La asombrosa vida y la falsa leyenda de Belle Starr, “la reina de los bandidos” que fue un azote en el lejano oeste

Myra Maybelle “Belle” Shirley nació en Misuri en 1848. Hija de una familia acomodada, aprendió a montar y a usar las armas desde niña. Fue espía confederada, contrabandista y posiblemente asesina. La mataron por la espalda y nunca se supo quién fue su verdugo. Tras su muerte, un editor la convirtió en un personaje de novela

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Myra Maybelle “Belle” Shirley
Myra Maybelle “Belle” Shirley

Para quienes han investigado las historias de las mujeres forajidas del lejano Oeste estadounidense, el caso de Belle Starr encierra una paradoja: sobre ella se construyó una leyenda romántica que terminó opacando su vida real, mucho más rica y poderosa que cualquier ficción. Porque a diferencia de otras mujeres que vivieron en la misma época y territorio que ella y a quienes se les atribuyeron hazañas que nunca existieron, Belle sí fue una dama de armas tomar que no vacilaba en dispararlas para perpetrar robos o enfrentar a sus enemigos. “Mientras Annie Oakley disparaba a baratijas de cristal en espectáculos del salvaje Oeste, mientras Calamity Jane se tambaleaba borracha y sin rumbo por Deadwood, y mientras Big Nose Kate se asomaba temerosa tras las cortinas de su dormitorio durante el tiroteo en el OK Corral, Belle Starr empuñaba pistolas y armaba un alboroto, desde Texas hasta Misuri, además de relacionarse con forajidos legendarios como Jesse James y Cole Younger”, asegura su biógrafo Dane Huckelbridge en La reina del caos: La sangrienta vida y la misteriosa muerte de Belle Starr, la mujer más peligrosa del Oeste.

Mientras vivió, la ley la tuvo en la mira por sus delitos, como prueban los archivos de un juicio que la mandó a pasar varios meses detrás de las rejas por robo de caballos. Y se hizo conocida por sus andanzas reales, tanto que fue entrevistada por un cronista del Fort Smith Elevator, frente a quien no reconoció haber cometido crimen alguno, pero desafió con una frase sugerente: “Me considero una mujer con mucha experiencia en la vida”, le dijo para que la interpretara como quisiera. Existen fotografías e ilustraciones de la época que la muestran montada en su caballo Venus, con una falda de terciopelo y dos pistolas de las que nunca se desprendía.

La leyenda que opacó la historia de su vida comenzó a tejerse recién unos días después de su asesinato en 1889, un crimen nunca esclarecido que contó con muchos sospechosos: desde otro bandido resentido con ella hasta uno de sus propios hijos, que no pudo tolerar que lo castigara porque había maltratado a su caballo. Tres días después de que un disparo fatal por la espalda la derribara de su montura, The New York Times publicó la noticia en un obituario que contenía más falsedades que datos ciertos sobre su vida. Ese fue el primer paso, porque al leer esa “noticia”, un editor tan visionario como ambicioso le encargó a un ghost writer la escritura de una novela de diez centavos —lo que hoy llamaríamos una edición de bolsillo— que la convirtió en un mito del lejano Oeste.

Después de su muerte, los
Después de su muerte, los periódicos comenzaron a exagerar y a construir una leyenda sobre la vida de Belle Starr (The National Police Gazette, mayo de 1886/Wikipedia)

Una niña llamada Myra

Myra Maybelle “Belle” Shirley, quien más tarde sería conocida como Belle Starr tras su matrimonio con Sam Starr, nació el 5 de febrero de 1848 en Carthage, Misuri. Era hija de John Shirley y su tercera esposa, Elizabeth Hatfield Shirley. Era un matrimonio con una situación económica acomodada que le dio una buena educación en una academia de señoritas y, como a muchas chicas de la sociedad de la época, la envió a tomar clases de piano. Creció junto con hermanos mayores, producto de los primeros matrimonios de su padre. Uno de ellos, Bud, le enseñó otras cosas, como montar a caballo y usar armas, las que llegó a manejar con no poca destreza.

La tranquila vida de la familia Shirley sufrió un gran sacudón con el estallido de la Guerra de Secesión, en abril de 1861, cuando Myra tenía 13 años. Su adorado Bud se sumó a las tropas de irregulares que apoyaban con acciones guerrilleras al ejército de la Confederación —el de los sureños esclavistas— y Myra no dudó en apoyarlo pasándole información sobre los soldados de la Unión que estaban en la ciudad. Nadie sospechaba de una adolescente que tocaba el piano en las reuniones sociales. Bud murió en 1864, a los 21 años, en un enfrentamiento con las milicias federales en Sarcoxie, Misuri, y Myra juró vengarlo.

