¿Un piloto suicida y asesino?: el misterio del vuelo MH370, que hace 12 años desapareció sin dejar rastro con 239 personas a bordo

El 8 de marzo de 2014, un Boeing 777 de Malaysia Airlines se esfumó en pleno vuelo entre Kuala Lumpur y Beijing, sin emitir ninguna señal de socorro, ni reportes de mal tiempo ni de problemas técnicos. Cuando se comunicó por última vez tenía combustible para casi ocho horas de vuelo, más que suficiente para llegar a destino. Aún se siguen barajando muchas hipótesis, pero no hay ninguna certeza sobre el mayor enigma de la aviación comercial

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Zaharie Ahmad Shah, el piloto
Zaharie Ahmad Shah, el piloto del vuelo MH370 de Malaysia Airlines que desapareció sin dejar huella

Doce años después de la desaparición, con 239 personas a bordo, del vuelo MH370 de Malaysian Airlines el caso dista de estar resuelto y se ha convertido en el mayor misterio de la historia de la aviación comercial. A principios de este año, el ministro de Transporte de Malasia, Anthony Loke, reveló que se está realizando una nueva búsqueda de la aeronave o de sus restos frente a las costas de Australia Occidental, a partir de una propuesta a la que calificó de “creíble” de la empresa de exploración marina estadounidense Ocean Infinity, con la utilización de dos vehículos submarinos autónomos. Hasta el momento no se ha anunciado ningún resultado.

El misterio no solo se centra en la ubicación del enorme Boeing 777 sino también en las posibles causas de su desaparición. El abanico de especulaciones va desde el suicidio del piloto, que no dudó en llevarse con él al resto de las personas que viajaban en el avión, y el secuestro por parte de un aeropirata suicida; pasan por la posibilidad de un hackeo de los aparatos para llevar a la aeronave a un lugar desconocido, donde todavía permanecería oculta, y llegan al extremo de la abducción por parte de extraterrestres. Entre unas y otras, hay una decena más, ninguna de ellas comprobada. Lo único cierto es que pasados estos años no se sabe casi nada y que los pocos indicios encontrados distan mucho de explicar qué sucedió.

La última comunicación

“Malaysia 370 contacta con Ho Chi Minh 120, buenas noches”. La voz del comandante Zaharie Ahmad Shah les llegó fuerte y clara a uno de los operadores del control aéreo vietnamita.

“Buenas noches, Malaysia 370″, respondió el controlador.

Eran exactamente la 1.20 de la madrugada en el huso horario correspondiente a la República Socialista de Vietnam cuando el 8 de marzo de 2014 quedó registrada la última comunicación del vuelo MH370 de Malaysian Airlines que se dirigía desde Kuala Lumpur, en Malasia, a Beijing, China, con 212 pasajeros y 17 tripulantes a bordo.

El Boeing 777-200ER, modelo 2H6ER, de Malaysia Airlines había despegado puntualmente a las 00.41 de la madrugada, del Aeropuerto Internacional de Kuala Lumpur. El vuelo – designado con el código MH370 de la aerolínea malaya y con el CZ748 por China Southern Airlines – tenía un tiempo estimado de cinco horas y media hasta aterrizar en su destino, el Aeropuerto Internacional de Beijing. Se trataba de un vuelo rutinario – ese trayecto, ida y vuelta, se realizaba más de una vez al día – en una de las aeronaves de pasajeros más confiables del mundo.

La sombra de un avión
La sombra de un avión de búsqueda marítima P3 Orion de la Real Fuerza Aérea de Nueva Zelanda (RNZAF) se divisa en las nubes bajas mientras vuela sobre el sur del Océano Índico en busca del vuelo MH370 de Malaysia Airlines desaparecido el 31 de marzo de 2014 (REUTERS/Rob Griffith/Pool/File Photo)

Hasta ese día, el Boeing 777 tenía uno de los mejores récords de seguridad de la aviación. Desde su primer vuelo, en junio de 1995, solo se registraban dos incidentes graves protagonizados por ese modelo. En enero de 2008, 47 pasajeros resultaron heridos cuando cristales de hielo en el combustible del vuelo 38 de British Airways le hicieron perder potencia y aterrizar de emergencia en el Aeropuerto de Londres-Heathrow. En julio de 2013, tres pasajeros murieron y 181 resultaron heridos cuando un error del piloto causó el aterrizaje forzoso del vuelo 214 de Asian Airlines en la aproximación final al Aeropuerto Internacional de San Francisco. Pese a esos accidentes, la mayoría de los expertos en aviación coincidía en que el 777 de Boeing era un avión casi perfecto en materia de seguridad.

