
Por fuera, el Antiguo Hotel de Reforma guarda su fachada como quien protege un secreto. Miles de chilangos lo cruzan sin mirar, sin saber que detrás de esos muros sobrios, esa noche del 17 de julio, aguardaba una experiencia que convirtió el after office en una celebración de luz, música y cuerpo en movimiento.
La segunda edición del Heineken Afterwork prometía una desconexión con estilo, y cumplió. Desde la entrada —a pasos del Metrobús París—, el bullicio de Reforma se desvanecía.

En su lugar, luces verdes bañaban las paredes, danzando con destellos púrpura y neón. El interior del hotel, usualmente cerrado al ojo público, se transformó en una atmósfera íntima y a la vez expansiva, como si cada rincón estuviera diseñado para dejar atrás la rutina y sumergirse en una noche sin tiempo.
En la planta baja, el área de DJ marcaba el pulso del encuentro. La pista de baile —libre, diversa, eufórica— era un caleidoscopio de pasos, abrazos y miradas cómplices. Algunos con cerveza en mano, otros explorando la zona de tatuajes o esperando la repartición de playeras exclusivas —que, puntuales, aparecieron a las 11 en punto como recompensa para quienes resistieron el ritmo temprano de un jueves nocturno.

CLUBZ salió a escena sin demoras, y con ellos, el inicio de un viaje sonoro. Coco Santos y Orlando Fernández tomaron el control con la cadencia nostálgica.
No necesitaron discursos grandilocuentes: su música hablaba en sintetizadores suaves, beats precisos y letras que coreaban quienes bailaban sin miedo a sudar el estrés de la semana.
Entre los asistentes se mezclaban fashionistas, melómanos y curiosos que sabían que lo bueno no espera al viernes. Todos compartían el mismo gesto: esa sonrisa medio cómplice, medio asombrada, de quien descubre un tesoro escondido en plena ciudad.

Chet Faker no necesitó presentación. Bastó que su vibra hipnótica se filtrara entre la penumbra para elevar el ambiente. Con sus bases electrónicas y su R&B elegante, el australiano selló la noche como si cada nota tejiera un refugio donde solo existían el presente y el beat.
Heineken Afterwork llega al nuevo hotspot de Puebla
Tras dos ediciones que cautivaron a la escena nocturna de la Ciudad de México, Heineken Afterwork expande su propuesta y llega por primera vez a Puebla para seguir redefiniendo el concepto de las noches entre semana. En la capital, el evento se consolidó como una cita obligada para quienes buscan un respiro de calidad después de la oficina, reuniendo a amantes de la buena música, experiencias exclusivas y, por supuesto, la inconfundible cerveza 100% pura malta de Heineken.
Ahora, la cita es este 14 de agosto en el icónico Phonique Club, un hotspot que servirá de escenario para una noche con Neil Frances y Karlo en el escenario, ambientación premium y activaciones únicas para los asistentes. Puebla será testigo de cómo la experiencia Afterwork —ya probada con éxito— combina estilo, sabor y buena energía para transformar cualquier miércoles en una noche memorable.
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