
Joaquín Archivaldo Guzmán Loera (EL Chapo) es de los pocos criminales que puede presumir que escapó de dos cárceles de “máxima seguridad”: Puente Grande -renombrada Puerta Grande en honor a su caso- y El Altiplano, fueron los penales que no pudieron contener tras las rejas a uno de los dos fundadores del Cártel de Sinaloa, hoy cumpliendo una cadena perpetua en Estados Unidos.
Pero El Chapo Guzmán no fue el primer traficante de drogas que decidió evadir a la justicia y fugarse de una cárcel mexicana. Carmen González tiene su propia historia ambientada en la década de 1930.
Resulta que el consumo de marihuana se popularizó entre los soldados que participaron en la Revolución Mexicana y pese a los esfuerzos del Ejército para prohibirla, los efectivos buscaban la forma de adquirir un cigarro.
Documentos revisados por el historiador Froylan Enciso, incluidos en su libro De Sinaloa para el mundo, le permitieron conocer el caso de Carmen González, una vendedora de comida y cigarros de marihuana.
Sería el coronel del 8vo Batallón del Ejército en Mazatlán -puerto al que llegaron los primeros contrabandos de marihuana y opio a México- quien la denunciaría por venderle 21 cigarros de la droga a su tropa.

Captura y fuga de Carmen González
Carmen sólo tenía 23 años cuando fue detenida; era originaria de Santiago Ixcuintla, Nayarit, y juró ante el juez que ella no vendía cigarros de marihuana: “yo no más les llevo comida a los soldados”.
Las palabras arriba citadas por Froylan Enciso forman parte de la declaración que Carmen González ofreció frente al juez. Luego señaló que ella no había cometido un delito, porque no los estaba vendiendo, ella no ganaba nada.

De poco valieron los argumentos de la joven, pues el juez decidió encarcelarla el 10 de enero de 1930 -El Chapo Guzmán escaparía, por primera vez, un 19 de enero pero de 2001-; sin embargo, cansada de esperar a que un defensor de oficio tomara su caso, el 2 de marzo decidió saltarse la barda de la cárcel y escapar de la justicia que tampoco se esforzó en recapturarla.
Cuando las autoridades mexicanas buscaban al Chapo Guzmán después de su segunda fuga, los marinos se encontraron en uno de sus escondites con el libro Zero, Zero, Zero del escritor Roberto Saviano.
Está claro que el exlíder del Cártel de Sinaloa tenía un gusto particular por la literatura del narcotráfico, pero no hay certeza de que haya conocido la historia de Carmen González, la mujer que como él fue acusada de traficar marihuana y que, también como él, decidió fugarse de la cárcel. De Carmen nunca jamás se tuvo noticia; del Chapo sabemos que morirá en la prisión de ADX Florence.
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