Un líder que se creía el hijo de Dios, fanáticos llenos de armas y un FBI desorientado: el cóctel que causó la masacre de Waco

El 28 de febrero de 1993 un grupo de agentes federales quiso allanar el rancho de los “Davidianos de la Rama”, en Waco, Texas. Hubo un tiroteo que derivó en un sitio de 51 días y terminó con otro enfrentamiento, un incendio y el estallido de un verdadero polvorín, lo que causó 82 muertes, entre ellas las de 23 niños. Los terribles errores del FBI y la ATF y la feroz resistencia de una secta que esperaba el apocalipsis

Guardar
David Koresh pretendía ser el
David Koresh pretendía ser el sucesor de Cristo y era el líder de los “Davidianos de la Rama”

Fue una interminable cadena de errores que llevó al peor final posible. El 28 de febrero de 1993 un grupo de agentes de la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), pretendió allanar un rancho de Monte Carmelo, a 16 kilómetros al este de Waco, Texas. Era la sede de una secta conocida como los “Davidianos de la Rama” y las autoridades federales tenían sospechas muy fundadas de que allí había armas, muchas armas. No pudieron pasar de la entrada porque el líder del grupo, un hombre llamado David Koresh, se los impidió. Los agentes no se retiraron porque el jefe sectario los convenció con palabras persuasivas sino por sugerencias de las armas que los tenían en la mira. Ese fue el primer error: presentarse sin tener claro con qué se iban a encontrar.

Como tenían una orden que cumplir y eso no era negociable, Entonces, los agentes federales prepararon un asalto sorpresa para el día siguiente. En medio de los preparativos, le avisaron a un periodista de confianza para que cubriera los hechos. No fue una filtración: la agencia quería que su accionar en el combate del crimen quedara registrado para que lo conociera todo el país. La ATF creyó que podía ser una buena publicidad institucional, pero fue el segundo error. Y resultó fatal: la mañana del 1 de marzo, el periodista al que le habían pasado el dato quiso llegar a Monte Carmelo, pero se perdió. Para orientarse, le pidió indicaciones a un cartero.

—¿Para qué quiere ir? —le preguntó el empleado de correos al periodista.

—Porque la ATF está preparando algo grande ahí —le contestó el hombre de prensa.

Apenas lo perdió de vista, el cartero abandonó su reparto y corrió a avisarle a Koresh. Era un miembro de la secta.

Cuando el grupo de asalto de la ATF llegó al rancho, los Davidianos lo estaban esperando con armas largas, distribuidos por todas las ventanas de la residencia y en otros lugares estratégicos. Los recibieron a los tiros y los obligaron a retroceder. El saldo fue de cuatro agentes y seis sectarios muertos, además de varios heridos de uno y otro lado. Entre los que habían recibido una bala dentro de la casa se contaba Koresh, pero la herida no era grave, podía seguir liderando.

Comenzó entonces un sitio que se prolongó 51 largos y tensos días, durante los cuales las cadenas nacionales de televisión estuvieron presentes con sus cámaras, transmitiendo muchas veces en vivo y en directo un conflicto que, pese a las negociaciones casi permanentes, iba escalando de manera alarmante. Hasta que el 19 de abril de 1993 estalló en un incendio que le costó la vida a 82 miembros de la secta, entre ellos 23 niños. También David Koresh, su líder, estaba entre los muertos. Un hombre de 33 años —la edad de Cristo al morir— que se creía el hijo de Dios.

El hecho pasó a la historia como “la masacre de Waco” y fue el resultado de un cóctel explosivo cuyos ingredientes principales se aportaron de los dos lados: de uno, un fanatismo religioso que no encontraba límites; del otro, una cadena de malas decisiones políticas y de impericia por parte las fuerzas federales que actuaron en el lugar. Porque durante esos 51 días pasó de todo: desde un intento de asalto improvisado que se llevó la vida de cuatro agentes federales y de seis integrantes de la secta, pasando por un insólito cambio de negociador cuando se estaba atravesando la mitad del diálogo, la salida de algunos niños pero de otros no e, incluso, disputas internas entre el FBI y la ATF, hasta la incapacidad de evaluar correctamente el fanatismo y la decisión de resistir de Koresh y sus seguidores. Así, lo que debió ser una operación federal eficaz se transformó en un espectáculo seguido por millones de personas en todo el país y el resto del mundo hasta que terminó en tragedia.