En el momento que el piloto se comunicó a la 1.20 con el control aéreo del Aeropuerto de Ho Chi Minh, en Vietnam, el avión aparecía en el radar volando sobre el Mar de China, a pocos kilómetros de la frontera con Malasia. Minutos después su señal desapareció de las pantallas. A las 2.40, los controladores vietnamitas avisaron a Malaysian Airlines que la aeronave estaba desaparecida.

Lo más llamativo fue que el vuelo MH370 no emitió ninguna señal de socorro, ni reportes de mal tiempo ni de problemas técnicos y cuando se comunicó por última vez tenía combustible para casi ocho horas de vuelo, más que suficiente para llegar a su destino. Después de volar sobre Vietnam, el Boeing debía entrar en los espacios aéreos de Tailandia y de China. Sin embargo, nunca lo hizo.

Las operaciones de búsqueda comenzaron casi de inmediato, primero con aeronaves y barcos chinos y malayos; en los días siguientes una decena de países más aportarían recursos para buscarlo. Ni un rastro. El Boeing 777 de Malaysian Airlines se había esfumado.

Causas e intereses

Siempre, cuando se produce un accidente aéreo, las tareas de búsqueda y rescate de sobrevivientes – en los pocos casos en que los hay – y de los restos del avión tienen prioridad absoluta, pero paralelamente comienza otro proceso, menos dramático y visible, que consiste en establecer las causas del desastre. Por eso, en general el trabajo de los peritos de los organismos oficiales – nacionales e internacionales – que intentan determinar lo que pasó se ve entorpecido por un juego subterráneo de intereses que intentan volcar la balanza para el lado de su conveniencia.

Familiares de los pasajeros y
Familiares de los pasajeros y la tripulación a bordo del desaparecido vuelo MH370 de Malaysia Airlines y el ministro de Transporte de Malasia, Loke Siew Fook (en el centro), en la foto de un evento conmemorativo del décimo aniversario de su desaparición en el Empire Subang en Subang Jaya, en Malasia, el 3 de marzo de 2024 (EFE/EPA/MOHAMAD NAZRI)

No son pocas las veces que, aún antes de que los expertos puedan analizar el contenido de las dos cajas negras del avión, las declaraciones de los fabricantes de la aeronave, los responsables de los últimos aeropuertos que tocó y los voceros de la línea a la que pertenece suelen apuntar en direcciones diferentes. Las razones son evidentes: si la catástrofe se debió a un atentado terrorista, la mayor responsabilidad recaerá sobre la seguridad del aeropuerto del que despegó el avión y tendrá consecuencias para el país donde se encuentra. En cambio, si se trató de una falla mecánica, fatiga de materiales o un defecto de construcción, los fabricantes o la aerolínea – en algunos casos los dos – deberán rendir cuentas. Por último, si el desastre se produjo por un error del piloto o de la tripulación – una falla humana – será la compañía que lo puso al comando del avión la que tendrá que responder por lo ocurrido.

Como hay mucho dinero en juego, cada accidente aéreo es mucho más que la caída de un avión y su saldo en vidas perdidas: se transforma en una compleja partida de ajedrez cuyo resultado tiene consecuencias económicas, políticas y corporativas. Para todo esto, son necesarias las pruebas – cajas negras, comunicaciones desde y hacia el avión, análisis de los restos del accidente, registros de seguridad de los aeropuertos, imágenes satelitales, entre muchas otras -, pero en el caso del vuelo MH370 no había casi nada.

Las primeras hipótesis

Las investigaciones – porque no fue una, sino varias – avanzaron con lo que tenían y pronto aparecieron algunos datos, a veces apenas indicios, que permitieron elaborar algunas hipótesis.

