
Gerardo Fernández Noroña tuvo este miércoles su última sesión como presidente del Senado de la República, cerrando un ciclo que, lejos de dejar un legado legislativo, se ha convertido en un símbolo del contraste entre el discurso de la Cuarta Transformación y su práctica en el poder. Así lo retrata el periodista Carlos Loret de Mola en su columna de este jueves titulada La parábola de Noroña: de rebelde a mirrey, publicada en Historias de Reportero.
Para Loret, la figura de Noroña representa una parábola política: el tránsito de un rebelde de la calle a un funcionario encumbrado en los lujos del sistema que antaño juró combatir. “Un hombre que se encumbró políticamente como la voz desafiante de la calle convertido en un ícono del abuso de poder y los lujos excesivos”, escribe el periodista.
Noroña, señala Loret, no es el ignorante que muchos suponen, sino un hombre leído y formado, cuya historia política comenzó hace más de tres décadas cuando encabezaba protestas en defensa de deudores bancarios. En aquel entonces, su radicalismo escénico y su lenguaje combativo eran su marca: disfrazado, enfrentando a granaderos, bloqueando accesos, gritando desde su curul, marchando, durmiendo en la calle, usando el Metro como trinchera. Todo eso formaba parte de un liderazgo social que se alimentaba del descontento popular.
Pero llegó la victoria de Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador, y con ella, todo cambió. “Cambió el líder, cambió el partido, cambió el movimiento, cambiaron los morenistas y cambió Noroña”, resume Loret. Aquel opositor con barrio se transformó en cortesano. El rebelde, en mirrey. El hombre de los tianguis, en el hombre de las salas VIP.

El periodista rememora un episodio que considera emblemático de esta transformación: cuando, ya como presidente del Senado, Noroña obligó a un ciudadano a ofrecerle una disculpa pública por supuestamente haberlo “agredido” en una sala de espera exclusiva del aeropuerto capitalino. “Una sala VIP. El lugar menos probable para encontrar a aquel Noroña de 2006 que decía dormir en la calle”, sentencia.
La columna de Loret plantea que la transformación de Noroña no es un caso aislado, sino una metáfora del cambio de rumbo de la 4T: aquella promesa de erradicar la corrupción y el privilegio ha terminado por replicar los mismos vicios. “Los que vuelan en aviones privados son ellos. Los que viajan a Europa a todo lujo son ellos”, critica.
Gerardo Fernández Noroña deja la presidencia del Senado con discursos encendidos, pero sin reformas memorables, afirma el columnista. Y deja también una pregunta implícita: ¿cuántos más han cambiado con el poder?
En palabras de Loret, Noroña cambió para quedarse igual que los de antes, y en ello se resume el dilema de un régimen que prometió hacerlo todo distinto, pero que, en muchos casos, repite lo mismo con los mismos —solo que con nuevos nombres.
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