
El Templo Mayor, ubicado en lo que fue la antigua ciudad de Tenochtitlán, capital del imperio azteca, ha sido durante mucho tiempo un foco de interés para los arqueólogos debido a su importancia religiosa y cultural.
En esta última expedición, los investigadores descubrieron una serie de restos humanos, en su mayoría de niños, los cuales mantienen una relación con los rituales de sacrificio asociados con la adoración a Tláloc, dios de la lluvia.
Tláloc, conocido como el dios de la lluvia, el rayo y los terremotos, era una de las deidades más veneradas en la mitología mesoamericana, especialmente entre los aztecas. Se le atribuía el control sobre el clima y se creía que sus acciones influían directamente en la agricultura y el bienestar de la comunidad.

Un equipo de arqueólogos ha anunciado un descubrimiento en el sitio del Templo Mayor en la Ciudad de México, que proporciona nueva información sobre las antiguas prácticas de sacrificio humano en honor a Tláloc, una deidad fundamental en la mitología mesoamericana.
Proceso de deidad y lluvia
Los sacrificios humanos, particularmente de niños, eran una parte integral de la adoración a Tláloc. Se creía que estos rituales eran necesarios para mantener el equilibrio en el mundo natural y asegurar el flujo constante de lluvia. Los niños seleccionados para estos sacrificios, que abarcaban desde lactantes hasta aquellos de ocho años, eran considerados representaciones de los tlaloques, los ayudantes de Tláloc.
Los sacrificios se llevaban a cabo durante ciertas épocas del año, coincidiendo con períodos específicos del calendario mesoamericano. Métodos comunes de sacrificio incluían la extracción del corazón o el ahogamiento, prácticas que eran justificadas desde diversas perspectivas: religiosa, cosmológica, política y social.

Desde una perspectiva religiosa, se creía que los sacrificios humanos eran una forma de muerte ritual que aseguraba la continuidad de la vida después de la muerte y como un pago de una deuda a los dioses por la existencia misma.
Por su parte, en la cosmológica, se percibían como un medio para controlar un universo inestable y mantener el ciclo cósmico en movimiento. Mientras tanto, desde una perspectiva política y social, los sacrificios servían para mantener el control del linaje sacerdotal y militar, así como para justificar las guerras floridas, que buscaban capturar guerreros para sacrificar en rituales posteriores.

El descubrimiento de estos restos en el Templo Mayor proporciona una nueva ventana a las prácticas religiosas y culturales de la antigua civilización mesoamericana, y destaca la importancia de Tláloc en la cosmovisión azteca.
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