La revisión a fondo del registro de pasajeros, comprobando sus identidades más allá de la documentación con la que había embarcado, arrojó un primer dato sospechoso. Dos de ellos habían utilizado pasaportes que resultaron falsos. Uno pertenecía a un ciudadano austríaco y otro a un italiano que tiempo atrás habían denunciado los robos en sus países de origen. Las dos personas que embarcaron con esos pasaportes – cuyas identidades siguen siendo un misterio – habían comprado los boletos de avión en la misma agencia y al mismo tiempo, una razón más para sospechar. Si los dos sujetos eran terroristas dispuestos a inmolarse, las posibilidades eran tres: que hubieran hecho estallar el avión con un artefacto explosivo que no fue descubierto por la seguridad del aeropuerto de Kuala Lumpur, que hubieran intentado tomar el avión para perpetrar un atentado similar al de las torres Gemelas, o que desde el mismo interior del avión hubieran hackeado las computadoras de vuelo para hacerlo caer. No era imposible, pero por lo menos dos de los tres casos, el piloto o el copiloto habrían tenido tiempo de dar un aviso y eso no había ocurrido.

Una segunda hipótesis apuntaba a que el avión había sido derribado por un misil. Se sospechó que, por razones desconocidas, el avión se había acercado en demasía – fuera de su ruta – a la isla Diego García, en el Océano Índico, donde los Estados Unidos tienen una base misilística. Ante la presencia de un avión desconocido y el temor a que se tratara de un intento de estrellarlo contra la base, le habrían disparado con un misil. El gobierno estadounidense desmintió enfáticamente la versión, pero como en el caso del vuelo 007 de Korean Airlanes derribado por un misil soviético en septiembre de 1973, cuando se trata de un escenario de guerra, la primera víctima es la verdad.

Homenaje a las victimas del
Homenaje a las victimas del vuelo MH370 en una imagen de 2020 (EFE/EPA/AHMAD YUSNI)

Dos de las teorías planteadas en un primer momento bordeaban el delirio. Según una, el piloto había desviado el avión y lo había aterrizado en un lugar desconocido para ser utilizado en un atentado terrorista en el futuro. La otra proponía que el Boeing 777 había sido abducido por un OVNI y que por eso no se encontraban sus restos.

Esta última teoría quedó descartada cuando, el 24 de marzo de 2014, 16 días después de la desaparición del vuelo, un satélite chino detectó los posibles restos de un avión en el Océano Índico, a 2.500 kilómetros de la ciudad de Perth, muy por fuera de la ruta del vuelo MH370. Al día siguiente, otro satélite detectó dos más, a casi mil kilómetros de distancia de los anteriores. No se pudo recuperar ninguno de ellos, porque, según los registros satelitales, estaban hundidos a más de 4.000 metros de profundidad. Un mes después se pudieron recuperar otros restos flotando en el Índico, pero ninguno correspondía al avión.

En julio de 2015 aparecieron otros restos – entre ellos un flap - en la costa de la isla Reunión, esta vez sí pertenecientes al Boeing 777 de la aerolínea malaya, pero por su ubicación hubo sospechas de que habían sido llevados allí y plantados. Otro ingrediente inquietante se agregó así al misterio.

¿Un piloto suicida y asesino?

Para entonces otra teoría había cobrado fuerza hasta convertirse en la principal. Sostenía que el piloto malayo Zaharie Ahmad Shah, a quien varios compañeros habían notado deprimido porque su mujer lo había abandonado, había estrellado deliberadamente el avión contra el mar para suicidarse y llevarse con él a otras 238 personas. Para hacerlo – según esta hipótesis – el piloto se habría desviado de la ruta para luego bajar 12.000 metros y despresurizar la cabina, dejar a los pasajeros inconscientes – lo que explicaría que nadie hubiera enviado un mensaje de auxilio – y dejar al avión en piloto automático para que cayera al mar una vez agotado el combustible. Para que se acabara el combustible habría marcado en el piloto automático un “vuelo en circuito de espera”, o dicho más sencillo, dejó al avión dando vueltas y vueltas en el aire hasta que se apagaron los motores. En la casa de Zaharie Ahmad Shah, los investigadores habían encontrado algo inquietante que les permitía sustentar la posibilidad del suicidio del piloto. El comandante tenía un simulador de vuelo en el que había ensayado la ruta Kuala Lumpur-Beijing, rutas alternativas y también un vuelo en circuito de espera.

