
Incorporada en la mayoría de las cocinas del mundo, la cebolla ha sido valorada desde la antigüedad tanto por su sabor como por su uso medicinal. Sin embargo, a pesar de su reputación como ingrediente saludable, lo cierto es que puede provocar distintos efectos secundarios en algunas personas.
Con base en información de Healthline, uno de los efectos adversos más conocidos aparece prácticamente desde el primer contacto: la irritación ocular. Al cortar una cebolla, se libera un compuesto sulfurado volátil que, al entrar en contacto con los ojos, desencadena el lagrimeo y sensación de ardor.
Este fenómeno de la cebolla, explicado por la presencia del factor lacrimógeno, es un mecanismo de defensa natural de la planta contra microbios y depredadores. Aunque se trata de un efecto leve y pasajero, puede resultar incómodo para quienes manipulan frecuentemente este vegetal. Reducir este síntoma es posible mediante trucos sencillos, como enfriar el ingrediente antes de cortarlo o utilizar gafas cerradas.

Las reacciones alérgicas se presentan con menor frecuencia, pero pueden llegar a ser bastante molestas e incluso graves. Algunas personas desarrollan sensibilidad a proteínas específicas de la cebolla, lo que genera síntomas como picazón nasal y ocular, enrojecimiento, congestión, estornudos e incluso dermatitis de contacto con solo manipular el alimento. En los casos más severos, hay quienes experimentan asma y reacciones cutáneas intensas sin necesidad de ingerirla, sólo por contactarla con la piel.
Consumir cebolla puede provocar mal aliento, producto de los compuestos sulfurados que persisten incluso tras cepillarse los dientes o enjuagar la boca. Este efecto, aunque temporal, puede generar incomodidad en situaciones sociales o laborales.
Quienes padecen síndrome de intestino irritable (SII) afrontan síntomas por consumir cebolla como dolor abdominal, hinchazón, gases y alteraciones en el ritmo intestinal. Esto se debe a que la planta es rica en un grupo de carbohidratos que son difíciles de digerir y pueden fermentar en el sistema digestivo, exacerbando los síntomas del SII. Por ello, muchos especialistas recomiendan a estos pacientes evitar o limitar su consumo.

Asimismo, la cebolla puede originar acidez estomacal y agravar los síntomas de la enfermedad por reflujo gastroesofágico. Los estudios han encontrado que su consumo facilita la relajación del esfínter que separa el estómago del esófago, lo cual favorece el ascenso de los jugos gástricos hacia el tórax y provoca sensación de quemazón o acidez. Es recomendable a las personas con ese padecimiento evitar la hortaliza.
Existe una advertencia especial para quienes toman medicamentos anticoagulantes como la warfarina. La cebolla tiene potencial para potenciar el efecto de estos fármacos, elevando el riesgo de sangrados, aunque faltan datos concluyentes sobre la cantidad exacta que podría desencadenar este problema.
A pesar de estos posibles efectos indeseados, la fuente consultada destaca que la gran mayoría de las personas puede disfrutar la cebolla sin contratiempos. Su consumo cotidiano resulta seguro para quien no presenta alergias, intolerancias digestivas, trastornos de reflujo ni toma medicación anticoagulante.
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