De todos esos errores, el primero y más grave fue tomar decisiones sin saber en profundidad quién era el líder de esa secta que había transformado su sede en una fortaleza y que contaba con un arsenal en su poder.

El 19 de abril de
El 19 de abril de 1993, después de casi dos meses de enfrentamiento, el complejo de los Davidianos en Waco, Texas, se vio envuelto en una bola de fuego que acabó con la vida de ochenta y dos miembros de la secta, entre ellas, la de su líder, David Koresh (Jerry W. Hoefer/Fort Worth Star-Telegram/TNS/Sipa USA/Grosby Group)

Un profeta perverso y armado

David Koresh nació como Vernon Wayne Howell, el 17 de agosto de 1959, en Houston, Texas, hijo de la quinceañera Bonnie Sue Clark y de Bobby Howell, un joven apenas mayor, que dos meses después de la llegada al mundo de quien se pretendería sucesor de Cristo abandonó a Bonnie por otra adolescente. Bonnie tampoco quería quedarse sola, pero no tenía buen ojo para elegir compañeros de cama: se unió a un alcohólico violento con el que ella y su hijo debieron convivir durante cuatro años, hasta que decidió huir de él. Pero la huida de Bonnie fue completa: en sus planes no estaba llevarse al pequeño Vernon, a quien dejó al cuidado de su madre, Earline Clark, durante tres años, hasta que ella volvió a Houston. Regresó acompañada por el carpintero Roy Haldeman, con quien se había casado durante su ausencia. Cuando Vernon tenía 9 años, nació su hermanastro Roger.

Los primeros años de vida de Vernon fueron cuanto menos sufridos: abandonado y recuperado por su madre, se sentía sapo de otro pozo en su casa, además sufría de dislexia, lo cual le traía problemas en la escuela, donde sus compañeros se burlaban de él. Así y todo, demostró tener una habilidad sorprendente: a los 11 años era capaz de recitar de memoria el Nuevo Testamento, cualquiera fuera el capítulo que le pidieran y el versículo por el cual lo invitaran a empezar. Un niño prodigio en cuyo interior se empezaba a gestar un fanático.

En la adolescencia, con La Biblia en sus manos o los versículos dentro de su cabeza, empezó a deambular por diferentes iglesias, hasta que recaló en la Adventista del Séptimo día, donde se enamoró de la hija del pastor. Para entonces, había encontrado una revelación en el Libro de Isaías, donde creyó entender que todo hombre debía tener una compañera. La suya, creyó, era la hija del líder de la congregación, a la que acosó sin pausa hasta que terminaron expulsándolo de la iglesia.

Echado como un perro de donde creía que era su lugar en el mundo se mudó a Waco, donde se unió a la secta de los Davidianos —formada por expulsados de la Adventista del Séptimo Día, como él—, que lideraba Lois Roden, una mujer de 76 años que se autoproclamaba profetisa y portadora de la palabra de Dios. Tal vez por el mandato de tener una compañera, el veinteañero, que ya se llamaba a sí mismo David Koresh, empezó una relación sentimental con la lideresa Lois, lo cual provocó un entredicho con el hijo de esta por la sucesión del comando de la secta. Lo resolvieron a los tiros dentro del rancho y terminaron los dos detenidos.

