
La osteoporosis es una enfermedad que debilita los huesos al reducir su densidad y resistencia. Lo más inquietante es que en sus primeras fases no genera molestias visibles, lo que ha llevado a que se le conozca como “la enfermedad silenciosa”. Muchas personas conviven con ella sin saberlo, hasta que una fractura inesperada revela el daño acumulado.
En condiciones normales, el tejido óseo se regenera constantemente, pero con el paso del tiempo o por factores específicos, el cuerpo puede perder más masa ósea de la que produce.
Esta pérdida progresiva no causa dolor ni inflamación, lo que dificulta su detección temprana. Por ello, es común que la enfermedad avance durante años sin ser identificada, afectando la calidad de vida sin que el paciente lo note.
El dolor aparece cuando hay consecuencias estructurales, como fracturas vertebrales que provocan dolor crónico de espalda, pérdida de estatura o encorvamiento.
Las fracturas de cadera, muñeca o columna pueden ocurrir incluso con movimientos cotidianos como agacharse o toser. En estos casos, el malestar no proviene de la enfermedad en sí, sino de las lesiones que esta facilita.

Además, el proceso de recuperación tras una fractura puede ser largo, costoso y limitar significativamente la autonomía del paciente.
Cómo identificarla y reducir el riesgo
La forma más confiable de detectar esta condición antes de que cause daño es mediante una densitometría ósea, un estudio que mide la densidad mineral de los huesos. Este examen es especialmente recomendado para:
- Mujeres posmenopáusicas
- Personas mayores de 50 años
- Quienes tienen antecedentes familiares de fracturas
- Pacientes que usan corticoides por tiempo prolongado
Los factores de riesgo incluyen:
- Edad avanzada
- Deficiencia de calcio y vitamina D
- Sedentarismo
- Tabaquismo
- Consumo excesivo de alcohol
- Enfermedades como artritis reumatoide, celiaquía o cáncer
- Medicamentos que afectan la absorción de nutrientes o el metabolismo óseo

La prevención es posible y efectiva. Mantener una dieta rica en calcio y vitamina D, realizar ejercicio regular que soporte el peso corporal (como caminar, bailar o subir escaleras), evitar el tabaco y el alcohol, y consultar al médico para evaluar la necesidad de suplementos o tratamientos específicos son medidas clave para proteger la salud ósea.
Aunque no se manifieste con señales evidentes, sus consecuencias pueden ser graves. Detectarla a tiempo y adoptar hábitos saludables puede marcar la diferencia entre una vida activa y una limitada por fracturas, dolor crónico y pérdida de independencia.
La conciencia sobre esta condición es fundamental para promover el envejecimiento saludable y prevenir complicaciones futuras.
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