En junio de 2018, un equipo del programa de televisión australiano 60 Minutes, que incluyó a especialistas de aviación, al ex jefe de la Oficina de Seguridad de Trasporte australiana que estuvo a cargo de las investigaciones sobre el accidente y a un oceanógrafo, presentó “la teoría más probable” – así se la llamó - sobre los últimos momentos del vuelo desaparecido en 2014.

Después de estudiar toda la información disponible sobre el vuelo, los expertos coincidieron en que en los últimos instantes del vuelo MH370 posiblemente todos los pasajeros y tripulantes, a excepción del comandante Zaharie Ahmad Shah, estaban inconscientes. En dos oportunidades, dijeron, el piloto dio un giro hacia la izquierda. Y pusieron la mira en un pequeño desvío cerca de la ciudad de Penang, en Malasia, donde vivía el Zaharie Ahmad Shah. “Fue como si quisiera despedirse”, señalaron. “El capitán Zaharie movió el ala para ver Penang, su ciudad natal”, aseguró Simon Hardy, un piloto de Boeing 777 e instructor de vuelo. “Si mirás atentamente, podés ver que es un giro a la izquierda, y luego comienza un largo giro a la derecha. Y luego gira hacia la izquierda. Así que pasé un largo rato pensando sobre qué podría ser, la razón técnica detrás de esto, y después de dos meses, tres meses pensando sobre el asunto, finalmente tuve la respuesta: alguien estaba mirando por la ventana”.

Familiares con carteles de los
Familiares con carteles de los desaparecidos del vuelo MH370 (EFE/Fazry Ismail)

Según esta teoría, Zaharie despresurizó el avión, dejando inconscientes a todos los pasajeros que no tenían una máscara de oxígeno. Eso explicaría que mientras se desataba la tragedia no hubo ningún pedido de ayuda, ni mensajes de adiós, ni intentos de llamados de emergencia que fracasaron en conectarse. “El punto más debatido es el momento en que el piloto apagó el transpondedor, despresurizó el avión, lo cual dejó inconscientes a los pasajeros”, sostuvo Larry Vance, un experimentado investigador de Canadá. “Se estaba matando. Desafortunadamente, estaba matando a todos a bordo. Y lo hizo a propósito”.

Las últimas búsquedas

En noviembre de 2021, cuando el caso parecía abandonado más allá del hallazgo casual de algunas piezas que podría ser o no parte del avión, el ingeniero británico Richard Godfrey anunció que había descubierto un nuevo método para localizar al Boeing 777 desaparecido. Explicó que había combinado diferentes conjuntos de datos para alinearlos con una nueva ubicación, a 2.000 kilómetros de Perth, en Australia Occidental. El punto exacto determinado por sus cálculos de datos estaría alrededor de 33 grados al sur y 95 grados al este en el Océano Índico. “Nadie había tenido la idea antes de combinar los datos satelitales de Inmarsat, con los datos de rendimiento de Boeing, con los datos oceanográficos de los escombros flotantes, y otras informaciones más que no fueron tenidas en cuenta”, dijo.

El ingeniero aseguró que llevaba más de un año haciendo “muchas pruebas de esta nueva idea y hemos ganado la confianza para aplicarla al MH370”. Según su investigación, dijo, “luego de volar sobre la costa de Sumatra, estuvo 22 minutos a la espera antes de dirigirse hacia el sur. Ese tiempo puede haber sido el que alteró los cálculos de la búsqueda de los restos del avión en el Índico y por eso no lo encontraron. Ahora podemos hacerlo”. Y terminó: “La búsqueda será muy costosa. Habrá que conseguir financiación”. No la consiguió.

En todos estos años se han encontrado 33 posibles piezas de Boeing 777 en seis diferentes países, en aguas o tierras que en algunos casos están separadas por miles de kilómetros. En no todos los casos se tiene la certeza de que pertenezcan al avión perdido de Malaysian Airlines. Ahora, la búsqueda iniciada por Ocean Infinity vuelve a generar la esperanza de resolver el mayor misterio de la historia de la aviación de pasajeros.

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