Cuando terminó la guerra civil, la familia Shirley perdió sus propiedades en Carthage y partió en busca de nuevos horizontes en Texas, más precisamente en Scyene, al sureste de Dallas. Allí Belle, ya con 18 años, se reencontró con el bandido Cole Younger, de quien se hizo rápidamente amiga. Cole formaba parte de una banda que ya era famosa, la de los James-Younger, con sus hermanos Bob y John y los hermanos Jesse y Frank James. Todos ellos habían sido guerrilleros confederados, como el finado Bud y el chico con que Belle había empezado a noviar, Jim Reed. Por entonces la banda de los Cole y los James buscaba un escondite después de cometer un robo y la familia Shirley le dio albergue.

Belle se casó con Jim Reed con quien tuvo en 1868 a su hija Rosie, a la que siempre llamó Pearl. Ese mismo año, otro hermano de Belle, Edwin, un ladrón de caballos de 16 años, murió en un enfrentamiento con los agentes de Texas, y la pareja decidió volver a Misuri, donde nació su segundo hijo, James Edwin, apodado Eddie. Allí Belle se convertiría en bandida.

"La reina del caos. La
"La reina del caos. La sangrienta vida y la misteriosa muerte de Belle Starr, la mujer más peligrosa del Oeste", la biografía de Myra Maybelle Shirley, escrita por Dane Huckelbridge

Belle Starr, la forajida

En Misuri montaron una granja en el territorio indio Cherokee, pero el emprendimiento no funcionó. Jim se sumó entonces al clan Starr, una familia de forajidos que robaba caballos y ganado y también contrabandeaba whisky. Las autoridades no demoraron en tenerlos en la mira y acusaron a Jim de robo y a Belle de ser su cómplice. Escaparon a Texas, donde Jim fue muerto a tiros cuando intentaba huir de la ley.

Belle volvió entonces a territorio Cherokee y se unió nuevamente al Clan Starr. En 1880 se casó con uno de los miembros de la familia, Samuel Starr, con quien comenzó a vivir al oeste de Fort Smith. Allí corría la voz de que Belle participaba de los robos de caballos que perpetraba la banda y que también daba refugio a ladrones y contrabandistas en su granja. Su figura ayudaba a acrecentar las sospechas, se la veía siempre a caballo, con dos pistolas en la cintura y una escopeta de dos cañones en una funda pegada a la montura.

Solo era cuestión de tiempo para que la detuvieran: el 9 de noviembre de 1882, el juez Isaac Parker, más conocido como “el juez de la horca” por su propensión a dictar condenas de muerte, la acusó junto a Sam por el robo de dos caballos. Seis meses después, un jurado del Tribunal del Comisionado de los Estados Unidos en Fort Smith los encontró culpables. Se esperaba una condena a muerte, pero como pese a las sospechas de que había cometido muchos más delitos era el primero que se le podía probar, el juez Parker dictó una benévola pena de un año de prisión y expresó el deseo de que “decidieran convertirse en ciudadanos decentes”. Días más tarde fueron trasladados de Fort Smith a Detroit en un vagón de ferrocarril, donde Belle era la única mujer entre otros diecinueve convictos. El buen comportamiento de los Starr en prisión les permitió ser liberados en nueve meses.

Contra la esperanza del juez Parker, la cárcel no los reformó en absoluto. Sam murió en un tiroteo durante un robo en 1886 y Belle no lo lloró mucho. Poco después se unió de hecho según las costumbres cherokee con otro de los Starr, Jim July. Fue la manera que ideó para conservar las tierras, cuya propiedad solo podía mantener si estaba unido a un miembro de la tribu.

Para entonces, Belle era considerada una forajida de temer. Se sospechaba de ella cada vez que había robos de ganado o de caballos y también cuando aparecía algún muerto. Fue acusada de robo en dos ocasiones más, pero no pudieron probarlo. Decidió entonces cambiar de vida, o por lo menos aparentar que lo hacía, e hizo correr la voz de que los ladrones, contrabandistas y fugitivos ya no serían bien recibidos en su propiedad. Incluso expulsó a uno de ellos, un bandolero llamado Edgar Watson. También comenzó a visitar más seguido Forth Smith y a relacionarse amigablemente con los vecinos. Por primera vez en muchos años, en el pueblo se la comenzó a recibir sin temores ni sospechas.

