la de los hombres. Esta tendencia revela una vulnerabilidad económica creciente para millones de mujeres adultas mayores, en un contexto donde la estructura demográfica y el mercado laboral han limitado su acceso a la seguridad social y mecanismos de protección financiera.
De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la esperanza de vida de las mujeres mexicanas alcanza los 79 años, seis años más que los hombres. Sin embargo, esa longevidad no se traduce en mayor seguridad financiera. El acceso a una pensión digna o a cuentas de ahorro para el retiro sigue siendo limitado para la mayoría, resultado de trayectorias laborales interrumpidas, alta informalidad y una distribución desigual del trabajo de cuidados.
La proporción de mujeres con una cuenta de ahorro para el retiro apenas llega a 34%, mientras que la mitad de los hombres cuenta con este instrumento. La principal causa de esta brecha es la falta de acceso a un empleo formal: 53% de las mujeres sin cuenta reportan no haber trabajado nunca o estar fuera del mercado laboral. Esta exclusión estructural ocurre en un país donde la informalidad afecta a 54% de las mujeres ocupadas, restringiendo el acceso a pensiones contributivas y seguridad social.
El análisis del IMCO sitúa este fenómeno en el marco de una transformación demográfica acelerada. Desde los años sesenta, la tasa de fecundidad en México cayó de 6.8 hijos por mujer a 1.9 en 2023, por debajo del nivel necesario para el reemplazo generacional. Esto, sumado al aumento de la longevidad, está produciendo un envejecimiento poblacional sin precedentes.

Durante décadas, el crecimiento acelerado de la población mexicana generó el llamado bono demográfico: una etapa en la que la población en edad laboral superó con creces a la dependiente. Entre 1950 y 1990, la población nacional se triplicó, abriendo una ventana de oportunidad para el desarrollo económico. No obstante, la baja integración de las mujeres al empleo formal limitó el aprovechamiento de ese potencial. Aunque la participación económica femenina pasó de 6% en 1900 a 49% en 2020, ese avance no garantizó igualdad de condiciones ni acceso masivo a empleos con seguridad social.
Actualmente, el país enfrenta las consecuencias de esa integración incompleta. El envejecimiento poblacional hace más visible la falta de cobertura previsional entre las mujeres, un segmento que además asume la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. A lo largo de su vida, las mujeres mexicanas dedican en promedio 40 horas semanales a estas tareas, frente a 16 horas de los hombres. En 2024, el valor económico de este trabajo representó 26% del Producto Interno Bruto (PIB), una cifra que no se traduce en derechos pensionarios ni en protección social.
El informe del IMCO destaca que las mujeres generan 73% del valor económico del trabajo no remunerado en los hogares. Esta situación persiste incluso en edades avanzadas, cuando muchas mujeres continúan responsabilizándose por el cuidado de nietos, parejas o familiares enfermos, lo que perpetúa su dependencia económica y limita su capacidad de ahorro.

La combinación de menor fecundidad, mayor longevidad y baja cobertura de pensiones anticipa presiones significativas sobre el sistema fiscal y los mecanismos de protección social en México. La organización advierte que acelerar la inclusión económica de las mujeres constituye una estrategia clave para el crecimiento sostenible y la competitividad nacional. En un país que ha logrado avances en educación y representación política femenina, el gran reto es que millones de mujeres no lleguen a la vejez con más años de vida pero con menos ingresos, menos ahorro y mayor dependencia.
El documento subraya la urgencia de ampliar la formalidad laboral, fortalecer los instrumentos de ahorro para el retiro y rediseñar las políticas públicas de cuidados. La sostenibilidad fiscal y el bienestar de la población dependen de que se logre una mayor integración de las mujeres al empleo formal, con acceso a seguridad social y mecanismos de protección ante la vejez.
Datos clave:
- Solo 34% de las mujeres en México tiene una cuenta de ahorro para el retiro, frente a 50% de los hombres
- El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado realizado por mujeres equivale a 26% del PIB nacional
- La baja integración de las mujeres al empleo formal limita su acceso a pensiones y aumenta su vulnerabilidad económica en la vejez
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