
A finales de la década de los 80, en México se dio a conocer uno de los casos policiacos más insólitos de los últimos años que ha servido de inspiración para películas de terror. Se trata de “Los Narcosatánicos”, un banda dedicada al tráfico de drogas que practicaba sacrificios humanos, rituales sangrientos y una serie de atrocidades con un único fin: ser invencibles.
El líder de este grupo era Adolfo de Jesús Constanzo, quien desde su niñez se formó en la religión de Palo Mayombe, cuyos orígenes provienen de África y fueron exportados a Cuba con la esclavitud. Entre sus prácticas resulta fundamental la nganga o prenda, un caldero en el que se introducen palos, restos humanos y otros elementos.
Nacido el 1 de noviembre de 1962 en Miami, Constanzo aprendió sobre el vudú haitiano gracias a que su madre, Delia Aurora González, estaba involucrada en este tipo de culto religioso. Entre 1983 y 1984, El Padrino -como también era conocido- realizó varios viajes a México y comenzó a realizar “limpias” y trabajos para personas de altos estratos socioeconómicos.
Al mismo tiempo, Constanzo se involucró con jefes del crimen organizado. Gracias a su juventud y carisma, El Padrino usó su influencia para hacerle creer a las personas que tenía la capacidad de ver el futuro. Fue así como se hizo acreedor de una fama de santero que hacía rituales de protección.

Al cabo de cierto tiempo se trasladó a la ciudad fronteriza de Matamoros, en el estado de Tamaulipas, donde llegaban cientos de turistas estadounidenses. Desde niño Constanzo cometía actos delictivos, por lo que en su juventud comenzó a traficar marihuana a Estados Unidos.
Poco a poco fue reclutando a quienes se convertirían en sus fieles seguidores: Omar Orea, Jorge Montes, Martín Quintana y Sara Aldrete, quienes también se involucraron en las prácticas del Palo Mayombe. Se creía que los sacrificios protegían a sus integrantes, los hacía invisibles ante la ley, les otorgaba inmunidad ante las balas y les ayudaba en sus negocios criminales.
Bajo esas creencias comenzó una cacería contra los narcotraficantes rivales de Constanzo, a quienes los mutilaban, decapitaban y asesinaban como parte sus rituales. Llegó la ocasión en que El Padrino les notificó a sus súbditos que era el momento de sacrificar a un hombre anglosajón, sin saber que eso lo llevaría a su fin.
El error de Los Narcosatánicos
A principios de marzo de 1989, Mark Kilroy -un estudiante de medicina de la Universidad de Texas- viajó con tres amigos a Matamoros para tener unos momentos de diversión. Llegaron a la calle Álvaro Obregón, conocida por su oferta de bares y discotecas a las que acudían turistas y extranjeros.

Luego de unas copas, el grupo de estadounidenses decidió regresar hacia el puente fronterizo, pero en el camino Kilroy se separó del resto. Sus amigos pensaron que se había ido con otra persona al hotel donde se hospedaban, pero al día siguiente seguían sin saber nada del joven.
En un principio se esperaba que se tratara de una desaparición fugaz y que Kilroy aparecería en cuestión de tiempo. Sin embargo, las autoridades estadounidenses comenzaron a sospechar que se trataba de un crimen. Los padres del universitario, James y Helen Kilroy, se sumaron a la búsqueda de su hijo en Brownsville, Texas. Incluso ofrecieron una recompensa de USD 15 mil a cambio de información que ayudara a dar con su paradero, según reportes de Rolling Stone.
La desaparición de Mark llegó a la televisión nacional de Estados Unidos, pero hasta ese momento no se tenían pistas sobre su ubicación. Transcurrieron las semanas hasta que a principios de abril, al otro lado de la frontera, un sujeto de 22 años de nombre Elio Hernández Rivera fue detenido en Matamoros con diversos paquetes de marihuana.
Durante el interrogatorio la policía mexicana supo que la familia de Hernández poseía un rancho al oeste de la ciudad. Fue así como el 11 de abril Elio llevó a las autoridades hasta el rancho Santa Elena, ubicado en una zona conocida por la presencia de narcotraficantes.

Agentes de la Policía Federal inspeccionaron el predio y encontraron decenas de kilos de marihuana. Se pensó que se trataba de un caso de tráfico de drogas, pero no sabían que estaban en el lugar donde “Los Narcosatánicos” perpetraron decenas de cruentos crímenes.
Al acercarse a un corral, un hediondo olor invadió a los oficiales. Eran cuerpos en descomposición, algunos habían sido mutilados, calcinados, ahorcados y decapitados. A otros tantos les arrancaron el corazón y los ojos. En total localizaron 15 cadáveres en los alrededores, incluyendo el del Mark Kilroy.
Pero eso no era todo. El piso de la choza estaba cubierto con sangre de las víctimas. En un caldero encontraron un cerebro humano, cabello, una tortuga asada y múltiples decenas de animales que habían sido sacrificados como parte de sus rituales.

Las autoridades mexicanas supieron que detrás de esta serie de atrocidades se encontraba Constanzo, quien en ese entonces tenía 26 años, así como Sara Aldrete, una chica de 24 años que estudiaba educación física en el Texas Southmost College y que fue identificada como “La Madrina” de Los Narcosatánicos.
El fin de los narcosatánicos
Ante el hallazgo de los cuerpos, Constanzo y sus seguidores -entre los que se encontraba Sara, Álvaro Valdez (El Duby), Omar Orea y Martín Quintana- huyeron rumbo a la Ciudad de México. Luego de una intensa búsqueda, las autoridades los ubicaron en un departamento ubicado en la calle Río Sena de la colonia Cuauhtémoc.
Al verse rodeado por los uniformados, Constanzo comenzó a disparar contra los agentes. No obstante, sabía que no era posible escapar de nuevo, por lo que le ordenó a uno de sus compañeros que le disparara para ponerle fin a su vida.

Tras la lluvia de balas, la policía procedió a arrestar a Sara Aldrete y Omar Orea. Aunque La Madrina aseguró en diversas ocasiones que ella no estaba involucrada en los asesinatos, la mujer fue llevada a prisión, donde posteriormente escribiría un libro titulado Me dicen la narcosatánica, en el que narra su versión de los hechos. Este caso cobró tal relevancia mediática que ha servido de inspiración para películas y series de televisón, como Perdita Durango del director Alex de la Iglesia.
Por su parte, la plataforma de streaming HBO+ está por estrenar una docuserie que se centrará en el caso de Los Narcosatánicos y en el testimonio de Sara Aldrete, quien asegura ser inocente. Su estreno está programado para el próximo 13 de julio.
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