Una vez liberado —que fue pronto porque en el enfrentamiento nadie había salido herido— Koresh se convirtió en el líder de los Davidianos. Ya se consideraba profeta e hijo de Dios. Se hizo también dueño y señor del rancho de Monte Carmelo, con más de cien adeptos que lo seguían y un incipiente arsenal en su poder. Corría 1984 y fue entonces cuando empezó a anunciar el apocalipsis.

Como líder de los Davidianos, Koresh le dio una nueva vuelta de tuerca a su lectura del Libro de Isaías y entendió que no debía tener una compañera sexual sino, en su carácter de profeta e hijo de Dios, varias o, mejor aún, todas. Dentro de sus seguidores había matrimonios con hijos, pero eso no fue obstáculo para el profeta, que empezó a casarse una por una con las mujeres, a quienes además obligó a no tener más relaciones sexuales con sus esposos. Muchos aceptaron la situación, pero, puestos ante la alternativa, algunos matrimonios abandonaron Monte Carmelo; en otros casos, el hombre o la mujer abandonó la secta y su pareja se quedó. La mitad cedió a la orden del líder.

Para entonces los rumores de poligamia y de fanatismo religioso habían comenzado a correr por Waco y llamaron la atención de la prensa. “¿Qué ocurre dentro de Monte Carmelo?”, se preguntaba un diario local, mientras que otro planteaba las cosas de manera más directa y acusaba a Koresh de poligamia y abuso de menores. Eso fue el principio del fin. Además de denunciar las prácticas sexuales de Koresh, algunos de los antiguos miembros de la secta advirtieron a las autoridades que el profeta tenía un verdadero arsenal en Monte Carmelo.

El FBI ya conocía el caso, pero no podía intervenir porque la cuestión correspondía a la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) y no era cuestión de invadir su campo de acción. Así se llegó al intento de allanamiento del 28 de febrero de 1993, cuando comenzó el sitio que terminaría en tragedia.

David Koresh con su esposa,
David Koresh con su esposa, Rachel, y su hijo, Cyrus (AP Photo)

El sitio y la masacre

Lo que siguió fue un tire y afloje de más de un mes y medio, durante el cual la ATF, el FBI y el gobierno de Bill Clinton cometieron un error detrás del otro. El rancho quedó sitiado, con francotiradores que apuntaban las 24 horas contra las ventanas, aunque con la indicación de no disparar sin una orden expresa del comando. Mientras tanto, el negociador de la ATF se comunicada varias veces al día con Koresh o con alguno de sus lugartenientes.

—Si quieren pelear, pelearemos —le advirtió el líder de la secta.

Para calmar los ánimos, el negociador aceptó una exigencia de Koresh: transmitir por la cadena CBS un mensaje de 57 minutos. A cambio, el líder de los Davidianos permitió que salieran 21 niños del rancho. Sus padres se quedaron adentro, a excepción de una mujer que salió días después.

Sin embargo, la situación seguía lejos de la solución y ante la falta de nuevos avances se decidió que el FBI reemplazara a la ATF en el caso. A partir de entonces, los hechos se desarrollaron con rapidez. El FBI desembarcó en Waco con un equipo de rescate de rehenes y un negociador que reemplazó al anterior. En un primer momento, el nuevo experto a cargo de las negociaciones acordó con Koresh que liberaría a dos niños cada vez que la estación de noticias de radio de Dallas KRLD reprodujera un mensaje sobre la llegada del Apocalipsis.

El FBI cumplió y la grabación se transmitió, pero el falso mesías incumplió su promesa. Como respuesta, el grupo de asalto —sin consultar al negociador— cortó la electricidad del racho y los Davidianos respondieron colgando un cartel que decía: “Dios nos ayude, queremos a la prensa”. A partir de entonces, los sitiadores iluminaron el rancho con potentes reflectores y mantuvieron música a todo volumen irradiada por altavoces para desgastar a los miembros de la secta.

La situación pareció tener un principio de solución cuando, el 4 de abril, un grupo de abogados se reunió con Koresh y este prometió que se rendirían después de la Pascua. Sin embargo, la ilusión duró poco. Días más tarde, el líder de la secta publicó dos cartas en las que hablaba de “terremotos y desastres”.

