Ellos son los cinco “López” que han hecho daño al país, según el periodista Raymundo Riva Palacio

Raymundo Riva Palacio analiza en su columna los efectos del nepotismo, el caudillismo y el poder ejercido como botín familiar

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En su análisis, Riva Palacio
En su análisis, Riva Palacio menciona a cinco "López" que históricamente han hecho daño al país. EFE/FRANCISCO GUASCO/Archivo

El apellido López ha sido sinónimo de poder en México, pero también de ruina, oportunismo y descomposición institucional. En su columna Estrictamente Personal, publicada este martes bajo el título “Los cinco López”, el periodista Raymundo Riva Palacio teje un análisis histórico y político que conecta a cinco personajes con un mismo denominador común: el uso del poder público como un botín personal o familiar.

Riva Palacio inicia con dos nombres del pasado: Antonio López de Santa Anna, quien entregó más de la mitad del territorio nacional a Estados Unidos, y José López Portillo, presidente entre 1976 y 1982, cuyo gobierno estuvo marcado por el nepotismo, la corrupción de sus allegados y una crisis económica que desembocó en la estatización bancaria. Ambos representan, según el autor, el arquetipo del líder carismático y autoritario que, disfrazado de patriota, terminó hundiendo al país.

En el presente, otros tres López dominan la escena política: Adán Augusto López Hernández, Andrés Manuel López Beltrán (mejor conocido como Andy) y el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Para el periodista, estos tres no sólo comparten el apellido más allá de la coincidencia estadística, sino una visión de poder basada en la lealtad incondicional y el reparto familiar de cuotas.

Adán Augusto, exsecretario de Gobernación y actual coordinador de Morena en el Senado, vive sus peores días. A decir de Riva Palacio, su cercanía con personajes vinculados al crimen organizado, como Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad de Tabasco, y su conexión con el Cártel Jalisco Nueva Generación, han desatado una ola de escándalos que lo hacen ver como un “fusible quemado”. El columnista señala que incluso dentro del régimen se le considera un lastre para el gobierno de Claudia Sheinbaum.

Antonio López de Santa Anna
Antonio López de Santa Anna fue presidente de México en 11 ocasiones. (Wiki Commons)

Andy López Beltrán, por su parte, fue exhibido recientemente vacacionando en un hotel de lujo en Tokio —uno de los más caros de la capital japonesa— mientras su partido, Morena, realizaba trabajos territoriales clave de cara al nuevo sexenio. Su comportamiento contrastó con el discurso austero heredado de su padre y lo dejó expuesto como alguien más interesado en el confort que en la política de base que supuestamente encarna.

Mientras tanto, en Palenque, el expresidente López Obrador observa cómo se desmorona la estrategia sucesoria que había diseñado para perpetuar su legado: mantener control sobre Morena, decidir la sucesión presidencial, repartir el poder entre perdedores y asegurar la lealtad de las Fuerzas Armadas. El desorden interno, las pugnas de poder y los escándalos que rodean a sus aliados más cercanos, sin embargo, han dinamitado ese plan.

El periodista destaca que, de acuerdo con fuentes del gobierno de Sheinbaum, López Obrador está molesto con su hijo y con Adán Augusto, no por los señalamientos de corrupción per se, sino porque el dinero habría servido a fines personales, no a la causa política que él considera legítima. Esa moral “bipolar” distingue entre robar para el movimiento y robar para uno mismo.

La conclusión de Riva Palacio es contundente: la historia de los López es una de ambición desmedida, utilitarismo político y desprecio por las reglas institucionales. Desde la venta del territorio nacional hasta la nacionalización de la banca, pasando por el reparto de contratos públicos y ascensos a partir del amiguismo, cada López ha dejado una huella negativa en el país.

López Obrador observa desde Palenque
López Obrador observa desde Palenque el derrumbe de su proyecto sucesorio; fuentes dicen que está molesto con su círculo más cercano. |Crédito: Cuartoscuro

Más allá de los nombres, advierte, lo que debe cambiar son los mecanismos del poder, los que permiten el nepotismo, la impunidad y el saqueo como parte del sistema. Si eso no se transforma, el apellido López seguirá representando, por generaciones, la gran oportunidad de servirse, no de servir al país.