
Viajar en auto con mascotas es una práctica cada vez más frecuente, pero muchos propietarios desconocen las medidas necesarias para garantizar la seguridad y el bienestar de su compañero de cuatro patas durante el trayecto, pues tanto perros como gatos requieren cuidados y precauciones específicas para evitar accidentes y reducir el estrés.
Aunque algunos conductores llevan a sus animales de compañía en su vehículo con frecuencia y jamás han tenido un percance, es fundamental no confiarse y revisar los hábitos de viaje en cada salida, algo especialmente relevante cuando se transportan dos especies muy distintas entre sí, como caninos y felinos, cuyos comportamientos varían considerablemente.
Los mininos, por ejemplo, de acuerdo con la Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos (Animal Humane Society), son criaturas rutinarias, muy sensibles a los cambios de ambiente. Viajar puede desorientarlos, inquietarlos e incluso provocar que intenten esconderse en lugares peligrosos dentro del vehículo. Esto hace que las medidas tomadas por el tutor sean determinantes para un viaje tranquilo.
Seguridad básica para perros

La primera regla para viajar con un ‘lomito’ es simple: debe ir asegurado. Al igual que los cinturones de seguridad protegen la vida humana, los dispositivos de sujeción para mascotas previenen lesiones graves en caso de un siniestro. La opción más efectiva suele ser llevar al ejemplar dentro de una transportadora firme, que además evita distracciones mientras el conductor está al volante.
Si el tutor prefiere mantener al perro visible durante el trayecto, la Sociedad Protectora de Animales explica que existen arneses y asientos especiales que se enganchan directamente al cinturón del vehículo, brindando estabilidad y reduciendo el riesgo de que salga proyectado.
Al respecto, la aseguradora Allianz Life Insurance Company, citada por la misma fuente, advierte que en un choque a apenas 40 kilómetros por hora, un can de 22 kilos puede generar una fuerza similar a 900 kilogramos, suficiente para causar y recibir daños fatales.
Otra medida a tomar en cuenta son las ventanas abiertas, pues aunque muchos tutores disfrutan ver a sus ‘lomitos’ sacar la cabeza a través de ella, esta costumbre es altamente riesgosa. El contacto directo con tierra, piedras, polvo y restos del camino puede generar lesiones oculares, incluso si se trata de una diminuta astilla o un raspón en la córnea. A ello se suma que el viento fuerte puede provocar inflamación persistente en las orejas, especialmente durante trayectos largos.
Finalmente, es importante reconocer que no todos los cánidos disfrutan viajar. Algunos se entusiasman con solo escuchar las llaves, pero otros sufren temor o ansiedad. Muchos buscan refugiarse en el regazo de su tutor, lo cual es peligroso tanto para la mascota como para el conductor. En estos casos, se recomienda trabajar en entrenamiento gradual para que el animal tolere el movimiento del automóvil.
Consejos para viajar con gatos

Viajar con un felino, por otro lado, exige paciencia, preparación y constancia. En este caso, de acuerdo con la Sociedad Protectora de Animales, la primera medida de seguridad se trata del entrenamiento en jaula, una herramienta que puede disminuir significativamente el estrés felino.
Para que el gato acepte dicho elemento como un lugar seguro, es necesario integrarla al entorno cotidiano, esto puede ser desde colocar dentro una manta familiar, juguetes apreciados u ofrecer golosinas cerca y dentro de ella para que el animal se acerque de manera voluntaria.
El objetivo de estas acciones es que entre, se recueste y se quede un rato dentro sin miedo. De acuerdo con la organización estadounidense, este proceso requiere días o incluso semanas, pero una vez logrado, los traslados, sean cortos o largos, resultan mucho más fluidos.
En viajes de más de seis horas, una transportadora pequeña puede volverse incómoda. En estos casos, una jaula grande para perros permite que el minino se mueva, acceda a agua y tenga una caja de arena sin quedar suelto en el vehículo. Solo se aconseja permitirle caminar libremente por el auto como última alternativa, pues podría esconderse bajo los asientos, acercarse a los pedales o escapar inadvertidamente.
En cuanto al entorno del vehículo, es recomendable dejar que el mamífero lo explore con el motor apagado días antes del viaje, reforzando la experiencia con premios para generar asociaciones positivas. Durante el traslado, llevar mantas, juguetes y elementos familiares ayuda a reducir la ansiedad.
Si a pesar de todo el entrenamiento el ejemplar continúa mostrando alto nivel de estrés, lo mejor es consultar al veterinario, pues algunos felinos requieren ansiolíticos o sedantes suaves que además de facilitar el trayecto, previenen comportamientos que podrían ponerlos en riesgo.
Independientemente del tipo de mascota, la recomendación principal es planear con antelación y priorizar siempre llegar sanos y salvos al destino. Esto incluye revisar las condiciones del vehículo, preparar el espacio destinado al animal, evitar alimentarlo justo antes del traslado y mantener una actitud calmada, ya que los animales suelen percibir la tensión de los humanos y multiplicarla.
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