
El 6 de octubre de 2024, en medio de lo que aparentaba ser una calle tranquila, habitantes de Chilpancingo, Guerrero, alertaron a las autoridades por un macabro hallazgo. El cuerpo decapitado de su alcalde, Alejandro Arcos Catalán, fue abandonado en una camioneta a plena luz del día.
Su asesinato fue el tercero de una oleada de homicidios contra funcionarios enmarcada en la transición de mando en la capital del estado. El 27 de septiembre fue ejecutado Ulises Hernández Martínez, capitán del Ejército que se perfilaba para ocupar la Secretaría de Seguridad Pública municipal; el 3 de octubre Francisco Gonzalo Tapia, secretario general del Ayuntamiento en funciones, tuvo el mismo destino.
La localización del cuerpo mutilado de Alejandro Arcos, con la cabeza colocada en el toldo de una camioneta blanca, cimbró al país entero y evidenció, una vez más, el incesante ambiente de violencia que impera en Guerrero.
Cámaras de seguridad de la colonia Villas del Roble captaron el momento en el que dos sicarios arribaron a la zona y abandonaron los restos del alcalde.
La grabación, compartida por el periodista Héctor de Mauleón, revela que todo ocurrió a las 16:39 horas del 6 de octubre. Primero aparece un sujeto que, a bordo de una motocicleta, le abre paso a su cómplice, quien conduce la camioneta blanca.
Se presume que la cámara de la cual se extrajo el material podría estar ubicada en las inmediaciones del hotel Real Moreli, ya que fue precisamente junto a este inmueble que fue localizado el cuerpo.

En un momento, ambos vehículos dan vuelta a la izquierda en la calle Moctezuma y se pierden brevemente del área de enfoque. Cuarenta segundos más tarde, los dos sujetos utilizan la motocicleta para volver por donde habían llegado.
Según reportes obtenidos por Héctor de Mauleón, horas antes Alejandro Arcos habría viajado en la misma camioneta blanca hacia la comunidad de Petaquillas, a 11 kilómetros del centro de Chilpancingo, para reunirse con líderes de Los Ardillos.
Aparentemente, el alcalde habría sido convocado a dicho encuentro bajo amenazas. Detalles difundidos por el periodista en su más reciente columna para El Universal precisan que a las 15:15 horas, Alejandro Arcos realizó dos llamadas telefónicas —aún se desconoce a quién— para informar sobre la reunión. Una hora y quince minutos después, su cuerpo desmembrado fue abandonado a plena luz del día.
Hasta el momento de la presente publicación, se desconocen las identidades de los hombres encargados de trasladar el cadáver del funcionario a dicho punto, así como las circunstancias en las que se desarrolló la reunión con el grupo criminal.
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