Si esa nueva vida de Belle Starr era verdadera o una estrategia que ideó para ocultar sus andanzas criminales es algo que no se pudo comprobar con el paso del tiempo. El 3 de febrero de 1891, dos días antes de cumplir 41 años, fue asesinada por la espalda cuando volvía a caballo del pueblo. Una bala de revólver la volteó del caballo y el asesino la remató disparándole otra vez con la propia escopeta de Belle.

Hubo muchos sospechosos de su asesinato porque a lo largo de su vida se había granjeado no pocos enemigos. Incluso se llegó a señalar a sus hijos, Pearl y Eddie, con quienes se llevaba muy mal. La Justicia acusó a Edgar Watson, creyendo que la había matado como venganza porque lo había expulsado de su propiedad, pero no se le pudo probar nada porque no había testigos del crimen. El asesinato quedó sin resolver.

La imagen de Belle no
La imagen de Belle no contribuía a que no cayeran sospechas sobre ella cada vez que había robos o crímenes similares: se la veía siempre a caballo, con dos pistolas en la cintura y una escopeta de dos cañones en una funda pegada a la montura

Nace una leyenda

La muerte de Belle hizo nacer la leyenda. Dos días después, el director y propietario del Forth Smith Elevator envió un telegrama con la noticia a The New York Times con un obituario que el diario neoyorquino publicó sin siquiera chequear. “El artículo era breve y contenía tantas exageraciones y errores como hechos. La catalogaba como ‘La mujer más desesperada que jamás haya existido en las fronteras’ (ciertamente no lo era), afirmaba que ‘se casó con Cole Younger justo después de la guerra’ (nunca se casó con él), y también afirmaba que ‘había sido arrestada por asesinato y robo veinte veces, pero siempre había logrado escapar’ (también falso: solo fue acusada formalmente tres veces, por robo, sí, pero nunca por asesinato). Sin embargo, lo que le faltaba al obituario en verificación de datos, lo compensaba con una cruda excitación. La escasa verdad que transmitía, que una bandida que se relacionaba con forajidos famosos había sido asesinada a tiros en Territorio Indio por un asesino desconocido, era suficiente para abrir el apetito del público general”, escribe Dane Huckelbridge en La reina del caos: La sangrienta vida y la misteriosa muerte de Belle Starr, la mujer más peligrosa del Oeste.

El pequeño artículo de The New York Times despertó la curiosidad de Richard K. Fox, director del periódico National Police Gazette, un tabloide sensacionalista dedicado a las noticias de crímenes, que de inmediato vio el negocio editorial. Y sin perder tiempo envió a uno de sus escritores —del que nunca se sabrá el nombre— a Forth Smith para recopilar datos y escribir una novela de bolsillo con “la vida” de Belle Starr. Por indicación de Fox, el ghost writer dio rienda suelta a su creatividad, al punto de citar extractos de un inexistente diario íntimo de Belle. El resultado fue Belle Starr, the Bandit Queen, or the Female Jesse James (Belle Starr, la Reina Bandida, o la Jesse James Femenina), un librito delgado que firmó el propio Fox y al que publicitó como una biografía real. En sus páginas se la presentaba como una mujer “más amorosa que la amante de Antonio, más implacable que la hija del Faraón y más valiente que Juana de Arco”. Publicado el mismo año de la muerte de Belle, en pocos días vendió miles de ejemplares.

Así, con esa sencilla operación literaria, la Belle Starr de carne y hueso, la verdadera, pasó a la historia como una heroína de novela de diez centavos. En los años siguientes, la leyenda se acrecentó con nuevas “biografías” —tan falsas como la de Fox—, poemas, canciones y muchos años más tarde con una película, Belle Starr, protagonizada por Gene Tierney, estrenada en 1941.

Para entonces, la verdadera Belle Starr llevaba más de medio siglo enterrada cerca del lago Eufair, en Oklahoma. En la lápida original, encargada por su hija Pearl, se grabó una campana, un caballo y una estrella, junto a un epitafio que decía: “No derrames por ella la amarga lágrima, ni dejes tu corazón al vano arrepentimiento; es solo el ataúd lo que yace aquí, la gema que lo llenó aún brilla”. La tumba fue saqueada y vandalizada poco después del entierro y fue restaurada recién en 2010, sin la inscripción original.

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