
En febrero de 1978, la desaparición de cinco amigos tras un partido de basquet en California conmocionó a la opinión pública. Más de cuatro décadas después, el llamado caso de los Yuba County Five sigue siendo uno de los misterios sin resolver más inquietantes de la región.
Los protagonistas de este enigma son Jackie Huett, Bill Sterling, Jack Madruga, Ted Weiher y Gary Mathias, quienes formaban parte de una pequeña comunidad de Yuba City, localidad caracterizada por su integración.
“The Boys”, como los llamaban los vecinos, contaban con una discapacidad intelectual leve y vivían en un entorno familiar con una rutina de independencia relativa y la pasión por el deporte. Se conocieron practicando deporte en el Centro de Rehabilitación Vocacional local, y aguardaban con entusiasmo el torneo de las Olimpiadas Especiales de Sacramento, fijado para el día siguiente a su desaparición.

El 24 de febrero, los cinco viajaron para presenciar un partido universitario en Chico, California, a unos 80 kilómetros de su ciudad. Tras el encuentro, hicieron una parada en un local donde cámaras de seguridad los captaron comprando comida y bebidas, un ritual habitual en sus viajes. Esa fue la última vez que alguien los vio con vida.
Al día siguiente, las familias notaron la ausencia de los amigos. La falta de ellos fue considerada insólita, ya que personas del entorno aseguraron que todos valoraban sus rutinas y esperaban participar, pocas horas después, en el esperado torneo. Ante la falta de noticias, la madre de Madruga denunció la desaparición ante la policía, lo que dio inicio a una búsqueda intensa.
Hallazgo del vehículo y primeras pistas en el Bosque Nacional Plumas
Apenas tres días después, el 27 de febrero, un guardabosques localizó el vehículo abandonado y atascado en la nieve sobre una ruta en las inmediaciones del Bosque Nacional Plumas, a casi 80 kilómetros en dirección opuesta a la ruta de regreso. La escena desconcertó a familiares e investigadores: el vehículo tenía la ventanilla baja, las puertas sin llave, un cuarto de tanque de nafta y restos de comida. No se hallaban huellas en el entorno, ni rastro de los ocupantes ni de las llaves.

Según recogió el Washington Post, ningún miembro de las familias ni los agentes pudieron entender cómo cinco adultos no intentaron liberar el coche de la nieve utilizando su fuerza conjunta. La ubicación del vehículo y la falta de indicios sumaron interrogantes en vez de resolverlos.
Las labores oficiales de búsqueda resultaron interrumpidas por una intensa tormenta invernal. En ese lapso, surgió el testimonio de Joseph Schons, compartido por The CrimeWire, quien relató haber visto un grupo de hombres, junto con una mujer y un bebé, cerca del paradero del Mercury en la noche de la desaparición.
Pese a haber pedido ayuda, el grupo se alejó sin responder y Schons volvió a ver luces de linterna sin que nadie acudiera a socorrerlo. La policía no pudo confirmar esta versión, pero fue la única pista concreta durante semanas. Pasaron más de tres meses hasta que, el 4 de junio, unos motociclistas hallaron un remolque del Servicio Forestal a 32 kilómetros del coche.
Dentro del remolque, encontraron el cuerpo de Ted Weiher sobre una cama, rodeado de mantas y en avanzado estado de desnutrición. Weiher lucía barba, signo de haber sobrevivido semanas o incluso meses, y había perdido hasta 45 kilos. Las autoridades investigaron y catalogaron como extraño que, a pesar de que haya reservas de comida y un tanque de propano, no se utilizara ninguno de los recursos para sobrevivir mejor.

Posteriormente, los equipos de búsqueda dieron con los restos de Madruga y Sterling al aire libre, parcialmente dañados por animales, entre la ubicación del auto y la casa rodante. A metros del nuevo hallazgo, encontraron la columna vertebral y los zapatos de Huett, y a unos metros, su cráneo.
El cuerpo de Gary Mathias nunca fue encontrado, pero sus zapatillas aparecieron en el remolque, lo que sugirió su posible presencia allí, según recogió A&E. “Lo que busqué todo el tiempo que estuve allí arriba fueron sus gafas”, confesó el padre de Mathias al Washington Post, aludiendo al desconcierto que dejó la falta de respuestas.
Hipótesis, sospechosos y legado de un caso abierto
A medida que salían a la luz estos hallazgos, el caso se transformó en un auténtico reto tanto para investigadores como para familiares, reforzando la repercusión pública y el carácter de caso sin resolver.

John Thompson, del Departamento de Justicia de California, lo sintetizó: “Sin explicaciones. Y mil pistas. Cada día tienes mil pistas”, citó A&E. El desconcierto no solo alimentó hipótesis oficiales, sino también conjeturas de allegados. La madre de Madruga planteó ante el medio y Crime+ Investigation: “Hubo alguna fuerza que los impulsó a subir allí. Sabemos perfectamente que alguien los obligó a hacerlo”.
Algunos familiares sostienen que los jóvenes pudieron haber sido testigos de algún hecho crítico tras el partido o víctimas de una emboscada, mientras que la cuñada de Weiher sugirió: “Quizás vieron algo en el estacionamiento y lo pagaron sin darse cuenta”.
Sin embargo, la investigación careció siempre de pruebas concretas, según el autor Tony Wright, quien dedicó cuatro años al caso y destacó: “Principalmente son datos circunstanciales. Este caso es un viaje a la locura”.
Las autopsias no revelaron impactos de bala ni heridas de arma blanca. No se detectó indicio claro de violencia, aunque las familias insisten en que el grupo no se perdió por accidente. “Estos chicos tenían deseos, talentos y habilidades muy específicos. Y lo que a uno le faltaba, al otro le faltaba”, sostuvo Dallas Weiher Jr., familiar de Ted, en declaraciones recogidas por los medios.

El nombre de Gary Mathias se convirtió en el epicentro de las especulaciones. Mathias, con diagnóstico de esquizofrenia paranoide y antecedentes de violencia, fue considerado un posible implicado en la tragedia, aunque Wright subraya que, desde 1975, tras iniciar tratamiento médico, su historial delictivo descendió notablemente y que esa noche no mostró comportamientos extraños.
“No había nada que lo vinculara con ninguna mala voluntad hacia el grupo”, apuntó Wright para A&E. Se planteó también, sin pruebas, la hipótesis de la responsabilidad del cuñado de Mathias, incluida formalmente una década y media después por la policía a partir de rumores imprecisos.
Dallas, sobrino de Weiher, manifestó su deseo de que el verdadero responsable dé la cara y tenga la “conciencia tranquila”. La ausencia de pruebas y de testigos tras la parada en la tienda mantiene el expediente policial abierto.
El dolor de la incertidumbre no ha desaparecido con los años. Dallas Weiher Jr. admitió que ha llorado y sentido más dolor en los últimos años que en los posteriores 40, cuando se concretó la desaparición. El paso del tiempo no ha aliviado la herida. Como reflejo de ese peso, una generación de familiares sigue buscando una explicación a lo que ocurrió aquella noche en las montañas de California.
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