Todo parecía estancado, hasta que el FBI —con autorización del gobierno de Bill Clinton— decidió actuar el 19 de abril sin conocer cuántas armas tenían los miembros de la secta ni imaginar que tenían granadas. El operativo comenzó a las cinco y media de la mañana, luego de una exigencia de rendición. El grupo de asalto esperó una respuesta durante media hora y exactamente a las seis, un tanque M-728 avanzó hasta el complejo y perforó una de las paredes mientras se arrojaban granadas de gas lacrimógeno adentro. “El tanque entró por la puerta delantera y simplemente volaron todo. Fue increíble verlo entrar”, diría después David Thibodeau, uno de los pocos sobrevivientes de la masacre.

Se desató un infierno que se prolongó cinco horas durante las cuales los davidianos respondieron el ataque con balas, pero era evidente que tarde o temprano serían detenidos. Consciente de que todo estaba perdido Koresh dio la orden de hacer volar las instalaciones y la casa comenzó a prenderse fuego en tres puntos diferentes. Eran las 12:07 cuando el fuego alcanzó la pólvora y las municiones y todo estalló. Para peor, como el FBI había cortado el agua, los bomberos —que demoraron 45 minutos en actuar porque nadie les había avisado— no pudieron combatir el incendio.

Cuando finalmente se pudieron apagar las llamas, el grupo de asalto del FBI encontró los cadáveres —muchos de ellos calcinados— de los miembros de la secta que habían resistido el ataque. Minutos después se toparon con otro horror: en un búnker subterráneo vieron los cuerpos de 18 niños y 9 mujeres. No habían muerto bajo las balas de los atacantes, sino que habían sido ejecutados por los propios Davidianos. En total se encontraron 82 cuerpos: los de 59 adultos y los de 23 niños. Entre ellos estaban los restos de David Koresh, el profeta que había anunciado el apocalipsis y su propia muerte cuando alcanzara la edad de Cristo.

Últimas Noticias

La historia de la Gibson Les Paul 1959 que quebró la relación entre Joe Perry y Slash

Un regalo inesperado selló la reconciliación entre las dos leyendas de la música estadounidense tras décadas de tensión

La historia de la Gibson

Persecución, exilio y literatura: así fue el oscuro origen de Bambi, el ciervatillo que inspiró a generaciones

Basado en el relato original de Felix Salten, el personaje animado oculta un trasfondo de dolor, exclusión y denuncia política. Cómo se convirtió en uno de los clásicos infantiles más emblemáticos de la historia

Persecución, exilio y literatura: así

Miles de interrogatorios, 130 confesiones falsas y el cierre definitivo del caso 34 años tarde: el magnicidio que estremeció al mundo

Hace 40 años, en febrero de 1986, mataron a tiros a Olof Palme, el primer ministro de Suecia, en las calles de Estocolmo cuando caminaba junto a su esposa sin la compañía de sus escoltas. La investigación inicial, las múltiples hipótesis y el cierre del expediente sin una acusación formal por el crimen

Miles de interrogatorios, 130 confesiones

A 214 años de la primera vez que flameó la celeste y blanca: la historia detrás de la enseña que Belgrano nos legó

El 27 de febrero de 1812, aquel hombre de 41 años, abogado de formación pero soldado por convicción, izó por primera vez la bandera argentina y cambió para siempre la identidad de una nación que amanecía con dos colores que no solo unirían a sus tropas sino que se convertirán en el símbolo de la lucha por la independencia

A 214 años de la

La foto acertijo: ¿quién es esta niña prodigio que cayó en los excesos antes de los 13 y logró reinventarse?

Fue una de las actrices infantiles más famosas del mundo, atravesó adicciones y rehabilitación en la adolescencia y logró reconstruir su vida y su carrera contra todos los pronósticos

La foto acertijo: ¿quién es