
George S. Patton Jr. fue general del Ejército de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y un ávido amante de los perros, especialmente de los bull terriers. El amor de Patton por los canes de esta raza comenzó cuando Tank llegó a su vida al finalizar la Primera Guerra Mundial.
El condecorado general tuvo varios bull terriers a lo largo de su vida, sin embargo, el más conocido fue Willie, el leal perro que seguía a Patton a todos lados, incluído el campo de batalla.
El perro originalmente se llamaba Punch y era la mascota de un piloto de la Fuerza Aérea Real que ocasionalmente llevaba al can a sus misiones de bombardeo sobre Alemania. Un día, el aviador no regresó a casa tras una misión y su esposa vendió a Punch.
Lady Leese, esposa de un oficial británico, junto a Kay Summersby, conductor del general Dwight Eisenhower ayudaron a Patton a encontrarse con su adorado can, al que nombró Willie en honor a un niño que conoció durante la Gran Depresión y que comió hasta saciarse por primera vez en una barbacoa.
El segundo al mando

El pequeño terrier seguía a Patton a todas partes y, según anécdotas de la época, se sabía que el general estaba cerca gracias a los ladridos de alerta de Willie.
Willie acompañó fervientemente a Patton durante sus despliegues militares en Luxemburgo, Francia y Bélgica. Se sabía que cuando el general viajaba por Europa y dormía en su vehículo oficial, el bull terrier siempre lo acompañaba.
La amistad del dúo era tan entrañable que Patton mandó a hacer placas de identificación oficiales para Willie. Diversas fotografías de la época retrataron el profundo vínculo que compartían el perro y su dueño.
En marzo de 1945, Bill Mauldin, premiado caricaturista del periódico militar Bars and Stripes, escribió: “A lado de Patton, acostado en una silla grande estaba Willie, el bull terrier. Si algún perro era apto para dominar al general, éste lo era. Willie tenía la expresión de su amado jefe, sólo le faltaban las cintas y las estrellas”.
La tragedia que terminó con su amistad

El 9 diciembre de 1945, el condecorado general, acompañado de su conductor y el oficial Hobart R. Gay, iban a bordo de una limusina Cadillac modelo 1938 cuando, tras incorporarse a una carretera de doble sentido, un camión del Ejército, de considerables dimensiones, dio un sorpresivo giro a la izquierda, estampándose de lleno contra el vehículo de Patton.
Tras una larga agonía fruto de las lesiones provocadas por el accidente automovilístico, el general falleció el 21 de diciembre del mismo año, debido a esto el futuro del leal perro que acompañó a Patton durante varias campañas militares a lo largo de Europa se volvió un misterio.
Una de las fotografías emblemáticas de Willie muestran al can lamentándose al lado de las pertenencias de su dueño tan sólo un par de días después de su fallecimiento.
Tras la muerte de su inseparable dueño, Willie fue enviado a Estados Unidos para que viviera el resto de sus días con la esposa e hijos del general caído.
Willie logró vivir hasta 1955 y su cuerpo fue enterrado en una tumba anónima junto a un muro de piedra de la propiedad del general, que hasta el momento aún pertenece a Patton.
La amistad de Willie y Patton trascendió a la historia, Willie protagoniza varias escenas de la película biográfica del general y también fue erigida una estatua de ambos detrás de la biblioteca Jefferson Hall en West Point, Nueva York.
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