Los efectos secundarios de usar tacones en exceso: un hábito cotidiano con riesgos para la salud

Dolores persistentes, deformaciones y lesiones pueden desarrollarse sin síntomas evidentes hasta etapas avanzadas

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La rutina de llevar este
La rutina de llevar este tipo de zapatos favorece problemas musculares, articulares y óseos. Foto: (iStock)

El uso de tacones forma parte del día a día de millones de mujeres en el mundo. Ya sea por estética, estilo o códigos laborales, estos zapatos suelen asociarse con elegancia y presencia.

Sin embargo, es necesario considerar que su uso excesivo puede provocar múltiples afectaciones físicas que, en muchos casos, pasan desapercibidas hasta que se manifiestan como dolor crónico o lesiones de largo plazo.

Uno de los principales efectos negativos de utilizar tacones de forma frecuente es la alteración en la postura corporal. Al elevar el talón, el peso del cuerpo se desplaza hacia la parte delantera del pie, lo que provoca que los músculos de la pantorrilla, la espalda baja y los glúteos trabajen de manera forzada para mantener el equilibrio. Esta posición antinatural puede generar tensión constante en la zona lumbar, incrementando el riesgo de desarrollar lumbalgias y dolor persistente en la espalda.

La presión y postura forzada
La presión y postura forzada derivadas de estos zapatos elevan la probabilidad de sufrir juanetes, dolor lumbar, rigidez muscular y desgaste prematuro en las articulaciones. Foto: (iStock)

Otra consecuencia común es la aparición de problemas en los pies. El exceso de presión sobre la zona del antepié puede provocar juanetes, callosidades, dedos en garra e incluso neuromas, que son engrosamientos dolorosos de los nervios entre los dedos.

Asimismo, el uso de tacones muy altos o con puntas estrechas reduce la movilidad natural de los dedos, favoreciendo deformaciones progresivas que, en casos graves, requieren tratamiento médico o cirugía.

El impacto en la salud muscular también es significativo. El uso prolongado de tacones acorta el tendón de Aquiles, lo que genera rigidez en las pantorrillas y dificulta caminar con calzado plano.

Esta tensión puede causar dolor al realizar actividades cotidianas, como subir escaleras o permanecer mucho tiempo de pie. A largo plazo, el acortamiento muscular puede alterar la biomecánica natural de la marcha y provocar lesiones en tobillos, rodillas y cadera.

En el caso de las rodillas, caminar con tacones eleva la presión sobre la articulación, especialmente cuando el tacón supera los siete centímetros de altura. Esta carga adicional acelera el desgaste del cartílago y aumenta el riesgo de desarrollar osteoartritis, una enfermedad degenerativa que puede afectar la movilidad.

Los tacones altos favorecen la
Los tacones altos favorecen la aparición de juanetes y deformaciones en los pies. Foto: (iStock)

Los esguinces también son un riesgo frecuente debido a la inestabilidad del tobillo al caminar con tacones finos. Los especialistas señalan que, incluso un pequeño tropiezo puede derivar en una torcedura severa o una fractura, especialmente cuando el talón es muy alto o la superficie es irregular.

A pesar de estos riesgos, se recomienda eliminar completamente el uso de tacones, sino moderarlo. Recomiendan alternar este tipo de calzado con opciones más ergonómicas, utilizar plantillas que distribuyan mejor el peso y elegir tacones más anchos y de menor altura para evitar lesiones. También es fundamental realizar estiramientos diarios de pantorrillas y ejercicios que fortalezcan tobillos y pies.

Si bien los tacones continúan siendo un símbolo de estilo para muchas mujeres, entender sus efectos permite tomar decisiones más conscientes. Usarlos con moderación y priorizar la salud del cuerpo es clave para evitar problemas futuros y mantener una vida activa sin molestias.