
El chicle, comúnmente asociado con un simple entretenimiento o un hábito cotidiano, tiene una historia milenaria y un trasfondo medicinal poco conocido.
Aunque hoy en día la mayoría de los chicles son sintéticos, el chicle original —extraído del árbol de chicozapote (Manilkara zapota)— ha sido usado por diversas culturas mesoamericanas por sus propiedades curativas y funcionales.
Los antiguos mayas y aztecas masticaban chicle natural no solo para limpiar los dientes o calmar el hambre, sino también para aliviar malestares digestivos, refrescar el aliento y mantenerse alerta durante largos recorridos. Esta goma natural, conocida como “tsictli” en náhuatl, posee propiedades que hoy la ciencia comienza a respaldar.

Uno de los principales beneficios del chicle —natural o sin azúcar— es su acción sobre la salud bucal. Masticar chicle estimula la producción de saliva, lo que ayuda a neutralizar los ácidos en la boca, limpiar restos de alimentos y prevenir la formación de caries.
La saliva extra también aporta minerales como calcio y fosfato que refuerzan el esmalte dental. Además, el movimiento mandibular constante mejora la circulación sanguínea en encías y mandíbula.
El chicle también puede contribuir al control del estrés y la ansiedad. Masticar goma de mascar reduce la sensación de tensión, mejora el estado de ánimo y puede ayudar a mantener la concentración. Esto se debe a que la masticación activa áreas cerebrales relacionadas con la atención y genera una leve liberación de endorfinas, sustancias que provocan sensación de bienestar.
En el ámbito digestivo, el chicle ha mostrado beneficios tras cirugías abdominales, como cesáreas o intervenciones intestinales. La masticación estimula el reflejo de deglución y la producción de enzimas digestivas, lo que puede favorecer la pronta reactivación del tránsito intestinal. Además, algunos tipos de chicle medicinal contienen ingredientes naturales como jengibre o menta, que ayudan a calmar las náuseas.

Por otro lado, hay chicles enriquecidos con suplementos como cafeína, nicotina, vitaminas o xilitol, cada uno con fines terapéuticos específicos. Por ejemplo, el chicle con xilitol (un edulcorante natural) ayuda a combatir bacterias dañinas en la boca, y los chicles con nicotina se utilizan como parte de tratamientos para dejar de fumar.
Sin embargo, es importante distinguir entre el chicle natural, proveniente del árbol chicozapote, y el chicle comercial común, elaborado con resinas sintéticas. Mientras que el primero es biodegradable y libre de químicos artificiales, el segundo puede contener colorantes, conservadores o plásticos que no ofrecen beneficios adicionales y pueden ser dañinos si se consume en exceso.
En conclusión, el chicle —especialmente en su forma natural o medicinal— ofrece múltiples propiedades curativas, desde mejorar la salud bucal y digestiva hasta aliviar el estrés y apoyar ciertas terapias. Como todo, debe usarse con moderación y de forma consciente, pero su potencial va mucho más allá del simple acto de masticar.
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